
27 DE FEBRERO
DÍA DE LA INDEPENDENCIA DOMINICANA
En 1844 los
dominicanos expulsaron a los haitianos que ocuparon su país durante 22 años
luego de que en 1821 se lograra un acuerdo amistoso de independencia con la
Corona Española.
En busca de su
propio destino y un futuro mejor, la colonia española en Santo Domingo se separó
de España en forma no bélica mediante transacciones pacíficas.
Sin embargo, el
ansia de libertad e independencia de los habitantes de la parte española de la
isla de Santo Domingo se vio cercenado con la inesperada invasión de nuestro
país por el ejército de la vecina nación haitiana.
Durante 22 años
ocuparon los haitianos territorio dominicano e intentaron eliminar el idioma y
las costumbres. Obligaron a publicar los documentos oficiales en francés y otras
medidas que atentaban contra la esencia misma de las tradiciones y cultura de lo
que vendría a ser más tarde el pueblo dominicano.
La segunda mitad
de febrero presenta en República Dominicana a una intensa agenda de actividades
dedicadas a las fiestas patrias en celebración de la Independencia Nacional
lograda el día 27 de febrero y en conmemoración de la lucha patriótica de los
héroes de la Independencia Nacional.
Aunque Duarte no
estaba, los trinitarios no cejaban en sus acciones y en la causa de la libertad
del país. Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino
Duarte dirigían a los trinitarios, casi sin recursos, hacían circular las ideas
en hojas manuscritas, para organizarse y sumar adherentes a las ideas
separatistas.
El 16 de enero
de 1844, fue redactada por don Tomás Bobadilla, la Manifestación de los pueblos
de la parte este de la isla, denominada antes Española o de Santo Domingo, en la
que se enunciaban las causas de su separación de la República haitiana. Esta
Manifestación sería la ley que regiría la república proclamada, hasta que se
promulgara su constitución.
Esa noche del 27
de febrero de 1844 iban congregándose poco a poco, pequeños grupos de patriotas
que provenían de las distintas zonas de la ciudad.
El comienzo de
la acción separatista fue indicado por un trabucazo disparado por Matías Ramón
Mella en la puerta de la Misericordia, y que fue oído por todos los habitantes
de la ciudad.
Aunque Juan
Pablo Duarte, el padre de la Patria, se hallaba ausente, la noche del martes 27
de febrero de 1844, en la puerta del Conde de la ciudad de Santo Domingo, la
República Dominicana era proclamada por Tomás Bobadilla, Francisco del Rosario
Sánchez, Matías Ramón Mella, Manuel Jiménez, Vicente Celestino Duarte, José
Joaquín Puello, Gabino Pueblo, Eusebio Puello, Eduardo Abreu, Juan Alejandro
Acosta, Remigio del Castillo, Jacinto de la Concha, Tomás de la Concha, Cayetano
Rodríguez, Félix María del Monte y otros patriotas, quienes expresarían a alas
autoridades haitianas su "indestructible resolución de ser libres e
independientes, a costa de nuestras vidas y nuestros intereses, sin que ninguna
amenaza sea capaz de retractar nuestra voluntad".
Ese 27 de
febrero de 1844, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, cuando
llegada la noche se dirigían hacia la Puerta del Conde, en el baluarte de San
Genaro, izan la bandera dominicana. Ondea en la ciudad de Santo Domingo la
bandera bordada por Concepción Bona y su prima María de Jesús Piña, junto con
otras damas. La Bandera había surgido de un proyecto presentado por Juan Pablo
Duarte y aprobado, el 16 de julio de 1838 en La trinitaria, donde se presentaban
los colores y la forma de la enseña que representaría al nuevo estado, que se
denominaría República Dominicana.
La cruz blanca la cruz es el símbolo de la lucha de los libertadores para
legarnos una patria libre.
Los patriotas
habían planeado que en la noche del 27 de febrero tomar posesión de todos los
fuertes emplazados en la muralla y del puerto. Para llevar a cabo estas
acciones, contaban con la cooperación de varios militares que apoyaban la causa
y que estaban dispuestos a entregar sus posiciones y ayudar a tomar la
Fortaleza.
Ante el apoyo
popular y de diversos grupos que unían sus fuerzas por la libertad, los
haitianos se consideraron incapaces de combatir un alzamiento de tal magnitud, y
el 28 de febrero se obtuvo la capitulación de la guarnición haitiana.
Manifiesto de
los habitantes de la parte del Este de la isla antes Española o de Santo
Domingo, sobre las causas de su separación de la República haitiana:
La defensa y el respeto debidos a la opinión de todos los hombres y a la de las
naciones civilizadas imponen a un país unido a otro y deseoso de retomar y
reivindicar sus derechos rompiendo sus lazos políticos, que declare con
franqueza y buena fe los motivos que lo inducen a dar ese paso, a fin de que no
se piense que lo ha impulsado un espíritu de curiosidad y de ambición. Creemos
haber demostrado con nuestra heroica constancia que deben soportarse los males
de un gobierno mientras nos parezcan soportables, siendo mejor eso que hacer
justicia o sustraernos a los mismos. Pero cuando una larga serie de injusticias,
de violencias y de vejámenes acaba por probar la intención de reducirlo todo a
la desesperación y a la más absoluta tiranía, es entonces un sagrado derecho
para los pueblos y aun un deber, sacudir el yugo de semejante gobierno y proveer
nuevas garantías que les aseguren su estabilidad y su prosperidad futura.
Por el hecho de que los hombres no se han reunido en sociedad sino con el objeto
de trabajar en su conservación, que han recibido de la Naturaleza el derecho de
proponer los medios y de buscarlos a fin de obtener ese resultado, por esa misma
razón, semejantes principios los autorizan a ponerse en guardia, a precaverse de
todo lo que puede privarlos de tal derecho, cuando la sociedad se halla
amenazada.
Esa es la razón por la cual los habitantes de la parte del Este de la isla,
antes Española o de Santo Domingo, valiéndose de sus derechos, impulsados como
lo fueron por veintidós años de opresión y oyendo de todas partes las
lamentaciones de la patria, han tomado la firme resolución de separarse para
siempre de la República haitiana y de constituir un Estado libre y soberano.
Hace veintidós años que el pueblo dominicano, por una fatalidad de la suerte,
sufre la más infame opresión: ya sea que ese estado de degradación haya
dependido de su verdadero interés, ya sea que se haya dejado arrastrar por el
torrente de las pasiones individuales, el hecho es que se le ha impuesto un yugo
más pesado y más degradante que el de la antigua metrópoli,
Hace veintidós años que el pueblo, privado de todos sus derechos, se ha visto
violentamente despojado de todos los beneficios en los cuales hubiera debido
participar si se lo hubiese considerado parte integrante de la República. Y poco
faltó para que se le quitara hasta el deseo de sustraerse a tan humillante
esclavitud... Cuando en febrero de 1822, la parte oriental de la isla, cediendo
tan sólo a la fuerza de las circunstancias, aceptó recibir el ejército del
general Boyer que, como amigo, fue más allá de los límites de una y otra parte,
los españoles dominicanos no pudieron creer que, con tan disimulada perfidia,
hubiera podido faltar a las promesas que le sirvieron de pretexto para ocupar el
país y sin las cuales hubiese debido vencer muchas dificultades y hasta caminar
sobre nuestros cadáveres, si lo suerte lo hubiese favorecido.
No hubo un solo dominicano que no le recibiera entonces sin demostraciones de
simpatía. Por doquier donde pasaba, el pueblo salía a su encuentro; creía
encontrar en el hombre que acababa de recibir en el Norte el título de
pacificador, la protección que le había sido prometida de una manera tan
hipócrita; pero muy pronto, mirando a través del velo que escondía sus
perniciosas intenciones, se descubrió que se había entregado el país a su
opresor, ¡a un tirano feroz!...
Con él entró en Santo Domingo la maraña de todos los vicios y de todos los
desórdenes, la perfidia, la delación, la división, la calumnia, la violencia, la
usurpación y los odios personales, desconocidos hasta entonces en el alma de ese
pueblo bondadoso...
Sus decretos y sus disposiciones fueron los principios de la discordia y la
señal de la destrucción. Por medio de su sistema maquiavélico y que todo lo
desorganizaba, obligó a las familias más respetables a emigrar, y con ellas
desaparecieron de la tierra los talentos, las riquezas, el comercio y la
agricultura. Alejó de su consejo y de los principales empleos a los hombres que
hubieran podido defender los derechos de sus conciudadanos, proponer un remedio
a sus males y hacer conocer las verdaderas necesidades del país. Menospreciando
todos los principios del derecho público y de gentes, redujo a muchas familias a
la miseria y a la indigencia, quitándoles sus propiedades para reunirlas al
dominio de la República, darlas a individuos de la parte occidental o venderlas
a vil precio a los mismos. Desoló la campiña y destruyó la agricultura y el
comercio. Despojó las iglesias de sus riquezas, maltrató y humilló a los
ministros de la religión, los privó de sus rentas y de sus derechos y, con su
negligencia, dejó que cayeran en ruinas los edificios públicos para que sus
lugartenientes se aprovecharan de los destrozos y pudiesen de tal suerte
satisfacer la avaricia que traían consigo desde el occidente.
Más tarde, con el objeto de dar a esas injusticias las apariencias de la
legalidad, emitió una ley para que se incorporaran al dominio del Estado los
bienes de los ausentes, cuyos hermanos y parientes se hallan hasta hoy en la más
horrible miseria. Tales medidas no satisfacían su avaricia. Puso también su mano
sacrílega en las propiedades de los hijos del Este y autorizó con la ley del 8
de julio de 1824 el latrocinio y el fraude. Prohibió la comunidad de las tierras
comunales que, en virtud de convenciones y para la utilidad y las necesidades
familiares había subsistido desde el descubrimiento de la isla, y eso con el
único fin de que el Estado sacara provecho. Con esa medida, acabó por arruinar
las hattes y empobrecer a muchos padres de familia; pero a él poco lo
importaba arruinarlo y destruirlo todo...
Tal era la finalidad de su insaciable avaricia.
Dotado de gran imaginación para llevar a cabo la obra de nuestra ruina y
reducirlo todo a la nada, imaginó un sistema monetario que redujo insensible y
gradualmente a las familias, los empleados, los comerciantes y la mayoría de los
habitantes a la más negra miseria. Es con tal criterio y la influencia de su
política infernal que el gobierno haitiano propagó sus principios corruptores.
Desencadenó pasiones, suscitó espíritu partidario, forjó planes destructores,
estableció el espionaje e introdujo la cizaña y la discordia aun en los hogares
domésticos... Si un español se atrevía a hablar contra la opresión y la tiranía,
era denunciado como sospechoso, se lo encerraba en un calabozo y muchos padecían
aun el suplicio para espantar a los demás y hacer morir, conjuntamente con
ellos, los sentimientos heredados de nuestros padres. Atormentada y perseguida,
la patria no halló otro refugio contra la tiranía que en la intimidad de una
juventud afligida y en algunas almas nobles y puras que supieron concentrar sus
principios sagrados para relegar la propaganda a tiempos más favorables y
devolver la energía a quienes estaban abatidos y estupefactos.
Los veintiún años de la administración corruptora de Boyer se deslizaron de tal
suerte y, durante los mismos, los habitantes de la parte oriental experimentaron
toda clase de privaciones, verdaderamente innumerables. Trató a esos habitantes
con más rigor que a un pueblo conquistado por la fuerza. Los persiguió y les
sacó lo que podía satisfacer su avaricia y la de los suyos. En nombre de la
libertad, los redujo al estado de servidumbre. Los obligó a pagar una deuda que
no habían contraído, exactamente como los habitantes de la parte occidental que
se aprovecharon de los bienes extranjeros, mientras nos deben, por lo contrario,
las riquezas que nos han usurpado o destinado al fin que más les convenía.
Tal es el triste cuadro del estado de esa parte de la isla cuando el 27 de enero
del año pasado, Les Cayes lanzaron en el Sur el grito de reforma. Los pueblos se
sintieron en el acto como devorados por un fuego eléctrico. Adhirieron a los
principios de un Manifiesto del 1 de septiembre de 1842 y la parte oriental se
jactó, pero en vano de que su porvenir sería más dichoso, a tal punto se
hallaban de buena fe.
El comandante Riviére fue nombrado jefe de ejecución e intérprete de la voluntad
del pueblo soberano. Dictó leyes según su capricho. Estableció un gobierno sin
forma legal y donde no estaba incluído habitante alguno de esta parte que ya se
hubiera pronunciado a favor de la revolución. Recorrió la isla y, en el
departamento de Santiago, sin motivo legal recordó con pena la triste época de
Toussaint Louverture y de Dessalines; llevaba consigo un monstruoso estado mayor
que por doquier introducía la desmoralización. Vendió los puestos, despojó las
iglesias, destruyó las elecciones hechas por los habitantes para tener
representantes que defendieran sus derechos, y eso para dejar permanentemente
esa parte de la isla en la miseria y en el mismo estado y para conseguir
partidarios que lo elevaran a la presidencia, aunque sin mandato especial de sus
comitentes. Así fue. Amenazó la Asamblea constituyente y a raíz de extrañas
comunicaciones hechas por él al ejército bajo sus órdenes, resultó presidente de
la República.
So pretexto de que en esa parte de la isla se pensaba en una separación del
territorio a favor de Colombia, llenó los calabozos de Puerto Príncipe con los
más ardientes ciudadanos de Santo Domingo, en cuyo corazón reinaba el amor a la
patria y que tan sólo aspiraban a una suerte más dichosa, la igualdad de
derechos y el respeto de las personas y de las propiedades. Padres de familia se
expatriaron de nuevo para librarse de las persecuciones que se les infligía. Y
cuando creyó que sus designios se habían realizado y que tenía asegurado el
objeto que codiciaba, puso en libertad a los detenidos sin darles ni la menor
satisfacción por los insultos y los perjuicios que habían sufrido.
Nuestra condición no ha cambiado ni en lo mínimo. Las mismas vejaciones y los
mismos impuestos subsisten y han aumentado aún. El mismo sistema monetario sin
garantía alguna prepara la ruina de los pueblos, y una Constitución mezquina que
nunca hará honor al país, todo eso ha puesto por doquier el sello de la
ignominia privándonos, con una verdadera burla del derecho natural, de la única
cosa española que nos quedaba: el idioma natal y ha puesto de lado nuestra
venerable religión para que desaparezca de nuestros hogares. Y, en efecto, si
esa religión del Estado, cuando era protegida, fue despreciada y vilipendiada
conjuntamente con sus ministros, ¿qué será ahora que se halla rodeada de
sectarios y de enemigos?
La violación de nuestros derechos, costumbres y privilegios y muchísimas
vejaciones nos han revelado nuestra esclavitud y nuestra decadencia y los
principios jurídicos que rigen la vida de las naciones deciden la cuestión a
favor de nuestra patria como la decidieron a favor de los Países Bajos contra
Felipe II, en 1581.
En virtud de tales principios, ¿quién se atreverá a repudiar la resolución del
pueblo de Les Cayes cuando se sublevó contra Boyer y lo declaró traidor de la
patria?
¿Y quién se atreverá a repudiar nuestra propia resolución de declarar la parte
oriental de la isla separada de la República de Haití?
No tenemos obligación alguna con respecto a quienes no nos dan los medios de
cumplirla, ningún deber con aquellos que nos privan de nuestros derechos.
Si se consideraba la parte oriental incorporada voluntariamente a la República
haitiana, debía gozar de los mismos beneficios y de los mismos derechos de que
gozan aquellos con quienes se había aliado, y si en virtud de esa unión
estábamos obligados a defender nuestra integridad, ella, por su parte, debía
procurarnos los medios de hacerlo; pero faltó a eso violando nuestros derechos,
y, por consiguiente, estamos libres de nuestra obligación. Si se consideraba esa
parte oriental sometida a la República, con más razón debía gozar sin
restricciones de todos los derechos y prerrogativas sobre los cuales había un
convenio y que le fueron prometidos y, si no se realiza la única y necesaria
condición de su sometimiento, queda libre y enteramente desligada, y sus
deberes, en lo que a ella se refiere, le imponen que provea por otros medios a
su propia conservación.
Si consideramos esa Constitución con respecto a la de Haití de 1816, veremos
que, además del caso singular de una Constitución dada a un país extranjero que
no la necesitaba y no había nombrado a sus diputados para discutirla, hay
también una escandalosa usurpación, pues en aquella época los haitianos no
tenían aún la posesión de esa parte, exactamente como ocurrió con los franceses
cuando fueron expulsados de la parte francesa: como no eran los propietarios, no
podían abandonarla a los haitianos. Por el tratado de Basilea, esa parte fue
cedida a Francia y devuelta a España en ocasión de la paz de París, gracias a la
cual fue sancionada la posesión que los españoles hicieron efectiva en 1809 y
que continuó hasta 1821, época en que dicha parte se separó de la metrópoli.
Cuando, en 1816, los hijos de occidente revisaron su Constitución, esa parte no
pertenecía ni a Haití ni a Francia. En lo alto de las fortalezas flameaba la
bandera española, gracias a un derecho indiscutible, y del hecho que los
indígenas llamaban Haití a la isla de Santo Domingo no debe deducirse que la
parte occidental, que fue la primera en constituirse en Estado soberano con el
nombre de República de Haití, tuviera el derecho de considerar la parte del Este
u oriental como parte integral, cuando la una pertenecía a los franceses y la
otra a los españoles. Lo cierto es, que si la parte oriental debía pertenecer a
Francia o a España y no a Haití, pues si nos remontamos a los primeros años del
descubrimiento del inmortal Colón, nos damos cuenta de que los orientales tienen
más derechos al dominio que los occidentales. Si, por último, se considera esa
parte de la isla conquistada por la fuerza, es por la fuerza, si no hay otro
modo, que se resolverá la cuestión. Considerando los vejámenes y las violencias
cometidos durante veintidós años contra la parte anteriormente española, salta a
la vista que ha sido reducida a la más extrema miseria y que se está llevando a
cabo su ruina, por lo cual el deber de su propia conservación y de su bienestar
futuro la obliga sin más a asegurar con medios convenientes su seguridad, pues
lo antedicho constituye un derecho (un pueblo que depende voluntariamente de
otro pueblo con el objeto de aprovecharse de su protección, queda libre de toda
obligación cuando dicha protección le viene a faltar, o cuando eso ocurre por la
impotencia del protector). Considerando que un pueblo obligado a obedecer a la
fuerza y que le obedece hace bien, pero que si resiste cuando puede hacer
mejor; considerando, por último, que dada la diferencia de las costumbres y la
rivalidad existente entre los unos y los otros, nunca habrá armonía ni perfecta
unión, y como además los pueblos de la parte anteriormente española de la isla
de Santo Domingo comprobaron durante los veintidós años de su agregación a la
República de Haití que no pudieron obtener ventaja alguna, sino al contrario,
que se arruinaron, empobrecieron y degradaron y que fueron tratados de la manera
más vil y abyecta, han resuelto separarse para siempre de la República haitiana
para proveer a su seguridad y a su conservación, constituyéndose, según los
antiguos límites, en Estado libre y soberano. Las leyes fundamentales de ese
Estado garantizarán el régimen democrático, asegurarán la libertad de los
ciudadanos aboliendo para siempre la esclavitud y establecerán la igualdad de
los derechos civiles y políticos sin miramientos para con las distinciones de
origen y nacimiento. Las propiedades serán inviolables y sagradas; la religión
católica, apostólica y romana será, como religión del Estado, protegida en todo
su esplendor. Pero nadie será perseguido ni castigado por sus opiniones
religiosas. La libertad de prensa será protegida; la responsabilidad de los
funcionarios públicos quedará debidamente establecida; la confiscación de bienes
por crímenes y delitos será prohibida; la instrucción pública será estimulada y
protegida a expensas del Estado; los derechos e impuestos serán reducidos al
mínimum; habrá un olvido total de los votos y de las opiniones políticas
emitidos hasta este día, y eso mientras los individuos se adhieran de buena fe
al nuevo sistema. Los grados y empleos militares serán conservados de acuerdo a
las leyes que se establecerán. La agricultura, el comercio, las ciencias y las
artes serán igualmente fomentados y amparados. Lo mismo ocurrirá con el estado
de las personas nacidas en nuestra tierra o con el de los extranjeros que en
ella querrán vivir, en armonía con las leyes. Por último, emitiremos lo más
pronto posible una moneda con garantía real y verdadera, sin que el público
pierda nada sobre la que tiene con el sello de Haití.
Tal es la finalidad que nos proponemos en nuestra separación, y estamos
resueltos a dar al mundo entero el espectáculo de un pueblo que se sacrificará
por la defensa de sus derechos y de un país que está dispuesto a reducirse a
cenizas y escombros si sus opresores, que se jactan de ser libres y civilizados,
persisten en su propósito de imponerle una condición que le parezca aún más dura
que la muerte.
En vez de transmitir a nuestros y a la posteridad una esclavitud vergonzosa,
nosotros, sobreponiéndonos con firmeza y esperanza a los peligros, juramos
solemnemente ante Dios y ante los hombres, que empuñaremos las armas para la
defensa de nuestra libertad y de nuestros derechos. Confiamos, sin embargo, en
la misericordia divina que nos protegerá e inducirá a nuestros adversarios a una
reconciliación justa y razonable para que se evite el derramamiento de sangre y
las calamidades de una guerra espantosa que no provocaremos pero que será una
guerra de exterminio, si debiera producirse.
¡Dominicanos! (comprendemos bajo esta denominación a todos los hijos de la parte
oriental y a quienes quisieran seguir nuestra suerte) el interés nacional nos
llama a la unión. Con nuestra firme resolución, mostrémonos los dignos
defensores de la libertad; sacrifiquemos en los altares de la patria todo odio y
toda personalidad; que el sentimiento del interés público sea el móvil que nos
dirige en la santa causa de la libertad y de la separación. Con semejante
separación nada hacemos contra la prosperidad de la República occidental y
favorecemos la nuestra.
Nuestra causa es sagrada. No nos faltará ayuda, pues ya podemos contar con la
que nos procura nuestra tierra, y, si fuera necesario, nos valdríamos del
auxilio que los extranjeros pudieran procurarnos en semejante caso.
El territorio de la República Dominicana, estando dividido en cuatro provincias,
esto es: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua, desde el límite hasta Ocoa, y
Seybo, su gobierno se compondrá de un cierto número de miembros de cada una de
esas provincias a fin de que participen de tal suerte y proporcionalmente a su
soberanía.
El gobierno provisional se compondrá de una Junta de once miembros elegidos en
el mismo orden. Esa Junta tendrá en su mano todos los poderes hasta que se
redacte la Constitución del Estado. Determinará la manera a su juicio más
conveniente para conservar la libertad adquirida y nombrará, por fin, jefe
supremo del ejército, obligado a proteger nuestras fronteras, a uno de los más
distinguidos patriotas, poniendo bajo sus órdenes a los subalternos que le sean
necesarios.
¡Dominicanos! ¡A la unión! Se presenta el momento más oportuno. De Neyba a
Samaná y de Azua a Montecristi las opiniones son unánimes y no hay un solo
dominicano que no grite con entusiasmo: Separación, Dios, Patria y Libertad.
Contribución de un anónimo
|
Acta de Independencia de 1863

"NOSOTROS, los habitantes de la Parte
Española de la Isla de Santo Domingo, manifestamos por medio de la presente Acta
de Independencia, ante Dios, el mundo entero, y el Trono de España, los justos y
leales motivos que nos han obligado a tomar las armas para restaurar la
República Dominicana y reconquistar nuestra Libertad. El primero, el mis
precioso de los derechos con que el hombre fue favorecido por el Supremo Hacedor
del Universo, justificando así nuestra conducta arreglada y nuestro
indispensable obrar, toda vez que otros medios suaves y persuasivos, uno de
ellos muy elocuente, nuestro descontento empleado oportunamente, no han sido
bastantes para persuadir al Trono de Castilla, de que nuestra anexión a la
Corona no fue obra de nuestra espontánea voluntad, sino el querer fementido del
General Santana y de sus secuaces, quienes en la desesperación de su
indefectible caída del poder, tomaron el partido de entregar La República, obra
de grandes y cruentos sacrificios, bajo el pretexto de anexión al Poder de
España, permitiendo que descendiese el pabellón cruzado, enarbolado por el mismo
General Santana, a costa de Ia sangre del Pueblo Dominicano con mil patíbulos de
triste recordación.
"Por magnánimas que hayan sido las intenciones y acogida de S. M. Doña Isabel
(Q. D. G.), respecto del Pueblo Dominicano, al atravesar el Atlántico y al ser
ejecutadas por sus mandatarios subalternos, ellas se han transformado en medidas
bárbaras y tiránicas, que este pueblo no ha podido ni debido sufrir. Para así
probarlo, hasta decir que hemos sido mandados por un Buceta y un Campillo, cuyos
hechos son bien notorios.
La anexión de la Republica Dominicana a la Corona de España ha sido Ia voluntad
de un solo hombre que la ha domeñado; nuestros mis sagrados derechos,
conquistados con 18 años de inmensos sacrificios, han sido traicionados y
vendidos; el Gabinete de la Nación Española ha sido engañado, y engañados
también muchos de los dominicanos de Valía e influencia, con promesas que no han
sido cumplidas, con ofertas luego desmentidas. Pronunciamientos, manifestaciones
de los pueblos arrancadas por la coacción, ora moral, ora física de nuestro
opresor y los esbirros que le rodeaban, remitidas al Gobierno Español, le
hicieron creer falsamente nuestra espontaneidad para anexarnos; empero, muy en
breve, convencidos los pueblos del engaño y perfidia, levantaron su cabeza y
principiaron a hacer esfuerzos gloriosos, aunque por desgracia inútiles al
volver de la sorpresa que les produjera tan monstruoso hecho, para recobrar su
Independencia perdida, su libertad anonadada-. Díganlo si no, las víctimas de
Moca, San Juan, Las Matas, El Cercado, Santiago, Guayubín, Monte Cristi,
Sabaneta y Puerto Plata.
"¿Y cómo ha ejercido la España el dominio que indebidamente adquirió sobre unos
pueblos libres? -La opresión de todo género, las restricciones y la exacción de
contribuciones desconocidas e inmerecidas, fueron muy luego puestas en
ejercicio.
"¿Ha observado por ventura para con un pueblo que se le había sometido, aunque
de mal grado, las leyes de los piases cultos y civilizados, guardando y
respetando cual debía, las conveniencias, las costumbres, el carácter y los
derechos naturales de todo hombre de sociedad? Lejos de eso: los hábitos de un
pueblo libre por muchos años han sido contrariados impolíticamente, no con
aquella luz vivificadora y que ilustra, sino con un fuego quemante y de
exterminio. -Escarnio, desprecio, marcada arrogancia, persecuciones y patíbulos
inmerecidos y escandalosos, son los tinicos resultados que hemos obtenido, cual
corderos de los subalternos del Trono Español, a cuyas manos se confiara nuestra
suerte.
"El incendio, la devastación de nuestras poblaciones, las esposas sin sus
esposos, los hijos sin sus padres, la pérdida de todos nuestros intereses, y Ia
miseria en fin; he aquí los gajes que hemos obtenido de nuestra forzada y falaz
anexión al Trono Español-. Todo lo hemos perdido; pero nos quedan nuestra
Independencia y Libertad, por los cuales estamos dispuestos a derramar nuestra
última gota de sangre.
"Si el Gobierno de España es político; si consulta sus intereses y también los
nuestro, debe persuadirse de que a un pueblo que por largo tiempo ha gustado y
gozado la libertad, no es posible sojuzgárselo sin el exterminio del último de
sus hombres. De ello debe persuadirse la Augusta Soberana Doña Isabel II, cuya
hermosa alma conocemos, y cuyos filantrópicos sentimientos confesamos y
respetamos; pero S.M. ha sido engañada por la perfidia del que fue nuestro
Presidente, el General y la de sus Ministros; y lo que ha tenido un origen
vicioso, no puede ser válido por el transcurso del tiempo.
"He aquí las razones legales y los muy justos motivos que nos han obligado a
tomar las armas y a defendernos, como lo haremos siempre, de la dominación que
nos oprime, y que viola nuestros sacrosantos derechos, así como de leyes
opresoras que no han debido imponérsenos.
"El mundo conocerá nuestra justicia, y fallará. El Gobierno Español deberá
conocerla también, respetarla y obrar en consecuencia.
Santiago de los Caballeros, Septiembre 14 de 1863.
NOTICIA DE ULTIMO MINUTO -
NOTICIA DE ULTIMO MINUTO
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EL CLARIN DOMINICANO
(Contribución tomada Diario Libre)
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Toda la sociedad de Santo Domingo apoya
Independencia
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La Independencia concitó el
apoyo de todas las clases sociales del país como se prueba por las
firmas de la "Manifestación de los Pueblos del Este",
primer documento de la esperada República Dominicana |
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Santo Domingo, 2 de febrero de 1844. . Lo más selecto
de la sociedad, de la juventud, del comercio y los profesionales
de la ciudad de Santo Domingo, capital del nuevo estado, apoya
la independencia de la Parte Este, como se puede comprobar por
las firmas que aparecen al pié de la "Manifestación de los
Pueblos de la Parte del Este de la Isla antes Española o de
Santo Domingo, sobre las causas de su Separación de la República
Haitiana", primer documento oficial del nuevo Estado.
Personalidades de la ciudad aparecen junto a veteranos
políticos en el comunicado que anuncia la independencia.
Las firmas están encabezadas por Tomás Bobailla y Briones,
conocido funcionario público y político y le siguen los líderes
del partido de la “Pura y Simple”, que encabeza Juan Pablo
Duarte, ahora en el exilio en Curaçao, Matías Ramón Mella y
Francisco del Rosario Sánchez.
Entre los firmantes figuran también Manuel Jiménes,
propietario de alambiques, Félix Mercedario, el licenciado
Valverde, conocido médico, Pedro Bobadilla, abogado, Silvano
Pujol, maestro de escuela, José M. Caminero, médico y traductor
de los tribunales, Pedro Mena, Tomás Concha, Juan Nepomuceno
Ravelo, Joaquín Puello, Hipólito Billini, Felipe Alfau, coronel
de la guardia nacional, Félix María Ruíz, José María Serra,
periodista y maestro, Alejandro Bonilla, defensor público, y
otros.
Se sabe que el movimiento tiene simpatizantes en todo el país,
que están a la espera del golpe para sumarse a la causa de la
independencia. En próximas ediciones de El Diario de la
Independencia iremos ofreciendo los nombres de patriotas de
otras ciudades del país asociados a la causa de la liberación
nacional
Se ha resaltado el hecho de que los firmantes han puesto en
peligro sus vidas con esa acción, pues en caso de fracasar su
plan, la represión de que serían objeto por parte de las
autoridades haitianas sería muy severa, como ya ha ocurrido en
el pasado.
Sin embargo, se asegura que la disposición de todo el pueblo
dominicano es la de expulsar a los haitianos del territorio, y
lo prueba la firma en el documento de los hermanos Pedro y Ramón
Santana, naturales de El Seibo, y quienes cuentan con grandes
simpatías en la región del Este del país.
El nombre de Pedro Santana, conocido hatero del Este, es
barajado como jefe del ejército que se formará al proclamarse la
nueva república.
Seguimos en espera de los acontecimientos, pues nos parece
que estos meses van a ser de mucha gloria para los habitantes de
la Parte Este de la Isla de Santo Domingo.
La Manifestación...
Fragmento
Considerando que un pueblo que está obligado a obedecer a la
fuerza y obedece, hace bien, y que luego que puede resistir y
resiste, hace mejor. Considerando, por último, que por la
diferencia de costumbres y la rivalidad que existe entre unos y
otros, jamás habrá perfecta unión y armonía: los pueblos de la
parte antes española de la Isla de Santo Domingo... han resuelto
separarse para siempre de la República Haitiana, para proveer a
su seguridad y conservación, constituyéndose bajo sus antiguos
límites, en un estado libre y soberano, en el cual, y bajo sus
leyes fundamentales protegerá y garantizará el sistema
democrático; la libertad de los ciudadanos aboliendo para
siempre la esclavitud; la igualdad de los derechos civiles y
políticos sin atender a las distinciones de origen ni de
nacimiento; las propiedades se dan inviolables y sagradas; la
Religión Católica, Apostólica y Romana será protegida en todo su
esplendor como la del Estado, pero ninguno será perseguido ni
castigado por sus opiniones religiosas; la libertad de la
imprenta será protegida; la responsabilidad de los funcionarios
públicos será asegurada; no habrá confiscaciones de bienes por
crímenes ni delitos; la instrucción pública será promovida y
protegida a expensas del Estado...
Los grados y empleos militares serán conservados... La
agricultura, el comercio, las ciencias y las artes serán
igualmente promovidas y protegidas, lo mismo que el estado de
las personas nacidas en nuestro suelo, o la de los extraños que
vengan a habitar en él con arreglo a las leyes,
Dividido el territorio de la República Dominicana en cuatro
provincias, a saber: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua desde
el límite hasta Ocoa, y Seibo, se compondrá el Gobierno de un
cierto número de miembros de cada una de ellas para que así
participen proporcionalmente de su soberanía.
La Copla popular toma partido
A raíz de las persecuciones iniciadas por el presidente
haitiano Charles Herard ainé contra los patriotas a mediados del
año pasado 1843, comenzaron a circular coplas que ridiculizaban
la pretendida independencia de los dominicanos, que eran
respondidas por éstos. A continuación se ofrece una muestra de
ellas:
En contra de la independencia:
Dónde está la cuadrilla
de la loca independencia?
Qué dirán de su Excelencia
los restos de esa pandilla?
Parece que “El Grillo” chilla
Y en su chillido imponente
da gozo al inocente
y aterra al insano,
yo puedo gritar ufano
Viva el digno presidente.
A favor de la independencia :
Preguntas por la cuadrilla
de la loca independencia,
para después en su audiencia
ir a mendigar la silla?
Tú sí que eres polilla
que con villano aguijón
roe la nueva facción,
la que después te engrandece,
porque esto siempre acontece
al que no tiene opinión
Tomás Bobadilla redactó Manifestación
El diario de la Independencia ha sabido, de fuentes que le
merecen entero crédito, que el texto de la "Manifestación de los
Pueblos de la Parte Este" fue redactada por el conocido político
y hombre público don Tomás Bobadilla y Briones
El sagaz político, del cual se conocía que no era afecto al
nuevo orden de cosas, luego de servir al gobierno de Boyer por
muchos años, se unió al movimiento independentista a sugerencia
del joven Matías Ramón Mella, quien lo motivó a aportar su
veteranía y su conocimiento del medio a las fuerzas de la
separación.
Bobadilla, jurisconsulto con unos 60 años de edad nacido en
Neyba, será muy útil a la causa a pesar de su conocido
conservadurismo, y su firma, primera del documento, hace augurar
un papel protagónico en el nuevo orden.
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Duarte aporta sus bienes a la
Independencia
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Escribe carta a sus familiares
desde Curaçao pidiéndoles que entreguen sus bienes a la
causa de la Independencia. |
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Curaçao, 4 de febrero de 1844. En un
gesto sin precedentes en la historia del país,
el líder del movimiento independentista, Juan
Pablo Duarte, ahora exiliado en esta isla, ha
resuelto donar sus bienes y los de su familia, a
la causa de la independencia.
En una carta que enviara en fecha de hoy a su
familia en la ciudad de Santo Domingo, Duarte
pide a su madre y hermanos “que ustedes de
mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente,
ofreceremos en aras de la Patria lo que a costa
de amor y trabajo de nuestro finado padre hemos
heredado”.
La solicitud, que sabemos constituirá un
tremendo golpe de efecto sicológico entre los
integrantes del movimiento emancipador, es una
última muestra del desprendimiento y del sentido
patriótico del que ya es considerado Padre de la
Patria por la juventud de Santo domingo.
En la correspondencia, cuyo texto aparece en
otro lugar de esta edición, Duarte afirma que
“independizada la Patria, puedo hacerme cargo
del almacén, y heredero del ilimitado crédito de
mi padre y de sus conocimientos en el ramo de la
marina, nuestros negocios mejorarán…”
Como puede verse, Duarte tiene una confianza
absoluta en el triunfo de su idea de libertad y
en la suerte de este país, pues se compromete a
realizar todos los esfuerzos para rescatar las
propiedades de su difunto padre luego de
proclamada la emancipación.
El padre de Duarte, el comerciante Juan José
Duarte, falleció el 25 de noviembre de 1843,
cuando ya el fundador de La Trinitaria se
encontraba exiliado a consecuencia de la
persecución desatada en su contra por las
autoridades haitianas, conocedoras de sus planes
de emancipación patria.
La primera solicitud de ayuda a Duarte para
los propósitos independentistas ocurrió a
finales del año pasado de1843, cuando Francisco
del Rosario Sánchez le envió una carta secreta,
de la cual El Diario de la Independencia ha
obtenido copia.
El texto de la mencionada carta dice así:
“Juan Pablo Duarte: con el señor José Ramón
Chaves Hernández te escribimos imponiéndote del
estado político de la ciudad y de la necesidad
que tenemos de que nos proporciones auxilios
para el triunfo de nuestra causa; ahora
aprovechamos la ocasión del señor Buenaventura
Freites para repetirte lo que en otras ocasiones
te decíamos, por si no han llegado a tus manos.
Después de tu salida todas las circunstancias
han sido favorables; de modo que sólo nos ha
faltado combinación para haber dado el golpe; a
esta fecha los negocios están en el mismo estado
que tú los dejaste, por lo que te pedimos, así
sea a costa de una estrella del cielo, los
efectos siguientes:
2,000 ó 1,000, ó 500 fusiles, a lo menos;
4,000 cartuchos, 21/2 ó 3 quintales de
plomo;
500 lanzas o las que puedas conseguir.
En conclusión: lo esencial es un auxilio por
pequeño que sea, pues éste es el dictamen de la
mayor parte de los encabezados. Esto conseguido
deberás dirigirte al puerto de Guayacanes
siempre con la precaución de estar un poco
retirado de tierra, como una o dos millas, hasta
que se te avise o hagas señas, para cuyo efecto
pondrás un gallardete blanco si fuere de día, y
si fuere de noche, pondrán encima del palo mayor
un farol que lo ilumine todo, procurando, si
fuere posible, comunicarlo a Santo Domingo para
ir a esperarte a la costa el nueve de Diciembre,
o antes, pues es necesario temer la audacia de
un tercer partido, o de un enemigo nuestro
estando el pueblo tan inflamado…”
Como es sabido, Duarte no pudo obtener los
recursos pedidos y el plan de la independencia
en diciembre se fue a pique. Quizás este
fracaso, motiva la decisión actual del fundador
de La Trinitaria de desprenderse de sus bienes y
de los de su familia para entregarlos a la causa
de la Patria.
Texto de la carta de Duarte a su familia
Curaçao, 4 de febrero de 1844.-
Mi querida madre y hermanos:
El único camino que encuentro para poder
reunirme con Ustedes de independizando la
Patria. Para conseguirlo se necesitan recursos,
supremos recursos, y cuyos recursos son: que
Ustedes de mancomúm conmigo y nuestro hermano
Vicente, ofrendemos en aras de la Patria lo que
a costa de amor y trabajo de nuestro finado
padre hemos heredado. Independizada la Patria,
puedo hacerme cargo del almacén, y heredero del
ilimitado crédito de nuestro padre y de sus
conocimientos en el ramo de marina, nuestros
negocios mejorarán, y no tendremos por qué
arrepentirnos de habernos mostrado dignos hijos
de la Patria.
Consul Francés
Anticipa Independencia Nacional
El vicecónsul francés en la ciudad de
Santo Domingo Eustache Juchereau de Saint Denys,
en carta enviada ayer a sus superiores en
Francia, anticipa la fortaleza del movimiento
independentista y prácticamente da como un hecho
la emancipación de los dominicanos.
En su larga carta, el vicecónsul, llegado a
esta ciudad del pasado día 13 de enero, describe
el estado de la situación de la parte del Este,
las actitudes de la población y otros detalles
no menos importantes.
En la misiva, el cónsul Saint Denys afirma
que “fatigados del yugo odioso que una
administración antipática y molestosa hacía
pesar diariamente sobre ellos, los pobladores
del Este de Haití y principalmente los de Santo
Domingo, parecían decididos, después de largo
tiempo, a apelar a las armas para terminar con
una dominación que consideran a la vez tiránica
y deshonrosa. Sin embargo, demasiado débiles y
demasiado dispersos para poderse prometer algún
éxito en una tentativa desesperada, sienten la
necesidad de asegurarse el apoyo de una nación
extranjera; y con este fin han sucesivamente
elevados sus votos de simpatía hacia Colombia,
hacia España y hacia Francia”.
Al explicar las razones que mueven a los
dominicanos en dirección a esos países, afirma
que “Inglaterra no les inspira/ ninguna
confianza. La diferencia de religión es la
causa principal de la repugnancia...”.
Con relación a los ánimos para la
independencia, el vicecónsul afirma que “Una
ruptura completa con el oeste, aún al precio más
oneroso y de los más penosos sacrificios, parece
ser hoy, el pensamiento único, la voz unánime
de las provincias del Este de Haití”.
Saint Denys habla de que “los ánimos están
muy inflamados”, y de que todo parece anticipar
una reacción a corto plazo frente a la
dominación haitiana.
En su nota, el vicecónsul cuenta de las
diligencias acerca de un protectorado francés
para la parte del Este realizadas por los
dominicanos que formaban parte de la Asamblea
Constituyente haitiana ante él y luego, por las
razones que explica en la carta, ante cónsul
Levasseur, a través de su secretario, el señor
Barrot y de “un tal señor Dupon, recientemente
llegado de tierra firme”.
Sin embargo, el funcionario francés habla
también de grupos de interés y del “impaciente
ardor” de una juventud difícil de contener. A
través de esta afirmación puede verse hasta
dónde han llegado las prédicas de la
Independencia entre la juventud de Santo
Domingo.
Por su dominio de la situación, Saint Denys
jugará un papel importante en los
acontecimientos que se avecinan, pues se sabe
que su nombramiento forma parte de los planes de
un sector de los separatistas de construir un
estado libre bajo la protección de Francia. |
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La Dominación
Haitiana cumple 22 años
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Rendición. La entrega de las llaves de la
ciudad a Boyer tuvo lugar el 9 de febrero de 1822 |
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Santo Domingo, 8 de febrero de 1844.- Mañana
día 9, se cumplen veintidós años del inicio de la
dominación haitiana de la parte Este de la Isla de
Santo Domingo. No se han previsto actos para celebrar
la fecha.
La dominación haitiana se inició formalmente el 9 de
febrero de 1822, cuando el Dr. José Núñez de Cáceres,
entonces presidente del recién formado Estado
Independiente del Haití Español entregó las llaves de la
ciudad de Santo Domingo al presidente haitiano Jean
Pierre Boyer.
La compleja serie de hechos que culminarían con este
resultado se iniciaron varios años atrás, según algunos,
y según otros en el siglo XVII cuando la corona española
ordenó la despoblación de los pueblos de la banda del
Norte Puerto Plata, Monte Cristi, Bayajá y Yaguana, por
comerciar con enemigos de España y los trasladó a la
parte este de la isla, dejando totalmente despoblada la
zona, en la cual se establecieron, años más tarde,
antiguos piratas de diversas nacionalidades, pero
principalmente franceses.
En el ínterin, ocurrieron en el mundo hechos muy
importantes que afectaron la política interna de los dos
pueblos.
El descalabro de España como potencia mundial, que
trajo consigo el abandono de la parte española de la
Isla, fue el primer hecho de importancia.
En 1776 ocurre la independencia de los Estados Unidos
que dará un notable impulso a la producción en Haití,
que suplirá ahora al naciente estado, pues la guerra con
Inglaterra impedirá el suministro de productos desde su
fuente metropolitana habitual.
Trece años después, en 1789, se proclamará la
revolución francesa, con la toma de la Bastilla, en la
que se declaró la igualdad de todos los hombres
independientemente de su nacimiento o del color de su
piel.
Una declaración semejante tuvo graves repercusiones
en la colonia francesa de la isla y lo que siguió fue
una guerra civil mezclada con la guerra internacional
que comenzó como la reacción de las monarquías europeas
contra los acontecimientos en suelo francés.
Esa guerra la perdió España y traspasó por el Tratado
de Basilea de 1795 a Francia, la parte Este de la Isla.
En ese momento el país galo no podía hacerse cargo de la
isla entera y comisionó al hombre que había defendido
los colores franceses en la parte occidental para que la
tomara en su nombre. Toussaint Louverture, antiguo
esclavo, ahora convertido en estadista, sería el
encargado de ejecutar la orden francesa.
Bajo su gobierno, los dominicanos vieron por primera
vez una constitución, y sufrieron el rigor de una masiva
emigración de españoles hacia Cuba, Puerto Rico y
Venezuela, principalmente, que todavía eran posesiones
españolas.
Reagrupados ya los franceses bajo Napoleón, envían
fuerzas extraordinarias para someter a los antiguos
esclavos y es aquí cuando, luego de dos años de lucha,
se proclama la independencia de Haití, el 1 de enero de
1804.
La parte antigua española quedó bajo la soberanía
francesa y esto provocó ataques haitianos que culminaron
con horrendos hechos de sangre como el degüello de Moca
y de Santiago y otras abominables acciones. Estos hechos
fueron creando un fuerte sentimiento antihaitiano en la
población.
Los dominicanos decidieron entonces sacudirse del
yugo francés e iniciaron un movimiento denominado “La
Reconquista” que lideró el hacendado Juan Sánchez
Ramirez, natural de Cotuí. El movimiento fue exitoso y
se inició el período conocido como “La España Boba”, por
la postración de todas las actividades en el país.
El desencanto con la situación motivó a
personalidades del país a buscar una salida
independentista, y un grupo de burócratas de la ciudad
de Santo Domingo encabezados por José Núñez de Cáceres
planeó un golpe contra las autoridades españolas con el
supuesto apoyo de la Gran Colombia, la república que
fundara el libertador Simón Bolívar en América del Sur.
Al mismo tiempo, tenían lugar pronunciamientos de
pueblos del norte auspiciados por Boyer, que proclamaban
la independencia de España y se acogían a la protección
de Haití. Andrés Amarante, en Beler y Dajabón, fue el
primero en realizar estos pronunciamientos.
Consciente de lo apremiante de la situación, los
complotados de Santo Domingo pronunciaron la
independencia el 30 de noviembre de 1821, a cuyo
movimiento reaccionó el presidente haitiano con una
invasión que culminó, como ya dijimos, con la entrega de
las llaves de la ciudad de Santo Domingo, en señal de
sumisión. Así se inició la dominación haitiana que
mañana cumplirá 22 años.
El Diario de la Independencia inicia, a partir de hoy,
un análisis de lo que ha significado este hecho
histórico para los dominicanos.
Los Artículos 40 y 41 de la Constitución
Haitiana de 1816
Art. 40.- La isla de Haití (antes llamada Santo
Domingo) con las islas adyacentes que de ella dependen,
forma la República de Haití.
Art. 41.- La República de Haití es una e indivisible,
su territorio de organiza en los siguientes
departamentos: Sur, Oeste, Artibonite y Norte; cuyos
límites fueron establecidos por la ley de la Asamblea
Central de Santo Domingo con fecha 10 de julio de 1801.
Los demás Departamentos serán designados por una ley que
fijará sus límites.
Proclama de Boyer de inicio a la Dominación
Haitiana
(Fragmento)
El pabellón nacional flota sobre todos los puntos de
la Isla que habitamos! Sobre este suelo de libertad ya
no hay esclavos, y no formamos todos sino una sola
familia, cuyos miembros estan unidos para siempre entre
sí por una voluntad simultánea, que dimana de la
concordancia de los mismos intereses; y así estan en su
entera ejecución los artículos 40 y 41 de nuestra
Constitución.
Mas para hacer durable la obra de nuestra reunión y
consolidar la independencia de nuestro país, es
necesario tomar en lo pasado lecciones de experiencia
que os enseñen á evitar los escollos que no habéis
superado sino por un valor y heróicos sacrificios;
Y voz ciudadanos de la parte del Este, voz habeis
sido desgraciados por largo tiempo; leyes arbitrarias y
prohibitivas os han obligado a vivir en medio de las
privaciones y del atortolamiento; con todo había
combatido para recobrar vuestros derechos; pero los que
estaban encargados de dirigiros os volvieron á poner
bajo la dependencia de la metrópoli que os había
repelido de su seno traficando con vuestra sumisión. Al
fin os habeis movido espontáneamente, habeis querido ser
libres y haitianos como nostros, y lo habeis conseguido:
olvidad pues vuestra antigua condición, no pensar sino
en la de que vais a gozar; abrid vuestros corazones á
la alegría: vuestra confianza en el gobierno no será
engañada; éste se ocupará del cuidado de curar las
profundas llagas que ha formado en vosotros un sistema
antiliberal...
Haitianos, ¡en vano pretenderian nuestros enemigos
alarmar las potencias estrangeras sobre la reunión de
todo nuestro territorio! Los principios establecidos por
los artículos 40 y 41 de nuestra constitución, que nos
dan el océano por limite son tan generalmente conocidos
como los designados en el articulo 5 del mismo acto, y
por los cuales nos hemos obligada á no hacer jamas
empresa alguna tendente á tumbar la paz de nuestros
vecinos.
Viva la independencia! Viva la Libertad! Viva la
República!
Boyer
Dado en el Palacio nacional de Santo Domingo á 9 de
Febrero de 1822. Año 19 de la Independencia de Haití.
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DE ULTIMA HORA - DE ULTIMA
HORA
Rebeliones contra la Dominación Haitiana
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Se describen las principales
conspiraciones contra el régimen de Boyer, comenzando por la
"Revolución de Los Alcarrizos" |
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Cuatro de los
conspiradores de Los
Alcarrizos fueron
fusilados. |
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Santo Domingo, 10 de febrero de 1844.- . Una
de las primeras manifestaciones de que la unidad de los
dominicanos bajo el nuevo orden de cosas patrocinado por
los haitianos no era unánime, lo constituyó la
denominada “Revolución de Los Alcarrizos” que estalló a
principios de 1824, es decir, dos años después del
inicio de la dominación haitiana.
Este movimiento tenía por objetivo destruir el
dominio haitiano y pasar a la parte del Este, de nuevo,
bajo la bandera de España. Recibió su nombre de la
población, cercana a Santo Domingo, de donde provenía
uno de sus principales cabecillas.
El 15 de febrero de 1824 se celebró una reunión para
ultimar los detalles de la rebelión que encabezaba
Baltazar de Nova, y que tenía como protagonistas al cura
Pedro González, párroco de Los Alcarrizos; Lázaro Núñez,
capitán de la misma sección y José María de Altagracia,
de Higüero. Sin embargo, el cabecilla Nova tuvo la
imprudencia de adelantarse a la hora del golpe,
reuniendo hombres a la vista de todos en las
inmediaciones del poblado de San Carlos, los cual puso
en alerta a las autoridades encabezadas por el
gobernador Borgellá, quien reunió unos 200 hombres del
regimiento haitiano No. 12 para perseguir y dispersar a
los amotinados.
Los capturados, como era de esperarse, fueron
sometidos a juicio, y condenados el 8 de marzo, a la
pena de muerte Lázaro Núñez, José María de Altagracia,
Facundo de Medina y Juan Jiménez.
El presbítero Pedro González, Ignacio de Suárez, José
Ramón Cabral y José Figueredo, fueron condenados a cinco
años de prisión y otros más a penas menores. La
sentencia fue ejecutada al día siguiente.
La severidad de las penas motivó a otros dominicanos
no afectos con el nuevo estado de cosas a emigrar del
país. De las regiones del Cibao, se citan a los Rojas,
Espaillat, Pichardo, Portes, Salcedo y Del Monte, como
del grupo de los emigrantes que salieron hacia Puerto
Rico y Cuba.
El cabecilla de la rebelión, Baltazar de Nova, fue
juzgado en contumacia y condenado a muerte, pero pudo
escapar por el puerto de Cabo Haitiano. Se ha sabido que
falleció hace algunos años en Venezuela.
Esta rebelión fue considerada muy importante tanto
por dominicanos como por haitianos que entendían que la
misma contaba con posibilidades de triunfo. Sin embargo,
la debilidad del medio, así como la rápida y vigorosa
represión de las autoridades haitianas, impidió su
victoria final.
Es importante destacar la presencia de un miembro de
la iglesia en el movimiento, pues la misma reafirma el
general sentimiento de repulsa que este sector de la
población sentía frente al nuevo orden de cosas, sino
que, además, su prisión motivó los más airados
comentarios.
Conspiración del Arzobispo Valera
El gobierno español inició gestiones tendientes a
reclamar al gobierno haitiano la devolución de la parte
del Este de la isla. Como es de esperarse, estas
pretensiones del gobierno español fueron rechazadas por
los haitianos alegando la teoría de los “derechos
perdidos”, pues la ocupación haitiana se había realizado
luego de que España perdiera sus derechos sobre la parte
del Este a consecuencia de la Independencia Efímera del
Dr. Núñez de Cáceres.
Sin embargo, estas reclamaciones levantaron el ánimo
de los grupos pro españoles que quedaban en esta parte,
encabezados por el Arzobispo monseñor don Pedro Valera
y Jiménez.
El gobernador Borgellá sospechaba que el prelado
estaba en combinaciones con elementos afectos al grupo
pro-español, principalmente con el nombrado Francisco
Solá y otros individuos, quienes, según informaciones,
se habían embarcado hacia Puerto Rico y Cuba, posesiones
españolas, para obtener recursos para un levantamiento.
Según se ha informado, el gobierno haitiano mandó a
asesinar al Arzobispo con un matón de apellido Romero,
el cual se arrepintió a ultima hora y pidió perdón al
prelado por la acción que intentaba.
Este incidente llegó a conocimiento de la población
de Santo Domingo, lo que constituyó una situación
bastante embarazosa para el gobierno haitiano, que ante
la misma, expidió pasaporte al Arzobispo, para que
abandonara el país, lo que hizo embarcándose por La
Habana en julio de 1830.
Ante la situación creada, otras familias optaron por
emigrar hacia las posesiones españolas en el Caribe.
Conspiración de La Reforma
El movimiento más importante, sin embargo, iba a
salir de las propias filas haitianas: La Reforma.
Como se sabe, en el año 1823, Boyer debió sofocar
varias conspiraciones de los partidarios de España en la
parte del Este, un motín contra las tropas haitianas que
vigilaban a un grupo de trabajadores que limpiaban el
camino de Santiago a Puerto Plata, y en 1824 debió
reprimir con mano dura, la rebelión de Los Alcarrizos.
Sin embargo, el mayor peligro para el régimen de
Boyer provenía de los militares haitianos que
encontraron motivos de queja en el tratado que reconoció
la independencia de Haití a cambio de una indemnización
de 150 millones de francos, así como en la crisis
económica que afectaba, particularmente, al sector de
bajos ingresos de la población de la isla.
No es sorpresa, pues, que el los dos años más
importantes movimientos contra Boyer ocurrieran en el
mismo año, 1838, aunque por motivos diferentes: la
conspiración para asesinar al presidente Boyer y a su
Secretario General, el ministro Inginac, y la
conspiración dominicana iniciada con la fundación de la
sociedad secreta “La Trinitaria”.
Hubo conspiraciones haitianas también en el 1837,
encabezadas por militares negros del norte, aplacadas
por la cuestión racial, que en Haití también tenía sus
implicaciones.
Se sabe que los dominicanos, activados por la labor
conspirativa de Juan Pablo Duarte, habían iniciado
movimientos aislados de conspiración desde el año 1834,
pero no es sino hasta julio de 1838, cuando el plan toma
forma con la organización de La Trinitaria.
Las desavenencias en el seno del gobierno haitiano
por la labor de algunos diputados desafectos al régimen
y la represión a que fue sometido el cuerpo legislativo
en general, y los diputados opositores en particular,
solo dejaron abierta la vía de la revolución contra el
gobierno de Boyer.
Los opositores al régimen de Boyer en Haití se
organizaron en una “Sociedad de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano”, dirigida por H. Dumesle, que promovía
banquetes con charlas y discursos en los que se
enaltecían las ideas liberales y la necesidad de
reformar el estado haitiano.
El gobierno sabia que detrás de los banquetes había
una actividad conspirativa de primer orden, sobre todo
en los pueblos del Norte como Los Cayos y Jeremie, pero
no pudo actuar contra ellos, porque el terremoto del 7
de mayo de 1842 consumió todas las energías del régimen
que ahora tenia que luchar también contra los elementos
y el pillaje desatado en las ciudades destruidas,
principalmente en Cabo Haitiano y Santiago
En septiembre de 1842, la Sociedad lanzó un
manifiesto en el que atacaban el absolutismo de Boyer y
en el interím se designo al general Charles Herard como
comandante del movimiento.
Finalmente, el golpe fue dado el 27 de enero de 1843,
en Praslin, en la finca de Herard y apoyado por la
juventud de Santo Domingo en marzo de ese año. El
gobierno de Boyer cayó el 14 de marzo y con él
finalizaron veinticinco años de dictadura en Haití, de
los cuales, la parte del Este tuvo que sufrir 21 largos
años.
El triunfo del movimiento haitiano desataría las
fuerzas contenidas de los dominicanos, ya organizados
desde 1838, como veremos en la próxima entrega de El
Diario de la Independencia.
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Sociedad La Trinitaria, el más importante movimiento
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S.d. La Sociedad Secreta “La Trinitaria”,
considerado el más importante movimiento de los que
persiguen la desaparición de la dominación haitiana, fue
fundada hace unos seis años.
La sociedad fue fundada por Juan Pablo Duarte en la
mañana del día 16 de julio de 1838, día de Nuestra
Señora del Carmen en la residencia de la señora Chepita
Pérez de la Paz, ubicada en la calle de los Nichos,
frente a la Iglesia del Carmen de esta ciudad. El
propósito primordial de esta agrupación era lograr la
independencia de la Parte del Este de la isla de Santo
Domingo.
Por lo que hemos sabido, los miembros fundadores de
la sociedad fueron el joven comerciante Duarte, y sus
amigos Pedro A. Pina, Jacinto de la Concha, José Maria
Serra, Juan N. Ravelo, Felipe Alfau, Félix Mª Ruiz,
Benito González y Juan Isidro Pérez.
Se cuenta que los iniciados hicieron un juramento de
independizar la patria o morir y que sellaron este
juramento con su sangre, como señal de compromiso
ineludible. Cada uno de ellos se comprometió a difundir
el ideal de la independencia entre sus amigos y
relacionados y a obtener nuevos adeptos a la causa.
Todos los integrantes de la sociedad son jóvenes
pertenecientes a la sociedad de Santo Domingo, con
edades que fluctúan entre los 27 años de edad de
González y los 17 de Pina. Duarte tenía 25 años de edad,
al momento de la fundación de la sociedad.
La agrupación estaba organizada en forma muy similar
a la existente en organizaciones conspirativas europeas
y latinoamericanas, como la de los Soles de América, de
la que se ha dicho es una copia casi exacta.
La característica de esta organización es que inicia
los adeptos en células revolucionarias sin que se sepa
el nombre del líder de la revuelta. Cada célula
revolucionaria está compuesta de tres miembros y cada
miembro está en la obligación de conseguir dos miembros
más, para así seguir ampliando la cadena revolucionaria.
Al cabo de unos pocos años después de su fundación,
la mecha encendida por Duarte era un incendio
revolucionario de grandes proporciones.
Cuando se planea en Haití derrocar al gobierno de
Boyer, los dominicanos escondieron el verdadero móvil de
sus actos, pues era estratégicamente correcto contribuir
a la debilidad del enemigo para dar el golpe de la
separación.
Es por ello que conocedores del movimiento del
general Hérard para derrocar a Boyer, los trinitarios se
movilizan y envían emisarios a Haití a lograr la
combinación para el golpe. El segundo emisario, que
hemos sabido fue el señor Matías Ramón Mella, logró
hacer el contacto y obtener la participación dominicana
en la revuelta.
El golpe se concretó el pasado 24 de marzo de 1843, y
en la confesión que siguió, algunos exaltados
dominicanos gritaron “viva la independencia”.
La conspiración de La Reforma fue la más exitosa de
todas las intentadas contra el gobierno de Boyer y la
misma permitió a los dominicanos participar activamente
en las labores revolucionarias que se habían trazado
desde la fundación de la sociedad secreta La Trinitaria
en 1838.
La proclamación de La Reforma en Santo Domingo costó
sangre de ambos lados. Por lo menos cinco muertos y un
número indeterminado de heridos, fue el resultado de la
confusión que resultó al abrir fuego las tropas y
responder algunos de los amotinados. Por lo menos,
cuatro soldados haitianos, incluyendo un oficial,
aparecen entre las bajas, así como un joven venezolano,
de nombre Toribio, de parte de los revolucionarios.
Detallan organización
Los detalles de la forma en que estaba organizada la
sociedad secreta “La Trinitaria” están saliendo a flote,
y de Duarte, el líder del movimiento y cerebro de la
independencia.
“Imitación exacta de la célebre conspiración de los
Soles de América, dice Félix María del Monte, estaba
materializada por un círculo cuyo centro ocupaba el
corifeo. El nombre de éste, conocido únicamente por los
iniciadores principales, no podía ser descubierto por
los otros”. Y afirma que tenía de especial este modo de
proceder que los que daban principio a las iniciaciones
de nuevos miembros estando aisladas y misteriosamente en
inmediata relación con el centro.
Añade el joven revolucionario que el centro
comunicaba privadamente con los primeros iniciadores,
los cuales sólo conocían a dos de los iniciados y estos
dos no conocían más que a otros dos que iniciaban entre
personas de su confianza, normalmente parientes y amigos
íntimos, y cuyos sentimientos conocían profundamente. De
este modo, afirma el señor Del Monte, se precavía el
caso de una denuncia y se designaba una sola víctima,
pues “dos hombres viles no podían convencer de
conspiración a otros más que su iniciador, continuando
así la ocupación del radio sin solución de continuidad
sensible, sin remoto peligro de la disolución”.
La Trinitaria estaba organizada en células
revolucionarias compuestas por tres personas: el
iniciador y dos iniciados. Cada uno de éstos, tenía la
obligación de iniciar a dos más y así, formar una nueva
traída revolucionaria.
Los mecanismos de defensa utilizados por los primeros
iniciados incluían códigos de señales, alfabeto
criptográfico, seudónimos, insignias y colores.
Todos usaban un seudónimo para sus comunicaciones
secretas. El seudónimo de Duarte era Arístides,
Temístocles el de Ravelo, Leonidas el de Benito González,
Simón, el de Alfau, entre otros.
Duarte escogió el color azul, color del cielo. Según
se ha confiado a El Diario de la Independencia, pidió la
amarilla, pero Juan Isidro Pérez le dijo “esa es la mía,
significa política... La tuya es azul celeste, que
significa gloria, y es la que te pertenece. Sánchez
adoptó el color verde, que significa esperanza y la de
Pina fue la roja, símbolo del “fuego sagrado que ardía
en su corazón”. Estos colores eran usados para sumar el
número de los nuevos afiliados al credo independentista.
Así, cuando Duarte daba cuentas de los nuevos
“conmilitones” como los llama Rosa Duarte, la hermana
del prócer, afirmaba: tantos verdes, tantos rojos, etc.
Todos los trinitarios debían prestar un juramento de
fidelidad a la patria y al credo revolucionario. La
sociedad adoptó un lema uno y trino y sus labores fueron
puestas bajo la égida de la Cruz de Cristo.
Es evidente que una organización de este tipo, en una
ciudad tan pequeña como la de Santo Domingo, tenía una
vida útil muy breve, pues en muy corto tiempo se podrían
iniciar todas las personas que se consideraran
confiables y necesarias para el éxito del movimiento. Es
por ello, que en corto tiempo, el joven Duarte debió
idear la creación de otras sociedades, ya de
presentaciones teatrales para promover la idea de la
independencia, ya para allegar fondos a la causa de la
separación. Esas nuevas sociedades, se llamarán “La
Dramática” y “La Filantrópica”.
La labor desarrollada por el adalid de la revolución
ha sido el resultado del trabajo paciente y minucioso de
un verdadero constructor de nacionalidades. A Duarte se
debe, todo lo que se ha logrado hasta el día de hoy, en
que parece estar tan cerca la independencia.
El Juramento de los Trinitarios
A continuación el juramento que debían prestar los
trinitarios al ser iniciados en el movimiento, tal como
lo recordó uno de los primeros miembros muchos años
después de la independencia. Esta versión ha pasado a
la posteridad como la verdadera.
“En el nombre de la santísima, augustísima e
indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo,
por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro
presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona,
vida y bienes, a la Separación definitiva del gobierno
haitiano y a establecer una República libre, soberana e
independiente de toda la dominación extranjera, la cual
tendrá su pabellón tricolor, en cuartos encarnados y
azules, atravesados por una cruz blanca. Mientras tanto
seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras
sacramentales: Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo
ante Dios y el mundo: Si lo hago, Dios me proteja, y de
no, me lo tome en cuenta, y mis consorcios me castiguen
el perjurio y la traición, si lo vendo”. |
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Informe de Hérard confirma
nacionalidad |
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La entrada de Hérard a
Santo Domingo, "fue
triste". |
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Santo Domingo . El informe rendido por el
presidente haitiano, general Charles Hérard Rivière (ainé),
viene a confirmar la individualidad nacional de los
dominicanos y su disposición de separarse del yugo
haitiano.
En su informe, el Presidente Hérard describe los
detalles de su visita a la parte del Este, de las
medidas que tomó para frenar la revolución dominicana y
la actitud que encontró en todos los lugares visitados.
La individualidad de los dominicanos, y el fracaso de
la dominación haitiana se ponen de manifiesto en el
mismo primer párrafo del informe cuando el presidente
haitiano afirma que “en Dajabón, primer pueblo del
nordeste, he encontrado un pueblo distinto, de otras
costumbres, de otras inclinaciones; con un idioma
diferente al nuestro, y me he visto obligado, la primera
vez, a buscar intérprete para mis comunicaciones del
pueblo”.
El propio presidente de la República describe su
entrada a la ciudad de Santo Domingo, como “triste.
Todas las puertas de los ciudadanos de origen español
estaban cerradas; solamente estaban abiertas las de los
ciudadanos de origen francés”.
En su informe, Hérard describe las detenciones que
ordenó en los diferentes pueblos del país visitados por
él y detalla algunas costumbres locales, como distintas
de las habituales del pueblo haitiano.
Es interesante destacar que, como parte del informe,
se detalla el descubrimiento de algunas prácticas
corruptas entre funcionarios haitianos, particularmente
en la ciudad de Puerto Plata donde el administrador de
la ciudad y el de las aduanas del puerto se estaban
enriqueciendo a expensas de los ciudadanos y del fisco.
En Macorís, cuenta Hérard, la bandera de la
revolución haitiana “La Reforma”, “había sido arrastrada
por el lodo” y destituídos todos los funcionarios de
origen francés y cuenta del arresto de Matías Ramón
Mella.
Lo más grave de todo el informe, sin embargo, es la
descripción del estado de abandono en que había dejado
el gobierno de Boyer a la parte del Este, pues en todos
los lugares descritos por el presidente Hérard faltan
elementos indispensables y en casi todos debió designar
personajes dominicanos en los principales puestos
públicos ante la impericia o ineptitud de los
funcionarios haitianos.
Como es sabido, el presidente Hérard ocupa la
presidencia de Haití desde el pasado mes de marzo de
1843, a consecuencia del triunfo de la revolución de La
Reforma que derrocó el gobierno de Juan Pedro Boyer. El
presidente Hérard nació en Port Salut, el 16 de febrero
de 1789, y era considerado hasta su ascención a la
presidencia haitiana como el caudillo militar del norte.
A consecuencia de su oposición al régimen, se vió
envuelto en la conspiración que estalló en Praslin y
culminó con el triunfo de los liberales haitianos.
Los dominicanos apoyaron este movimiento y en marzo
pasado se pronunciaron en la ciudad de Santo Domingo,
encabezados por el joven comerciante Juan Pablo Duarte.
Como resultado del alzamiento las actividades
revolucionarias de los dominicanos se intensificaron, lo
que motivó la visita de Hérard.
A consecuencia de estas persecuciones, los líderes
del movimiento independentista debieron exiliarse, como
es el caso de Duarte, entre otros, y algunos, como
Sánchez, esconderse y fingir su muerte para evitar las
presiones de los haitianos.
Este documento viene a subrayar la certeza de las
pretenciones dominicanas y el fracaso del gobierno
absolutista de Boyer en lograr la unificación de las dos
partes de la isla, cuya individualidad y destinos
separados parece ser un hecho que sólo espera la
confirmación de una proclamación formal.
Narran degüellos de Moca y Santiago
Los degüellos de Moca y Santiago han sido narrados
por testigos de las ocurrencias y los mismos, pasados de
tradición en tradición, han servido para ir creando un
sentimiento antihaitiano que las medidas tomadas por el
presidente Boyer, primero y por su sucesor Hérard
después, no han hecho nada por superar.
En Santiago, el degüello ocurrió cuando las tropas se
dirigían hacia Santo Domingo, a consecuencia de la
resistencia que encontraron los haitianos. El de Moca,
fue una consecuencia de la táctica de “tierra arrasada”
cuando ya el ejército haitiano regresaba del sitio de
Santo Domingo a defender sus posiciones en la parte del
Oeste
Un testigo de los acontecimientos, el señor Gaspar de
Arredondo y Pichardo, vecino de Santiago y uno de los
pocos que escapó al degüello, narra los hechos de la
siguiente manera:
... Los negros entraron en la ciudad como unas
furias, degollando, atropellando y haciendo correr la
sangre por todas partes. La consternación fue general.
La honestidad, el pudor, la decencia, todo estaba en la
calles y en las plazas a la diez del día, y aun en los
templos a merced de la brutal conscupiscencia que
estremecía la naturaleza...
El que escapó en el templo murió en la calle al
salir. Corrían los perseguidos a buscar asilo en las
casas de los sacerdotes y éstos fueron también mártires
de su furor. Este lamentable estado vino a calmar
después que ya no habían quedado vivos más que los
eclesiásticos y tal cual que por empeño de Campos
Tavárez, se reservó como prisionero. Solo escaparon de
la refriega, estando en ella don José Minuesa, don
Carlos Mejías, don Simón de Rojas y el autor.
Varios paisanos viéndolos todo perdido se refugiaron
en Moca y para ganar tiempo formaron de pronto una
diputación que presidiera el cura Fray Pedro Gómez y
Geraldino y se le presentare a Cristóbal a nombre del
pueblo a rendirle pleito homenaje, lo que bastó por
entonces para que esta jurisdicción gozare unos días de
indulto. Cristóbal les ofreció protección autorizando al
cura a continuar su ministerio...
En efecto se acercaron y nos informaron de que en
Moca el 3 de abril de 1805, habían los negros pasado a
chuchillo aquella mañana a todo viviente, para cuyo fin,
el comandante Joubert había llegado allí con tropa,
dando la orden de que las mujeres de todas clases y
edades se reunieran en la iglesia y los hombres en la
plaza... Todos obedecieron creyendo que se iba a
proclamar algún indulto o gracia a favor de ellos, y el
indulto fue degollarlos a todos luego que se verificó la
reunión prevenida, como a ovejas encorraladas. Que los
negros luego que consumaron el sacrificio espantoso,
sacrílego y bárbaro, abandonaron el pueblo: El padre
Geraldino no se sabía de él; después se supo que los
negros se lo llevaron al retirarse del sitio que
pusieron a la capital”.
Los Partidos de la Independencia
A partir de la edición del lunes, El Diario de la
Independencia comenzará a publicar una serie de trabajos
acerca de los diferentes partidos que buscan terminar
con la dominación haitiana. Como es sabido, por lo menos
cuatro grupos se disputan la supremacía del movimiento
para dar el golpe de la independencia, pero no todos
persiguen los mismos objetivos posteriores. Por una
parte, están los grupos conservadores divididos en
varios grupos menores, que buscan la independencia a
través de un protectorado de potencia extranjera. Entre
ellos los hay pro-franceses, pro-españoles y pro-ingleses,
por lo menos. Otro grupo conservador, que encabeza don
Tomás Bobadilla y Briones, no está definido a favor de
cuál potencia se inclina, aunque parece favorable a
Francia. Por el otro lado, están los Duartistas, o de la
independencia “pura y simple”, que entienden que los
dominicanos tienen suficiente capacidad para dar el
golpe de la emancipación sin necesidad del apoyo de
potencia extranjera alguna. |
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Informan propósitos Grupo Pro-francés
Santo Domingo. Febrero 10, 1844 .- Uno de los grupos con más poder de
convocatoria y con más simpatías en el país lo constituye el
grupo pro-francés que encabeza un grupo de diputados a la
Asamblea Constituyente haitiana.
Este grupo está en tratativas desde finales del pasado año
1843, con los funcionarios consulares franceses, tanto en Puerto
Príncipe como en Santo Domingo, señores A. M. Levasseur y
Eustache J. de Saint Denys, respectivamente.
Los cabecillas de esta facción son los señores Buenaventura
Báez, próspero hacendado de Azua, Manuel María Valverde,
sacerdote, José Caminero, médico y traductor de los tribunales
de la República y el abogado y comerciante Manuel Joaquín
Delmonte, entre otros.
Estos funcionarios firmaron el pasado 15 de diciembre en
Puerto Príncipe, el llamado Plan Levasseur, en el que solicitan
la protección del gobierno francés para sostener la
independencia del nuevo país.
Con tal motivo, el 1 de enero de 1844, los “afrancesados”,
como es llamado el grupo, lanzaron un manifiesto al país en el
que anuncian sus propósitos. El manifiesto fue puesto a
circular en Azua.
Reporteros de El Diario de la Independencia se han enterado
de que los grupos trinitarios fueron cogidos con la guardia baja
pues pensaban que el grupo afrancesado se había debilitado de
tal modo “que sólo los Alfau y los Delgados” permanecen en él,
pero la realidad de los hechos era que los pro-franceses estaban
laborando secretamente en Puerto Príncipe, donde se asentaba el
cónsul francés Lavasseur, avanzando sus planes de protectorado.
Según hemos sabido de fuentes que nos merecen entero crédito,
el golpe de independencia de los afrancesados, para luego
solicitar el protectorado de Francia a cambio de la cesión de la
península de Samaná, será dado el 25 de abril de este año,
aprovechando la cercanía de una flota francesa, despachada a tal
efecto, que apoyaría inmediatamente los planes de este grupo.
Por esta razón, los grupos duartistas han estado buscando
adelantar el golpe y por eso mismo lanzaron su Manifestación del
16 de enero pasado en la que se anuncian la inminencia de la
asonada emancipadora.
Es evidente que, salga triunfante o no este grupo emancipador
en sus pretenciones, tendrá un peso muy importante en los
acontecimientos que se avecinan pues reúne un extraordinario
poder económico y una alta capacidad de negociación. Son todos
políticos muy duchos, personas muy conocidas y queridas en el
pueblo, con una alta capacidad para reunir entre amigos
familiares y relacionados, importantes fuentes de recursos tanto
humanos como financieros.
El proyecto de los afrancesados es visto con simpatías por
los sectores poderosos porque garantiza las propiedades de éstos
en caso de una represalia haitiana contra la independencia,
aparte de los beneficios económicos que daría una estrecha
relación con Francia.
Los duartistas, por su parte, sostienen que el país cuenta
con los medios para lograr su independencia y sostenerla en caso
de una invasión haitiana. Es obvio, sin embargo, que al final de
cuentas, ambos grupos tendrán que pactar, porque si el golpe lo
dan los duartistas, las represalias las sufrirá todo el mundo y
si el golpe de emancipación es dado por los afrancesados, será
necesario el concurso de los jóvenes duartianos para formar el
núcleo del ejército y motivar a la juventud frente al nuevo
estado de cosas.
Los acontecimientos dirán quién tendrá la razón en esta pugna
entre el interés económico y el ideal revolucionario…
Exposición del grupo Pro-francés
(Fragmento)
... El día 9 de Febrero siguiente hizo Boyer su entrada
pacífica en Santo Domingo... empleando los medios siguientes
para arruinar la bella parte española;
1º Se empezó por declarar la libertad general de los
esclavos, agotándose con este golpe la riquesa general, y
arruinando el pays;
2º Se formaron nuevos regimientos, y para ello se reclutaron
los jóvenes más distinguidos de la ciudad, principalmente los
alumnos de la Universidad, que con este golpe se destruyó. Las
familias huyeron despavoridas ... y la emigración privó esta
parte de más de Diez mil habitantes.
3º Como la mayor parte de estos emigrados no podían realizar
sus bienes raíces, se vieron en la necesidad de constituir
apoderados; pero esto fue inútil, porque el Estado se apoderó de
todos los bienes de los ausentes.
4º Se sancionó el 8 de julio de 1824 una ley tiránica, cuyos
fines eran, 1º Despojar a la parte del Este de la mayor parte de
sus propiedades, sobre todo rurales, atropellando el sistema de
comunidad que abrazaba casi la totalidad de dichos bienes. 2º
Despojar las Iglesias, comunidades religiosas, Hospitales &å de
todos los bienes de que eran propietarios.
5º Se substituyó a la moneda fuerte por una moneda nacional
que no solo disminuyó la riqueza pública en razón de su ínfimo
valor; sino que introdujo una parálisis en las operaciones
comerciales.
6º Después de la promesa formal hecha por el Jefe de Haití,
en su proclama de 1822, de conservar los usos, costumbres, &å de
la parte del Este, dio órdenes reiteradas para que todos los
actos públicos se hicieran en francés, lo que equivalía a decir
que casi ningún habitante del Este fuese empleado.
7º Consecuente a este sistema exclusivo, en veinte y un años
transcurridos desde la reunión de la República, hasta enero de
1843, ni un solo Español fue elevado al grado de general de
Brigada...
8º La Religión Católica, Apostólica, Romana, ... fue
vilipendiada, y perseguida no obstante la protección consagrada
por la Constitución.
9º Insensiblemente introdujeron los nuevos huéspedes sus
costumbres viciosas en una población que no solo veneraba la
moral pública, sino que era excesivamente escrupulosa, en la
moral privada.
Tales son los puntos esenciales que han operado el desagrado
general de la parte española, y aunque es verdad que, al romper
la Revolución de 1843, se entrevió un rayo de esperanza..., los
hechos han desengañado a los hombres sensatos, capaces de
pensar.
PARA EVITAR SEMEJANTE SITUACIÓN ES QUE LOS HABITANTES DE LA
ANTIGUA PARTE ESPAÑOLA INVOCAN EN SU AUXILIO LA ALTA PROTECCIÓN
DE LA FRANCIA,
Bajo las siguientes estipulaciones:
1º La parte oriental de la isla de Santo Domingo conocida
como española, tomará el nombre de República Dominicana, libre e
independiente y se administrará por sí misma;
2° La Francia se obliga a ayudar a su emancipación, a
suministrarle todo lo que fuere necesario para establecer y
consolidar su gobierno como también a darle los subsidios
necesarios para las necesidades urgentes de la administración;
3° Armas, municiones de guerra y de boca serán dadas por
Francia en cantidad suficiente para armar la parte activa de la
población que será llamada bajo las banderas de la
independencia;
4º El gobierno francés nombrará un gobernador encargado del
poder ejecutivo cuyas funciones durarán diez años. Sin embargo,
Francia se compromete a no retirar este gobernador si el Senado
de la República decreta la continuación de sus funciones;
5º Los puertos de la República se abrirán a los emigrantes de
todas las naciones;
6º En reconocimiento de la alta protección de Francia la
nueva República hará el abandono de la península de Samaná y la
cederá a Francia.
Puerto Republicano, Diciembre de 1843
Firmados: Buenaventura Báez- M. M. Valencia- José Díaz de
Peña-Nepomuceno Texera- Francisco X. Abreu- M. A. Roxas- Remigio
de Castillo. |
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GRUPO BOYERISTA (ANTIHAITIANOS)
PODRIA SER LA CLAVE PARA LA INDEPENDENCIA NACIONAL
Bobadilla. Lo encabeza el
veterano político Tomás Bobadilla y Briones, reconocido por su capacidad
para hacer amarres políticos
Santo Domingo, 23 de febrero de 1844.- Aunque no tiene el
poder económico de los afrancesados ni la capacidad de
convocatoria y el idealismo de los trinitarios del grupo
duartista, los burócratas y políticos avezados que forman el
denominado grupo "boyerista", pudieran tener la clave en el
movimiento que busca la proclamación de la independencia
nacional.
Esto así, según los observadores, porque este grupo puede
actuar como un comodín entre los demás grupos que tienen
posiciones aparentemente irreconciliables.
Los boyeristas o "antihaitianos" son encabezados por don
Tomás Bobadilla y Briones, veterano político y uno de los
hombres con más capacidad para realizar combinaciones políticas
del país.
El señor Bobadilla y Briones, abogado de unos sesenta años,
nacido en Neyba, es reconocido como un hombre de éxito y aunque
un sector de la juventud lo recela por sus conocidos vínculos
con el régimen de Boyer, todos le reconocen su extraordinaria
capacidad y los aportes que puede hacer al movimiento,
despertando confianza entre los sectores poderosos y trayendo
experiencia de estado a los jóvenes de La Trinitaria.
Como es sabido, uno de los problemas que tiene el movimiento
independentista es que las ideas de los trinitarios encuentran
cierta resistencia entre las clases pudientes del país, que
temen la represalia haitiana y que no encuentran entre los
líderes del movimiento, una persona de confianza, a la cual
puedan plantear, en confidencia, sus preocupaciones sobre el
futuro del país.
La llegada de Bobadilla al grupo trinitario le facilita ese
hombre, y a través de él, el puente necesario para sumar otros
personajes sociales de valía que den sustancia económica, y, por
tanto, viabilidad al esquema diseñado por Juan Pablo Duarte,
ahora exiliado en Curaçao.
Se sabe que Bobadilla es partidario de que se incluya en
cualquier combinación al señor Pedro S | |