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27 de
Febrero de 1844
Epopeya Dominicana
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Lea las
noticias del 1844 - El Periódico de la Independencia-
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27 DE FEBRERO
DÍA DE LA INDEPENDENCIA DOMINICANA
En 1844 los
dominicanos expulsaron a los haitianos que ocuparon su país durante 22 años
luego de que en 1821 se lograra un acuerdo amistoso de independencia con la
Corona Española.
En busca de su
propio destino y un futuro mejor, la colonia española en Santo Domingo se separó
de España en forma no bélica mediante transacciones pacíficas.
Sin embargo, el
ansia de libertad e independencia de los habitantes de la parte española de la
isla de Santo Domingo se vio cercenado con la inesperada invasión de nuestro
país por el ejército de la vecina nación haitiana.
Durante 22 años
ocuparon los haitianos territorio dominicano e intentaron eliminar el idioma y
las costumbres. Obligaron a publicar los documentos oficiales en francés y otras
medidas que atentaban contra la esencia misma de las tradiciones y cultura de lo
que vendría a ser más tarde el pueblo dominicano.
La segunda mitad
de febrero presenta en República Dominicana a una intensa agenda de actividades
dedicadas a las fiestas patrias en celebración de la Independencia Nacional
lograda el día 27 de febrero y en conmemoración de la lucha patriótica de los
héroes de la Independencia Nacional.
Aunque Duarte no
estaba, los trinitarios no cejaban en sus acciones y en la causa de la libertad
del país. Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino
Duarte dirigían a los trinitarios, casi sin recursos, hacían circular las ideas
en hojas manuscritas, para organizarse y sumar adherentes a las ideas
separatistas.
El 16 de enero
de 1844, fue redactada por don Tomás Bobadilla, la Manifestación de los pueblos
de la parte este de la isla, denominada antes Española o de Santo Domingo, en la
que se enunciaban las causas de su separación de la República haitiana. Esta
Manifestación sería la ley que regiría la república proclamada, hasta que se
promulgara su constitución.
Esa noche del 27
de febrero de 1844 iban congregándose poco a poco, pequeños grupos de patriotas
que provenían de las distintas zonas de la ciudad.
El comienzo de
la acción separatista fue indicado por un trabucazo disparado por Matías Ramón
Mella en la puerta de la Misericordia, y que fue oído por todos los habitantes
de la ciudad.
Aunque Juan
Pablo Duarte, el padre de la Patria, se hallaba ausente, la noche del martes 27
de febrero de 1844, en la puerta del Conde de la ciudad de Santo Domingo, la
República Dominicana era proclamada por Tomás Bobadilla, Francisco del Rosario
Sánchez, Matías Ramón Mella, Manuel Jiménez, Vicente Celestino Duarte, José
Joaquín Puello, Gabino Pueblo, Eusebio Puello, Eduardo Abreu, Juan Alejandro
Acosta, Remigio del Castillo, Jacinto de la Concha, Tomás de la Concha, Cayetano
Rodríguez, Félix María del Monte y otros patriotas, quienes expresarían a alas
autoridades haitianas su "indestructible resolución de ser libres e
independientes, a costa de nuestras vidas y nuestros intereses, sin que ninguna
amenaza sea capaz de retractar nuestra voluntad".
Ese 27 de
febrero de 1844, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, cuando
llegada la noche se dirigían hacia la Puerta del Conde, en el baluarte de San
Genaro, izan la bandera dominicana. Ondea en la ciudad de Santo Domingo la
bandera bordada por Concepción Bona y su prima María de Jesús Piña, junto con
otras damas. La Bandera había surgido de un proyecto presentado por Juan Pablo
Duarte y aprobado, el 16 de julio de 1838 en La trinitaria, donde se presentaban
los colores y la forma de la enseña que representaría al nuevo estado, que se
denominaría República Dominicana.
La cruz blanca la cruz es el símbolo de la lucha de los libertadores para
legarnos una patria libre.
Los patriotas
habían planeado que en la noche del 27 de febrero tomar posesión de todos los
fuertes emplazados en la muralla y del puerto. Para llevar a cabo estas
acciones, contaban con la cooperación de varios militares que apoyaban la causa
y que estaban dispuestos a entregar sus posiciones y ayudar a tomar la
Fortaleza.
Ante el apoyo
popular y de diversos grupos que unían sus fuerzas por la libertad, los
haitianos se consideraron incapaces de combatir un alzamiento de tal magnitud, y
el 28 de febrero se obtuvo la capitulación de la guarnición haitiana.
Manifiesto de
los habitantes de la parte del Este de la isla antes Española o de Santo
Domingo, sobre las causas de su separación de la República haitiana:
La defensa y el respeto debidos a la opinión de todos los hombres y a la de las
naciones civilizadas imponen a un país unido a otro y deseoso de retomar y
reivindicar sus derechos rompiendo sus lazos políticos, que declare con
franqueza y buena fe los motivos que lo inducen a dar ese paso, a fin de que no
se piense que lo ha impulsado un espíritu de curiosidad y de ambición. Creemos
haber demostrado con nuestra heroica constancia que deben soportarse los males
de un gobierno mientras nos parezcan soportables, siendo mejor eso que hacer
justicia o sustraernos a los mismos. Pero cuando una larga serie de injusticias,
de violencias y de vejámenes acaba por probar la intención de reducirlo todo a
la desesperación y a la más absoluta tiranía, es entonces un sagrado derecho
para los pueblos y aun un deber, sacudir el yugo de semejante gobierno y proveer
nuevas garantías que les aseguren su estabilidad y su prosperidad futura.
Por el hecho de que los hombres no se han reunido en sociedad sino con el objeto
de trabajar en su conservación, que han recibido de la Naturaleza el derecho de
proponer los medios y de buscarlos a fin de obtener ese resultado, por esa misma
razón, semejantes principios los autorizan a ponerse en guardia, a precaverse de
todo lo que puede privarlos de tal derecho, cuando la sociedad se halla
amenazada.
Esa es la razón por la cual los habitantes de la parte del Este de la isla,
antes Española o de Santo Domingo, valiéndose de sus derechos, impulsados como
lo fueron por veintidós años de opresión y oyendo de todas partes las
lamentaciones de la patria, han tomado la firme resolución de separarse para
siempre de la República haitiana y de constituir un Estado libre y soberano.
Hace veintidós años que el pueblo dominicano, por una fatalidad de la suerte,
sufre la más infame opresión: ya sea que ese estado de degradación haya
dependido de su verdadero interés, ya sea que se haya dejado arrastrar por el
torrente de las pasiones individuales, el hecho es que se le ha impuesto un yugo
más pesado y más degradante que el de la antigua metrópoli,
Hace veintidós años que el pueblo, privado de todos sus derechos, se ha visto
violentamente despojado de todos los beneficios en los cuales hubiera debido
participar si se lo hubiese considerado parte integrante de la República. Y poco
faltó para que se le quitara hasta el deseo de sustraerse a tan humillante
esclavitud... Cuando en febrero de 1822, la parte oriental de la isla, cediendo
tan sólo a la fuerza de las circunstancias, aceptó recibir el ejército del
general Boyer que, como amigo, fue más allá de los límites de una y otra parte,
los españoles dominicanos no pudieron creer que, con tan disimulada perfidia,
hubiera podido faltar a las promesas que le sirvieron de pretexto para ocupar el
país y sin las cuales hubiese debido vencer muchas dificultades y hasta caminar
sobre nuestros cadáveres, si lo suerte lo hubiese favorecido.
No hubo un solo dominicano que no le recibiera entonces sin demostraciones de
simpatía. Por doquier donde pasaba, el pueblo salía a su encuentro; creía
encontrar en el hombre que acababa de recibir en el Norte el título de
pacificador, la protección que le había sido prometida de una manera tan
hipócrita; pero muy pronto, mirando a través del velo que escondía sus
perniciosas intenciones, se descubrió que se había entregado el país a su
opresor, ¡a un tirano feroz!...
Con él entró en Santo Domingo la maraña de todos los vicios y de todos los
desórdenes, la perfidia, la delación, la división, la calumnia, la violencia, la
usurpación y los odios personales, desconocidos hasta entonces en el alma de ese
pueblo bondadoso...
Sus decretos y sus disposiciones fueron los principios de la discordia y la
señal de la destrucción. Por medio de su sistema maquiavélico y que todo lo
desorganizaba, obligó a las familias más respetables a emigrar, y con ellas
desaparecieron de la tierra los talentos, las riquezas, el comercio y la
agricultura. Alejó de su consejo y de los principales empleos a los hombres que
hubieran podido defender los derechos de sus conciudadanos, proponer un remedio
a sus males y hacer conocer las verdaderas necesidades del país. Menospreciando
todos los principios del derecho público y de gentes, redujo a muchas familias a
la miseria y a la indigencia, quitándoles sus propiedades para reunirlas al
dominio de la República, darlas a individuos de la parte occidental o venderlas
a vil precio a los mismos. Desoló la campiña y destruyó la agricultura y el
comercio. Despojó las iglesias de sus riquezas, maltrató y humilló a los
ministros de la religión, los privó de sus rentas y de sus derechos y, con su
negligencia, dejó que cayeran en ruinas los edificios públicos para que sus
lugartenientes se aprovecharan de los destrozos y pudiesen de tal suerte
satisfacer la avaricia que traían consigo desde el occidente.
Más tarde, con el objeto de dar a esas injusticias las apariencias de la
legalidad, emitió una ley para que se incorporaran al dominio del Estado los
bienes de los ausentes, cuyos hermanos y parientes se hallan hasta hoy en la más
horrible miseria. Tales medidas no satisfacían su avaricia. Puso también su mano
sacrílega en las propiedades de los hijos del Este y autorizó con la ley del 8
de julio de 1824 el latrocinio y el fraude. Prohibió la comunidad de las tierras
comunales que, en virtud de convenciones y para la utilidad y las necesidades
familiares había subsistido desde el descubrimiento de la isla, y eso con el
único fin de que el Estado sacara provecho. Con esa medida, acabó por arruinar
las hattes y empobrecer a muchos padres de familia; pero a él poco lo
importaba arruinarlo y destruirlo todo...
Tal era la finalidad de su insaciable avaricia.
Dotado de gran imaginación para llevar a cabo la obra de nuestra ruina y
reducirlo todo a la nada, imaginó un sistema monetario que redujo insensible y
gradualmente a las familias, los empleados, los comerciantes y la mayoría de los
habitantes a la más negra miseria. Es con tal criterio y la influencia de su
política infernal que el gobierno haitiano propagó sus principios corruptores.
Desencadenó pasiones, suscitó espíritu partidario, forjó planes destructores,
estableció el espionaje e introdujo la cizaña y la discordia aun en los hogares
domésticos... Si un español se atrevía a hablar contra la opresión y la tiranía,
era denunciado como sospechoso, se lo encerraba en un calabozo y muchos padecían
aun el suplicio para espantar a los demás y hacer morir, conjuntamente con
ellos, los sentimientos heredados de nuestros padres. Atormentada y perseguida,
la patria no halló otro refugio contra la tiranía que en la intimidad de una
juventud afligida y en algunas almas nobles y puras que supieron concentrar sus
principios sagrados para relegar la propaganda a tiempos más favorables y
devolver la energía a quienes estaban abatidos y estupefactos.
Los veintiún años de la administración corruptora de Boyer se deslizaron de tal
suerte y, durante los mismos, los habitantes de la parte oriental experimentaron
toda clase de privaciones, verdaderamente innumerables. Trató a esos habitantes
con más rigor que a un pueblo conquistado por la fuerza. Los persiguió y les
sacó lo que podía satisfacer su avaricia y la de los suyos. En nombre de la
libertad, los redujo al estado de servidumbre. Los obligó a pagar una deuda que
no habían contraído, exactamente como los habitantes de la parte occidental que
se aprovecharon de los bienes extranjeros, mientras nos deben, por lo contrario,
las riquezas que nos han usurpado o destinado al fin que más les convenía.
Tal es el triste cuadro del estado de esa parte de la isla cuando el 27 de enero
del año pasado, Les Cayes lanzaron en el Sur el grito de reforma. Los pueblos se
sintieron en el acto como devorados por un fuego eléctrico. Adhirieron a los
principios de un Manifiesto del 1 de septiembre de 1842 y la parte oriental se
jactó, pero en vano de que su porvenir sería más dichoso, a tal punto se
hallaban de buena fe.
El comandante Riviére fue nombrado jefe de ejecución e intérprete de la voluntad
del pueblo soberano. Dictó leyes según su capricho. Estableció un gobierno sin
forma legal y donde no estaba incluído habitante alguno de esta parte que ya se
hubiera pronunciado a favor de la revolución. Recorrió la isla y, en el
departamento de Santiago, sin motivo legal recordó con pena la triste época de
Toussaint Louverture y de Dessalines; llevaba consigo un monstruoso estado mayor
que por doquier introducía la desmoralización. Vendió los puestos, despojó las
iglesias, destruyó las elecciones hechas por los habitantes para tener
representantes que defendieran sus derechos, y eso para dejar permanentemente
esa parte de la isla en la miseria y en el mismo estado y para conseguir
partidarios que lo elevaran a la presidencia, aunque sin mandato especial de sus
comitentes. Así fue. Amenazó la Asamblea constituyente y a raíz de extrañas
comunicaciones hechas por él al ejército bajo sus órdenes, resultó presidente de
la República.
So pretexto de que en esa parte de la isla se pensaba en una separación del
territorio a favor de Colombia, llenó los calabozos de Puerto Príncipe con los
más ardientes ciudadanos de Santo Domingo, en cuyo corazón reinaba el amor a la
patria y que tan sólo aspiraban a una suerte más dichosa, la igualdad de
derechos y el respeto de las personas y de las propiedades. Padres de familia se
expatriaron de nuevo para librarse de las persecuciones que se les infligía. Y
cuando creyó que sus designios se habían realizado y que tenía asegurado el
objeto que codiciaba, puso en libertad a los detenidos sin darles ni la menor
satisfacción por los insultos y los perjuicios que habían sufrido.
Nuestra condición no ha cambiado ni en lo mínimo. Las mismas vejaciones y los
mismos impuestos subsisten y han aumentado aún. El mismo sistema monetario sin
garantía alguna prepara la ruina de los pueblos, y una Constitución mezquina que
nunca hará honor al país, todo eso ha puesto por doquier el sello de la
ignominia privándonos, con una verdadera burla del derecho natural, de la única
cosa española que nos quedaba: el idioma natal y ha puesto de lado nuestra
venerable religión para que desaparezca de nuestros hogares. Y, en efecto, si
esa religión del Estado, cuando era protegida, fue despreciada y vilipendiada
conjuntamente con sus ministros, ¿qué será ahora que se halla rodeada de
sectarios y de enemigos?
La violación de nuestros derechos, costumbres y privilegios y muchísimas
vejaciones nos han revelado nuestra esclavitud y nuestra decadencia y los
principios jurídicos que rigen la vida de las naciones deciden la cuestión a
favor de nuestra patria como la decidieron a favor de los Países Bajos contra
Felipe II, en 1581.
En virtud de tales principios, ¿quién se atreverá a repudiar la resolución del
pueblo de Les Cayes cuando se sublevó contra Boyer y lo declaró traidor de la
patria?
¿Y quién se atreverá a repudiar nuestra propia resolución de declarar la parte
oriental de la isla separada de la República de Haití?
No tenemos obligación alguna con respecto a quienes no nos dan los medios de
cumplirla, ningún deber con aquellos que nos privan de nuestros derechos.
Si se consideraba la parte oriental incorporada voluntariamente a la República
haitiana, debía gozar de los mismos beneficios y de los mismos derechos de que
gozan aquellos con quienes se había aliado, y si en virtud de esa unión
estábamos obligados a defender nuestra integridad, ella, por su parte, debía
procurarnos los medios de hacerlo; pero faltó a eso violando nuestros derechos,
y, por consiguiente, estamos libres de nuestra obligación. Si se consideraba esa
parte oriental sometida a la República, con más razón debía gozar sin
restricciones de todos los derechos y prerrogativas sobre los cuales había un
convenio y que le fueron prometidos y, si no se realiza la única y necesaria
condición de su sometimiento, queda libre y enteramente desligada, y sus
deberes, en lo que a ella se refiere, le imponen que provea por otros medios a
su propia conservación.
Si consideramos esa Constitución con respecto a la de Haití de 1816, veremos
que, además del caso singular de una Constitución dada a un país extranjero que
no la necesitaba y no había nombrado a sus diputados para discutirla, hay
también una escandalosa usurpación, pues en aquella época los haitianos no
tenían aún la posesión de esa parte, exactamente como ocurrió con los franceses
cuando fueron expulsados de la parte francesa: como no eran los propietarios, no
podían abandonarla a los haitianos. Por el tratado de Basilea, esa parte fue
cedida a Francia y devuelta a España en ocasión de la paz de París, gracias a la
cual fue sancionada la posesión que los españoles hicieron efectiva en 1809 y
que continuó hasta 1821, época en que dicha parte se separó de la metrópoli.
Cuando, en 1816, los hijos de occidente revisaron su Constitución, esa parte no
pertenecía ni a Haití ni a Francia. En lo alto de las fortalezas flameaba la
bandera española, gracias a un derecho indiscutible, y del hecho que los
indígenas llamaban Haití a la isla de Santo Domingo no debe deducirse que la
parte occidental, que fue la primera en constituirse en Estado soberano con el
nombre de República de Haití, tuviera el derecho de considerar la parte del Este
u oriental como parte integral, cuando la una pertenecía a los franceses y la
otra a los españoles. Lo cierto es, que si la parte oriental debía pertenecer a
Francia o a España y no a Haití, pues si nos remontamos a los primeros años del
descubrimiento del inmortal Colón, nos damos cuenta de que los orientales tienen
más derechos al dominio que los occidentales. Si, por último, se considera esa
parte de la isla conquistada por la fuerza, es por la fuerza, si no hay otro
modo, que se resolverá la cuestión. Considerando los vejámenes y las violencias
cometidos durante veintidós años contra la parte anteriormente española, salta a
la vista que ha sido reducida a la más extrema miseria y que se está llevando a
cabo su ruina, por lo cual el deber de su propia conservación y de su bienestar
futuro la obliga sin más a asegurar con medios convenientes su seguridad, pues
lo antedicho constituye un derecho (un pueblo que depende voluntariamente de
otro pueblo con el objeto de aprovecharse de su protección, queda libre de toda
obligación cuando dicha protección le viene a faltar, o cuando eso ocurre por la
impotencia del protector). Considerando que un pueblo obligado a obedecer a la
fuerza y que le obedece hace bien, pero que si resiste cuando puede hacer
mejor; considerando, por último, que dada la diferencia de las costumbres y la
rivalidad existente entre los unos y los otros, nunca habrá armonía ni perfecta
unión, y como además los pueblos de la parte anteriormente española de la isla
de Santo Domingo comprobaron durante los veintidós años de su agregación a la
República de Haití que no pudieron obtener ventaja alguna, sino al contrario,
que se arruinaron, empobrecieron y degradaron y que fueron tratados de la manera
más vil y abyecta, han resuelto separarse para siempre de la República haitiana
para proveer a su seguridad y a su conservación, constituyéndose, según los
antiguos límites, en Estado libre y soberano. Las leyes fundamentales de ese
Estado garantizarán el régimen democrático, asegurarán la libertad de los
ciudadanos aboliendo para siempre la esclavitud y establecerán la igualdad de
los derechos civiles y políticos sin miramientos para con las distinciones de
origen y nacimiento. Las propiedades serán inviolables y sagradas; la religión
católica, apostólica y romana será, como religión del Estado, protegida en todo
su esplendor. Pero nadie será perseguido ni castigado por sus opiniones
religiosas. La libertad de prensa será protegida; la responsabilidad de los
funcionarios públicos quedará debidamente establecida; la confiscación de bienes
por crímenes y delitos será prohibida; la instrucción pública será estimulada y
protegida a expensas del Estado; los derechos e impuestos serán reducidos al
mínimum; habrá un olvido total de los votos y de las opiniones políticas
emitidos hasta este día, y eso mientras los individuos se adhieran de buena fe
al nuevo sistema. Los grados y empleos militares serán conservados de acuerdo a
las leyes que se establecerán. La agricultura, el comercio, las ciencias y las
artes serán igualmente fomentados y amparados. Lo mismo ocurrirá con el estado
de las personas nacidas en nuestra tierra o con el de los extranjeros que en
ella querrán vivir, en armonía con las leyes. Por último, emitiremos lo más
pronto posible una moneda con garantía real y verdadera, sin que el público
pierda nada sobre la que tiene con el sello de Haití.
Tal es la finalidad que nos proponemos en nuestra separación, y estamos
resueltos a dar al mundo entero el espectáculo de un pueblo que se sacrificará
por la defensa de sus derechos y de un país que está dispuesto a reducirse a
cenizas y escombros si sus opresores, que se jactan de ser libres y civilizados,
persisten en su propósito de imponerle una condición que le parezca aún más dura
que la muerte.
En vez de transmitir a nuestros y a la posteridad una esclavitud vergonzosa,
nosotros, sobreponiéndonos con firmeza y esperanza a los peligros, juramos
solemnemente ante Dios y ante los hombres, que empuñaremos las armas para la
defensa de nuestra libertad y de nuestros derechos. Confiamos, sin embargo, en
la misericordia divina que nos protegerá e inducirá a nuestros adversarios a una
reconciliación justa y razonable para que se evite el derramamiento de sangre y
las calamidades de una guerra espantosa que no provocaremos pero que será una
guerra de exterminio, si debiera producirse.
¡Dominicanos! (comprendemos bajo esta denominación a todos los hijos de la parte
oriental y a quienes quisieran seguir nuestra suerte) el interés nacional nos
llama a la unión. Con nuestra firme resolución, mostrémonos los dignos
defensores de la libertad; sacrifiquemos en los altares de la patria todo odio y
toda personalidad; que el sentimiento del interés público sea el móvil que nos
dirige en la santa causa de la libertad y de la separación. Con semejante
separación nada hacemos contra la prosperidad de la República occidental y
favorecemos la nuestra.
Nuestra causa es sagrada. No nos faltará ayuda, pues ya podemos contar con la
que nos procura nuestra tierra, y, si fuera necesario, nos valdríamos del
auxilio que los extranjeros pudieran procurarnos en semejante caso.
El territorio de la República Dominicana, estando dividido en cuatro provincias,
esto es: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua, desde el límite hasta Ocoa, y
Seybo, su gobierno se compondrá de un cierto número de miembros de cada una de
esas provincias a fin de que participen de tal suerte y proporcionalmente a su
soberanía.
El gobierno provisional se compondrá de una Junta de once miembros elegidos en
el mismo orden. Esa Junta tendrá en su mano todos los poderes hasta que se
redacte la Constitución del Estado. Determinará la manera a su juicio más
conveniente para conservar la libertad adquirida y nombrará, por fin, jefe
supremo del ejército, obligado a proteger nuestras fronteras, a uno de los más
distinguidos patriotas, poniendo bajo sus órdenes a los subalternos que le sean
necesarios.
¡Dominicanos! ¡A la unión! Se presenta el momento más oportuno. De Neyba a
Samaná y de Azua a Montecristi las opiniones son unánimes y no hay un solo
dominicano que no grite con entusiasmo: Separación, Dios, Patria y Libertad.
Contribución de un anónimo
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La Gesta de 1844
Puestos en contacto los conspiradores de la
Reforma Haitiana con los conspiradores de la Separación Dominicana, se inició el
plan para derrocar a Boyer, quien llevaba 25 años como gobernante de Haití, y 21
años gobernando a los dominicanos. La revuelta militar se inició en Praslin, una
finca perteneciente a Charles Herard, quien contaba con el apoyo de hombres
experimentados en asuntos públicos y con algunos de los cuales se formaría un
gobierno provisional. El derrocamiento de Boyer se produjo en marzo de 1843,
después de algunos choques armados.
Cuando la noticia de tal acontecimiento llegó a Santo Domingo, produjo un
ambiente de agitación que amotinó a grupos dominicanos y haitianos
antiboyeristas. Al mando de Duarte, del ex-diputado Alcius Ponthieux y del
General Desgrotte, los amotinados con el grito de Viva la Reforma! intentaron
apoderarse de lafortaleza de la ciudad, pero fracasaron cuando tropas
gubernamentales los hicieron dispersarse y escapar a San Cristóbal.
Con el apoyo de la guarnición de dicho poblado se organizaron, logrando que
moradores de Azúa y de Bani formaran parte de un ejército de unos 2,000 hombres
que marcharon a Santo Domingo, obligando a que el General Carrié renunciara al
mando. En consecuencia, se formó una Junta Popular y Civil en Santo Domingo que
sustituyó el gobierno del General Carrié. Varias juntas se formaron en otras
localidades, siempre integradas por dominicanos y haitianos partidarios de
defender la Reforma. Duarte participó activamente en la organización de las
mismas.
El Gobierno Provisional que encabezaba Charles Herard convocó a las diversas
juntas para elegir las autoridades municipales y también los diputados de la
Asamblea Constituyente de la República, que debían redactar una
constitución-liberal. Un grupo de dominicanos se hicieron partidarios de una
posición autonómica sin romper con la indivisibilidad de la isla. El grupo
dirigió a la Junta Popular de Santo Domingo una petición en la que se señalaba
que al no ser considerada la región del Este como un territorio conquistado,
se le debía permitir escribir sus documentos oficiales en español, como también
la observación del catolicismo, y de usos y costumbres locales.
Se creó además un ambiente de tensiones, de denuncias, de sospechas. La posición
de los autonomistas originó debates entre dominicanos y haitianos.
Estos últimos comenzaron a evidenciar que la unidad insular estaba en peligro.
Para mediados de 1843, no sólo la agitación separatista publicaba
todo tipo de documentación antihaitiana, sino que inclusive muchos trinitarios
salieron triunfadores en las elecciones municipales, y trabajaban abiertamente
contra la dominación que llevaba casi 22 años.
La movilidad de los separatistas y en especial la de los Trinitarios le fue
denunciada a Herard, quien decidió supervisar la zona dominicana, y quien al
Ilegal a Dajabón descubrió que pese a los esfuerzos del predominio haitiano, los
habitantes del Este seguían manteniendo su idioma y sus costumbres. En
Santiago se inició la persecución de los Separatistas con el arresto de
numerosos patriotas. Después continuó en Macorís y Cotui donde Ramón Mella fue
hecho prisionero.
Al Ilegar a Santo Domingo, Herard Constató con más certeza la rebeldía
antihaitiana, al ser recibido con cierta hostilidad por parte de muchos
ciudadanos de origen español quienes habían cerrado las puertas de sus casas en
señal de protesta. Los Trinitarios tuvieron que desbandarse ante el despliegue
militar efectuado por Herard para tomar el control y así detener la marcha de
los acontecimientos separatistas.
Perseguidos con tenacidad, Duarte y algunos compañeros tuvieron que embarcarse
clandestinamente rumbo a Saint Thomas, mientras otros tuvieron que ocultarse, o
como Sánchez, fingir enfermedad. En medio de estas circunstancias, los
Trinitarios se vieron desorganizados, pero pudieron recuperarse al quedar su
movimiento de independencia bajo el liderazgo de Francisco del Rosario Sánchez.
Obligados a la clandestinidad, los Trinitarios se dividieron en dos grupos.
Mientras uno estaba al mando de Sánchez y de
Vicente Celestino Duarte, el otro estuvo dirigido por Mella, quien había sido
dejado en libertad. En el exterior, Duarte buscó armamentos y otros recursos,
principalmente en Venezuela y Curazao. Al no tener el éxito esperado, ordenó
hacer uso de los bienes familiares en beneficio de la causa independizadora.
Además de los Trinitarios, los Separatistas afrancesados se movilizaron
calladamente y obtenían el beneplácito del Sr. Levasseur, Cónsul general de
Francia en Puerto Príncipe. A través de él ofrecieron entregar Samaná si Francia
apoyaba o protegía la Separación. Contando con tal apoyo Bueneventura Báez y sus
seguidores planearon dar un golpe en abril de 1844.
Enterados del plan de los afrancesados, los Trinitarios decidieron adelantarse.
Para enero de 1844, algunos hombres públicos como Tomás Bobadilla habían sido
incorporados al movimiento. También para esa fecha publicaron un manifiesto como
contraparte a otro publicado por los afrancesados en Azua.
Mientras estos últimos justificaban la necesidad de separarse de Haití y
acogerse a la protección de Francia, los Trinitarios invitaban a la rebelión
abierta. En el manifiesto que hicieron circular profusamente, y el cual redactó
Bobadilla, se establecía "el deber de los pueblos de sacudir el yugo", al mismo
tiempo que anunciaba los males que había engendrado la ocupación haitiana, pero
sin incitar al odio o a la venganza".
Para febrero, la situación de Santo Domingo hacía propicio llevar a cabo el plan
de la separación, como también las condiciones del gobierno de Herard, quien
enfrentaba numerosos problemas en Puerto Príncipe y otras zonas occidentales,
razón por la cual se había retirado de la región dominicana meses atrás con el
apoyo de los hateros seibanos, los Trinitarios acordaron reunirse en la Puerta
de la Misericordia el día 27 por la noche, y de allí marchar hasta el Baluarte
del Conde, al mismo tiempo que se posesionaban de algunos sitios estratégicos.
Una vez en el Baluarte izaron la bandera, y en medio de la agitación, las
tensiones del momento y de un breve tiroteo que se produjo, proclamaron la
independencia. La misma no sólo constituía el fin del predominio haitiano, sino
el nacimiento de la Republica Dominicana.
Nota: datos tomados del libro "VISION GENERAL DE LA HISTORIA DOMINICANA" por
Valentina Peguero y Danilo de los Santos.
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Acta de Independencia de 1863

"NOSOTROS, los habitantes de la Parte
Española de la Isla de Santo Domingo, manifestamos por medio de la presente Acta
de Independencia, ante Dios, el mundo entero, y el Trono de España, los justos y
leales motivos que nos han obligado a tomar las armas para restaurar la
República Dominicana y reconquistar nuestra Libertad. El primero, el mis
precioso de los derechos con que el hombre fue favorecido por el Supremo Hacedor
del Universo, justificando así nuestra conducta arreglada y nuestro
indispensable obrar, toda vez que otros medios suaves y persuasivos, uno de
ellos muy elocuente, nuestro descontento empleado oportunamente, no han sido
bastantes para persuadir al Trono de Castilla, de que nuestra anexión a la
Corona no fue obra de nuestra espontánea voluntad, sino el querer fementido del
General Santana y de sus secuaces, quienes en la desesperación de su
indefectible caída del poder, tomaron el partido de entregar La República, obra
de grandes y cruentos sacrificios, bajo el pretexto de anexión al Poder de
España, permitiendo que descendiese el pabellón cruzado, enarbolado por el mismo
General Santana, a costa de Ia sangre del Pueblo Dominicano con mil patíbulos de
triste recordación.
"Por magnánimas que hayan sido las intenciones y acogida de S. M. Doña Isabel
(Q. D. G.), respecto del Pueblo Dominicano, al atravesar el Atlántico y al ser
ejecutadas por sus mandatarios subalternos, ellas se han transformado en medidas
bárbaras y tiránicas, que este pueblo no ha podido ni debido sufrir. Para así
probarlo, hasta decir que hemos sido mandados por un Buceta y un Campillo, cuyos
hechos son bien notorios.
La anexión de la Republica Dominicana a la Corona de España ha sido Ia voluntad
de un solo hombre que la ha domeñado; nuestros mis sagrados derechos,
conquistados con 18 años de inmensos sacrificios, han sido traicionados y
vendidos; el Gabinete de la Nación Española ha sido engañado, y engañados
también muchos de los dominicanos de Valía e influencia, con promesas que no han
sido cumplidas, con ofertas luego desmentidas. Pronunciamientos, manifestaciones
de los pueblos arrancadas por la coacción, ora moral, ora física de nuestro
opresor y los esbirros que le rodeaban, remitidas al Gobierno Español, le
hicieron creer falsamente nuestra espontaneidad para anexarnos; empero, muy en
breve, convencidos los pueblos del engaño y perfidia, levantaron su cabeza y
principiaron a hacer esfuerzos gloriosos, aunque por desgracia inútiles al
volver de la sorpresa que les produjera tan monstruoso hecho, para recobrar su
Independencia perdida, su libertad anonadada-. Díganlo si no, las víctimas de
Moca, San Juan, Las Matas, El Cercado, Santiago, Guayubín, Monte Cristi,
Sabaneta y Puerto Plata.
"¿Y cómo ha ejercido la España el dominio que indebidamente adquirió sobre unos
pueblos libres? -La opresión de todo género, las restricciones y la exacción de
contribuciones desconocidas e inmerecidas, fueron muy luego puestas en
ejercicio.
"¿Ha observado por ventura para con un pueblo que se le había sometido, aunque
de mal grado, las leyes de los piases cultos y civilizados, guardando y
respetando cual debía, las conveniencias, las costumbres, el carácter y los
derechos naturales de todo hombre de sociedad? Lejos de eso: los hábitos de un
pueblo libre por muchos años han sido contrariados impolíticamente, no con
aquella luz vivificadora y que ilustra, sino con un fuego quemante y de
exterminio. -Escarnio, desprecio, marcada arrogancia, persecuciones y patíbulos
inmerecidos y escandalosos, son los tinicos resultados que hemos obtenido, cual
corderos de los subalternos del Trono Español, a cuyas manos se confiara nuestra
suerte.
"El incendio, la devastación de nuestras poblaciones, las esposas sin sus
esposos, los hijos sin sus padres, la pérdida de todos nuestros intereses, y Ia
miseria en fin; he aquí los gajes que hemos obtenido de nuestra forzada y falaz
anexión al Trono Español-. Todo lo hemos perdido; pero nos quedan nuestra
Independencia y Libertad, por los cuales estamos dispuestos a derramar nuestra
última gota de sangre.
"Si el Gobierno de España es político; si consulta sus intereses y también los
nuestro, debe persuadirse de que a un pueblo que por largo tiempo ha gustado y
gozado la libertad, no es posible sojuzgárselo sin el exterminio del último de
sus hombres. De ello debe persuadirse la Augusta Soberana Doña Isabel II, cuya
hermosa alma conocemos, y cuyos filantrópicos sentimientos confesamos y
respetamos; pero S.M. ha sido engañada por la perfidia del que fue nuestro
Presidente, el General y la de sus Ministros; y lo que ha tenido un origen
vicioso, no puede ser válido por el transcurso del tiempo.
"He aquí las razones legales y los muy justos motivos que nos han obligado a
tomar las armas y a defendernos, como lo haremos siempre, de la dominación que
nos oprime, y que viola nuestros sacrosantos derechos, así como de leyes
opresoras que no han debido imponérsenos.
"El mundo conocerá nuestra justicia, y fallará. El Gobierno Español deberá
conocerla también, respetarla y obrar en consecuencia.
Santiago de los Caballeros, Septiembre 14 de 1863.
NOTICIA DE ULTIMO MINUTO -
NOTICIA DE ULTIMO MINUTO
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EL CLARIN DOMINICANO
(Contribución tomada Diario Libre)
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Toda la sociedad de Santo Domingo apoya
Independencia
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La Independencia concitó el
apoyo de todas las clases sociales del país como se prueba por las
firmas de la "Manifestación de los Pueblos del Este",
primer documento de la esperada República Dominicana |
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Santo Domingo, 2 de febrero de 1844. . Lo más selecto
de la sociedad, de la juventud, del comercio y los profesionales
de la ciudad de Santo Domingo, capital del nuevo estado, apoya
la independencia de la Parte Este, como se puede comprobar por
las firmas que aparecen al pié de la "Manifestación de los
Pueblos de la Parte del Este de la Isla antes Española o de
Santo Domingo, sobre las causas de su Separación de la República
Haitiana", primer documento oficial del nuevo Estado.
Personalidades de la ciudad aparecen junto a veteranos
políticos en el comunicado que anuncia la independencia.
Las firmas están encabezadas por Tomás Bobailla y Briones,
conocido funcionario público y político y le siguen los líderes
del partido de la “Pura y Simple”, que encabeza Juan Pablo
Duarte, ahora en el exilio en Curaçao, Matías Ramón Mella y
Francisco del Rosario Sánchez.
Entre los firmantes figuran también Manuel Jiménes,
propietario de alambiques, Félix Mercedario, el licenciado
Valverde, conocido médico, Pedro Bobadilla, abogado, Silvano
Pujol, maestro de escuela, José M. Caminero, médico y traductor
de los tribunales, Pedro Mena, Tomás Concha, Juan Nepomuceno
Ravelo, Joaquín Puello, Hipólito Billini, Felipe Alfau, coronel
de la guardia nacional, Félix María Ruíz, José María Serra,
periodista y maestro, Alejandro Bonilla, defensor público, y
otros.
Se sabe que el movimiento tiene simpatizantes en todo el país,
que están a la espera del golpe para sumarse a la causa de la
independencia. En próximas ediciones de El Diario de la
Independencia iremos ofreciendo los nombres de patriotas de
otras ciudades del país asociados a la causa de la liberación
nacional
Se ha resaltado el hecho de que los firmantes han puesto en
peligro sus vidas con esa acción, pues en caso de fracasar su
plan, la represión de que serían objeto por parte de las
autoridades haitianas sería muy severa, como ya ha ocurrido en
el pasado.
Sin embargo, se asegura que la disposición de todo el pueblo
dominicano es la de expulsar a los haitianos del territorio, y
lo prueba la firma en el documento de los hermanos Pedro y Ramón
Santana, naturales de El Seibo, y quienes cuentan con grandes
simpatías en la región del Este del país.
El nombre de Pedro Santana, conocido hatero del Este, es
barajado como jefe del ejército que se formará al proclamarse la
nueva república.
Seguimos en espera de los acontecimientos, pues nos parece
que estos meses van a ser de mucha gloria para los habitantes de
la Parte Este de la Isla de Santo Domingo.
La Manifestación...
Fragmento
Considerando que un pueblo que está obligado a obedecer a la
fuerza y obedece, hace bien, y que luego que puede resistir y
resiste, hace mejor. Considerando, por último, que por la
diferencia de costumbres y la rivalidad que existe entre unos y
otros, jamás habrá perfecta unión y armonía: los pueblos de la
parte antes española de la Isla de Santo Domingo... han resuelto
separarse para siempre de la República Haitiana, para proveer a
su seguridad y conservación, constituyéndose bajo sus antiguos
límites, en un estado libre y soberano, en el cual, y bajo sus
leyes fundamentales protegerá y garantizará el sistema
democrático; la libertad de los ciudadanos aboliendo para
siempre la esclavitud; la igualdad de los derechos civiles y
políticos sin atender a las distinciones de origen ni de
nacimiento; las propiedades se dan inviolables y sagradas; la
Religión Católica, Apostólica y Romana será protegida en todo su
esplendor como la del Estado, pero ninguno será perseguido ni
castigado por sus opiniones religiosas; la libertad de la
imprenta será protegida; la responsabilidad de los funcionarios
públicos será asegurada; no habrá confiscaciones de bienes por
crímenes ni delitos; la instrucción pública será promovida y
protegida a expensas del Estado...
Los grados y empleos militares serán conservados... La
agricultura, el comercio, las ciencias y las artes serán
igualmente promovidas y protegidas, lo mismo que el estado de
las personas nacidas en nuestro suelo, o la de los extraños que
vengan a habitar en él con arreglo a las leyes,
Dividido el territorio de la República Dominicana en cuatro
provincias, a saber: Santo Domingo, Santiago o Cibao, Azua desde
el límite hasta Ocoa, y Seibo, se compondrá el Gobierno de un
cierto número de miembros de cada una de ellas para que así
participen proporcionalmente de su soberanía.
La Copla popular toma partido
A raíz de las persecuciones iniciadas por el presidente
haitiano Charles Herard ainé contra los patriotas a mediados del
año pasado 1843, comenzaron a circular coplas que ridiculizaban
la pretendida independencia de los dominicanos, que eran
respondidas por éstos. A continuación se ofrece una muestra de
ellas:
En contra de la independencia:
Dónde está la cuadrilla
de la loca independencia?
Qué dirán de su Excelencia
los restos de esa pandilla?
Parece que “El Grillo” chilla
Y en su chillido imponente
da gozo al inocente
y aterra al insano,
yo puedo gritar ufano
Viva el digno presidente.
A favor de la independencia :
Preguntas por la cuadrilla
de la loca independencia,
para después en su audiencia
ir a mendigar la silla?
Tú sí que eres polilla
que con villano aguijón
roe la nueva facción,
la que después te engrandece,
porque esto siempre acontece
al que no tiene opinión
Tomás Bobadilla redactó Manifestación
El diario de la Independencia ha sabido, de fuentes que le
merecen entero crédito, que el texto de la "Manifestación de los
Pueblos de la Parte Este" fue redactada por el conocido político
y hombre público don Tomás Bobadilla y Briones
El sagaz político, del cual se conocía que no era afecto al
nuevo orden de cosas, luego de servir al gobierno de Boyer por
muchos años, se unió al movimiento independentista a sugerencia
del joven Matías Ramón Mella, quien lo motivó a aportar su
veteranía y su conocimiento del medio a las fuerzas de la
separación.
Bobadilla, jurisconsulto con unos 60 años de edad nacido en
Neyba, será muy útil a la causa a pesar de su conocido
conservadurismo, y su firma, primera del documento, hace augurar
un papel protagónico en el nuevo orden.
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Duarte aporta sus bienes a la
Independencia
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Escribe carta a sus familiares
desde Curaçao pidiéndoles que entreguen sus bienes a la
causa de la Independencia. |
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Curaçao, 4 de febrero de 1844. En un
gesto sin precedentes en la historia del país,
el líder del movimiento independentista, Juan
Pablo Duarte, ahora exiliado en esta isla, ha
resuelto donar sus bienes y los de su familia, a
la causa de la independencia.
En una carta que enviara en fecha de hoy a su
familia en la ciudad de Santo Domingo, Duarte
pide a su madre y hermanos “que ustedes de
mancomún conmigo y nuestro hermano Vicente,
ofreceremos en aras de la Patria lo que a costa
de amor y trabajo de nuestro finado padre hemos
heredado”.
La solicitud, que sabemos constituirá un
tremendo golpe de efecto sicológico entre los
integrantes del movimiento emancipador, es una
última muestra del desprendimiento y del sentido
patriótico del que ya es considerado Padre de la
Patria por la juventud de Santo domingo.
En la correspondencia, cuyo texto aparece en
otro lugar de esta edición, Duarte afirma que
“independizada la Patria, puedo hacerme cargo
del almacén, y heredero del ilimitado crédito de
mi padre y de sus conocimientos en el ramo de la
marina, nuestros negocios mejorarán…”
Como puede verse, Duarte tiene una confianza
absoluta en el triunfo de su idea de libertad y
en la suerte de este país, pues se compromete a
realizar todos los esfuerzos para rescatar las
propiedades de su difunto padre luego de
proclamada la emancipación.
El padre de Duarte, el comerciante Juan José
Duarte, falleció el 25 de noviembre de 1843,
cuando ya el fundador de La Trinitaria se
encontraba exiliado a consecuencia de la
persecución desatada en su contra por las
autoridades haitianas, conocedoras de sus planes
de emancipación patria.
La primera solicitud de ayuda a Duarte para
los propósitos independentistas ocurrió a
finales del año pasado de1843, cuando Francisco
del Rosario Sánchez le envió una carta secreta,
de la cual El Diario de la Independencia ha
obtenido copia.
El texto de la mencionada carta dice así:
“Juan Pablo Duarte: con el señor José Ramón
Chaves Hernández te escribimos imponiéndote del
estado político de la ciudad y de la necesidad
que tenemos de que nos proporciones auxilios
para el triunfo de nuestra causa; ahora
aprovechamos la ocasión del señor Buenaventura
Freites para repetirte lo que en otras ocasiones
te decíamos, por si no han llegado a tus manos.
Después de tu salida todas las circunstancias
han sido favorables; de modo que sólo nos ha
faltado combinación para haber dado el golpe; a
esta fecha los negocios están en el mismo estado
que tú los dejaste, por lo que te pedimos, así
sea a costa de una estrella del cielo, los
efectos siguientes:
2,000 ó 1,000, ó 500 fusiles, a lo menos;
4,000 cartuchos, 21/2 ó 3 quintales de
plomo;
500 lanzas o las que puedas conseguir.
En conclusión: lo esencial es un auxilio por
pequeño que sea, pues éste es el dictamen de la
mayor parte de los encabezados. Esto conseguido
deberás dirigirte al puerto de Guayacanes
siempre con la precaución de estar un poco
retirado de tierra, como una o dos millas, hasta
que se te avise o hagas señas, para cuyo efecto
pondrás un gallardete blanco si fuere de día, y
si fuere de noche, pondrán encima del palo mayor
un farol que lo ilumine todo, procurando, si
fuere posible, comunicarlo a Santo Domingo para
ir a esperarte a la costa el nueve de Diciembre,
o antes, pues es necesario temer la audacia de
un tercer partido, o de un enemigo nuestro
estando el pueblo tan inflamado…”
Como es sabido, Duarte no pudo obtener los
recursos pedidos y el plan de la independencia
en diciembre se fue a pique. Quizás este
fracaso, motiva la decisión actual del fundador
de La Trinitaria de desprenderse de sus bienes y
de los de su familia para entregarlos a la causa
de la Patria.
Texto de la carta de Duarte a su familia
Curaçao, 4 de febrero de 1844.-
Mi querida madre y hermanos:
El único camino que encuentro para poder
reunirme con Ustedes de independizando la
Patria. Para conseguirlo se necesitan recursos,
supremos recursos, y cuyos recursos son: que
Ustedes de mancomúm conmigo y nuestro hermano
Vicente, ofrendemos en aras de la Patria lo que
a costa de amor y trabajo de nuestro finado
padre hemos heredado. Independizada la Patria,
puedo hacerme cargo del almacén, y heredero del
ilimitado crédito de nuestro padre y de sus
conocimientos en el ramo de marina, nuestros
negocios mejorarán, y no tendremos por qué
arrepentirnos de habernos mostrado dignos hijos
de la Patria.
Consul Francés
Anticipa Independencia Nacional
El vicecónsul francés en la ciudad de
Santo Domingo Eustache Juchereau de Saint Denys,
en carta enviada ayer a sus superiores en
Francia, anticipa la fortaleza del movimiento
independentista y prácticamente da como un hecho
la emancipación de los dominicanos.
En su larga carta, el vicecónsul, llegado a
esta ciudad del pasado día 13 de enero, describe
el estado de la situación de la parte del Este,
las actitudes de la población y otros detalles
no menos importantes.
En la misiva, el cónsul Saint Denys afirma
que “fatigados del yugo odioso que una
administración antipática y molestosa hacía
pesar diariamente sobre ellos, los pobladores
del Este de Haití y principalmente los de Santo
Domingo, parecían decididos, después de largo
tiempo, a apelar a las armas para terminar con
una dominación que consideran a la vez tiránica
y deshonrosa. Sin embargo, demasiado débiles y
demasiado dispersos para poderse prometer algún
éxito en una tentativa desesperada, sienten la
necesidad de asegurarse el apoyo de una nación
extranjera; y con este fin han sucesivamente
elevados sus votos de simpatía hacia Colombia,
hacia España y hacia Francia”.
Al explicar las razones que mueven a los
dominicanos en dirección a esos países, afirma
que “Inglaterra no les inspira/ ninguna
confianza. La diferencia de religión es la
causa principal de la repugnancia...”.
Con relación a los ánimos para la
independencia, el vicecónsul afirma que “Una
ruptura completa con el oeste, aún al precio más
oneroso y de los más penosos sacrificios, parece
ser hoy, el pensamiento único, la voz unánime
de las provincias del Este de Haití”.
Saint Denys habla de que “los ánimos están
muy inflamados”, y de que todo parece anticipar
una reacción a corto plazo frente a la
dominación haitiana.
En su nota, el vicecónsul cuenta de las
diligencias acerca de un protectorado francés
para la parte del Este realizadas por los
dominicanos que formaban parte de la Asamblea
Constituyente haitiana ante él y luego, por las
razones que explica en la carta, ante cónsul
Levasseur, a través de su secretario, el señor
Barrot y de “un tal señor Dupon, recientemente
llegado de tierra firme”.
Sin embargo, el funcionario francés habla
también de grupos de interés y del “impaciente
ardor” de una juventud difícil de contener. A
través de esta afirmación puede verse hasta
dónde han llegado las prédicas de la
Independencia entre la juventud de Santo
Domingo.
Por su dominio de la situación, Saint Denys
jugará un papel importante en los
acontecimientos que se avecinan, pues se sabe
que su nombramiento forma parte de los planes de
un sector de los separatistas de construir un
estado libre bajo la protección de Francia. |
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La Dominación
Haitiana cumple 22 años
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Rendición. La entrega de las llaves de la
ciudad a Boyer tuvo lugar el 9 de febrero de 1822 |
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Santo Domingo, 8 de febrero de 1844.- Mañana
día 9, se cumplen veintidós años del inicio de la
dominación haitiana de la parte Este de la Isla de
Santo Domingo. No se han previsto actos para celebrar
la fecha.
La dominación haitiana se inició formalmente el 9 de
febrero de 1822, cuando el Dr. José Núñez de Cáceres,
entonces presidente del recién formado Estado
Independiente del Haití Español entregó las llaves de la
ciudad de Santo Domingo al presidente haitiano Jean
Pierre Boyer.
La compleja serie de hechos que culminarían con este
resultado se iniciaron varios años atrás, según algunos,
y según otros en el siglo XVII cuando la corona española
ordenó la despoblación de los pueblos de la banda del
Norte Puerto Plata, Monte Cristi, Bayajá y Yaguana, por
comerciar con enemigos de España y los trasladó a la
parte este de la isla, dejando totalmente despoblada la
zona, en la cual se establecieron, años más tarde,
antiguos piratas de diversas nacionalidades, pero
principalmente franceses.
En el ínterin, ocurrieron en el mundo hechos muy
importantes que afectaron la política interna de los dos
pueblos.
El descalabro de España como potencia mundial, que
trajo consigo el abandono de la parte española de la
Isla, fue el primer hecho de importancia.
En 1776 ocurre la independencia de los Estados Unidos
que dará un notable impulso a la producción en Haití,
que suplirá ahora al naciente estado, pues la guerra con
Inglaterra impedirá el suministro de productos desde su
fuente metropolitana habitual.
Trece años después, en 1789, se proclamará la
revolución francesa, con la toma de la Bastilla, en la
que se declaró la igualdad de todos los hombres
independientemente de su nacimiento o del color de su
piel.
Una declaración semejante tuvo graves repercusiones
en la colonia francesa de la isla y lo que siguió fue
una guerra civil mezclada con la guerra internacional
que comenzó como la reacción de las monarquías europeas
contra los acontecimientos en suelo francés.
Esa guerra la perdió España y traspasó por el Tratado
de Basilea de 1795 a Francia, la parte Este de la Isla.
En ese momento el país galo no podía hacerse cargo de la
isla entera y comisionó al hombre que había defendido
los colores franceses en la parte occidental para que la
tomara en su nombre. Toussaint Louverture, antiguo
esclavo, ahora convertido en estadista, sería el
encargado de ejecutar la orden francesa.
Bajo su gobierno, los dominicanos vieron por primera
vez una constitución, y sufrieron el rigor de una masiva
emigración de españoles hacia Cuba, Puerto Rico y
Venezuela, principalmente, que todavía eran posesiones
españolas.
Reagrupados ya los franceses bajo Napoleón, envían
fuerzas extraordinarias para someter a los antiguos
esclavos y es aquí cuando, luego de dos años de lucha,
se proclama la independencia de Haití, el 1 de enero de
1804.
La parte antigua española quedó bajo la soberanía
francesa y esto provocó ataques haitianos que culminaron
con horrendos hechos de sangre como el degüello de Moca
y de Santiago y otras abominables acciones. Estos hechos
fueron creando un fuerte sentimiento antihaitiano en la
población.
Los dominicanos decidieron entonces sacudirse del
yugo francés e iniciaron un movimiento denominado “La
Reconquista” que lideró el hacendado Juan Sánchez
Ramirez, natural de Cotuí. El movimiento fue exitoso y
se inició el período conocido como “La España Boba”, por
la postración de todas las actividades en el país.
El desencanto con la situación motivó a
personalidades del país a buscar una salida
independentista, y un grupo de burócratas de la ciudad
de Santo Domingo encabezados por José Núñez de Cáceres
planeó un golpe contra las autoridades españolas con el
supuesto apoyo de la Gran Colombia, la república que
fundara el libertador Simón Bolívar en América del Sur.
Al mismo tiempo, tenían lugar pronunciamientos de
pueblos del norte auspiciados por Boyer, que proclamaban
la independencia de España y se acogían a la protección
de Haití. Andrés Amarante, en Beler y Dajabón, fue el
primero en realizar estos pronunciamientos.
Consciente de lo apremiante de la situación, los
complotados de Santo Domingo pronunciaron la
independencia el 30 de noviembre de 1821, a cuyo
movimiento reaccionó el presidente haitiano con una
invasión que culminó, como ya dijimos, con la entrega de
las llaves de la ciudad de Santo Domingo, en señal de
sumisión. Así se inició la dominación haitiana que
mañana cumplirá 22 años.
El Diario de la Independencia inicia, a partir de hoy,
un análisis de lo que ha significado este hecho
histórico para los dominicanos.
Los Artículos 40 y 41 de la Constitución
Haitiana de 1816
Art. 40.- La isla de Haití (antes llamada Santo
Domingo) con las islas adyacentes que de ella dependen,
forma la República de Haití.
Art. 41.- La República de Haití es una e indivisible,
su territorio de organiza en los siguientes
departamentos: Sur, Oeste, Artibonite y Norte; cuyos
límites fueron establecidos por la ley de la Asamblea
Central de Santo Domingo con fecha 10 de julio de 1801.
Los demás Departamentos serán designados por una ley que
fijará sus límites.
Proclama de Boyer de inicio a la Dominación
Haitiana
(Fragmento)
El pabellón nacional flota sobre todos los puntos de
la Isla que habitamos! Sobre este suelo de libertad ya
no hay esclavos, y no formamos todos sino una sola
familia, cuyos miembros estan unidos para siempre entre
sí por una voluntad simultánea, que dimana de la
concordancia de los mismos intereses; y así estan en su
entera ejecución los artículos 40 y 41 de nuestra
Constitución.
Mas para hacer durable la obra de nuestra reunión y
consolidar la independencia de nuestro país, es
necesario tomar en lo pasado lecciones de experiencia
que os enseñen á evitar los escollos que no habéis
superado sino por un valor y heróicos sacrificios;
Y voz ciudadanos de la parte del Este, voz habeis
sido desgraciados por largo tiempo; leyes arbitrarias y
prohibitivas os han obligado a vivir en medio de las
privaciones y del atortolamiento; con todo había
combatido para recobrar vuestros derechos; pero los que
estaban encargados de dirigiros os volvieron á poner
bajo la dependencia de la metrópoli que os había
repelido de su seno traficando con vuestra sumisión. Al
fin os habeis movido espontáneamente, habeis querido ser
libres y haitianos como nostros, y lo habeis conseguido:
olvidad pues vuestra antigua condición, no pensar sino
en la de que vais a gozar; abrid vuestros corazones á
la alegría: vuestra confianza en el gobierno no será
engañada; éste se ocupará del cuidado de curar las
profundas llagas que ha formado en vosotros un sistema
antiliberal...
Haitianos, ¡en vano pretenderian nuestros enemigos
alarmar las potencias estrangeras sobre la reunión de
todo nuestro territorio! Los principios establecidos por
los artículos 40 y 41 de nuestra constitución, que nos
dan el océano por limite son tan generalmente conocidos
como los designados en el articulo 5 del mismo acto, y
por los cuales nos hemos obligada á no hacer jamas
empresa alguna tendente á tumbar la paz de nuestros
vecinos.
Viva la independencia! Viva la Libertad! Viva la
República!
Boyer
Dado en el Palacio nacional de Santo Domingo á 9 de
Febrero de 1822. Año 19 de la Independencia de Haití.
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DE ULTIMA HORA - DE ULTIMA
HORA
Rebeliones contra la Dominación Haitiana
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Se describen las principales
conspiraciones contra el régimen de Boyer, comenzando por la
"Revolución de Los Alcarrizos" |
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Cuatro de los
conspiradores de Los
Alcarrizos fueron
fusilados. |
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Santo Domingo, 10 de febrero de 1844.- . Una
de las primeras manifestaciones de que la unidad de los
dominicanos bajo el nuevo orden de cosas patrocinado por
los haitianos no era unánime, lo constituyó la
denominada “Revolución de Los Alcarrizos” que estalló a
principios de 1824, es decir, dos años después del
inicio de la dominación haitiana.
Este movimiento tenía por objetivo destruir el
dominio haitiano y pasar a la parte del Este, de nuevo,
bajo la bandera de España. Recibió su nombre de la
población, cercana a Santo Domingo, de donde provenía
uno de sus principales cabecillas.
El 15 de febrero de 1824 se celebró una reunión para
ultimar los detalles de la rebelión que encabezaba
Baltazar de Nova, y que tenía como protagonistas al cura
Pedro González, párroco de Los Alcarrizos; Lázaro Núñez,
capitán de la misma sección y José María de Altagracia,
de Higüero. Sin embargo, el cabecilla Nova tuvo la
imprudencia de adelantarse a la hora del golpe,
reuniendo hombres a la vista de todos en las
inmediaciones del poblado de San Carlos, los cual puso
en alerta a las autoridades encabezadas por el
gobernador Borgellá, quien reunió unos 200 hombres del
regimiento haitiano No. 12 para perseguir y dispersar a
los amotinados.
Los capturados, como era de esperarse, fueron
sometidos a juicio, y condenados el 8 de marzo, a la
pena de muerte Lázaro Núñez, José María de Altagracia,
Facundo de Medina y Juan Jiménez.
El presbítero Pedro González, Ignacio de Suárez, José
Ramón Cabral y José Figueredo, fueron condenados a cinco
años de prisión y otros más a penas menores. La
sentencia fue ejecutada al día siguiente.
La severidad de las penas motivó a otros dominicanos
no afectos con el nuevo estado de cosas a emigrar del
país. De las regiones del Cibao, se citan a los Rojas,
Espaillat, Pichardo, Portes, Salcedo y Del Monte, como
del grupo de los emigrantes que salieron hacia Puerto
Rico y Cuba.
El cabecilla de la rebelión, Baltazar de Nova, fue
juzgado en contumacia y condenado a muerte, pero pudo
escapar por el puerto de Cabo Haitiano. Se ha sabido que
falleció hace algunos años en Venezuela.
Esta rebelión fue considerada muy importante tanto
por dominicanos como por haitianos que entendían que la
misma contaba con posibilidades de triunfo. Sin embargo,
la debilidad del medio, así como la rápida y vigorosa
represión de las autoridades haitianas, impidió su
victoria final.
Es importante destacar la presencia de un miembro de
la iglesia en el movimiento, pues la misma reafirma el
general sentimiento de repulsa que este sector de la
población sentía frente al nuevo orden de cosas, sino
que, además, su prisión motivó los más airados
comentarios.
Conspiración del Arzobispo Valera
El gobierno español inició gestiones tendientes a
reclamar al gobierno haitiano la devolución de la parte
del Este de la isla. Como es de esperarse, estas
pretensiones del gobierno español fueron rechazadas por
los haitianos alegando la teoría de los “derechos
perdidos”, pues la ocupación haitiana se había realizado
luego de que España perdiera sus derechos sobre la parte
del Este a consecuencia de la Independencia Efímera del
Dr. Núñez de Cáceres.
Sin embargo, estas reclamaciones levantaron el ánimo
de los grupos pro españoles que quedaban en esta parte,
encabezados por el Arzobispo monseñor don Pedro Valera
y Jiménez.
El gobernador Borgellá sospechaba que el prelado
estaba en combinaciones con elementos afectos al grupo
pro-español, principalmente con el nombrado Francisco
Solá y otros individuos, quienes, según informaciones,
se habían embarcado hacia Puerto Rico y Cuba, posesiones
españolas, para obtener recursos para un levantamiento.
Según se ha informado, el gobierno haitiano mandó a
asesinar al Arzobispo con un matón de apellido Romero,
el cual se arrepintió a ultima hora y pidió perdón al
prelado por la acción que intentaba.
Este incidente llegó a conocimiento de la población
de Santo Domingo, lo que constituyó una situación
bastante embarazosa para el gobierno haitiano, que ante
la misma, expidió pasaporte al Arzobispo, para que
abandonara el país, lo que hizo embarcándose por La
Habana en julio de 1830.
Ante la situación creada, otras familias optaron por
emigrar hacia las posesiones españolas en el Caribe.
Conspiración de La Reforma
El movimiento más importante, sin embargo, iba a
salir de las propias filas haitianas: La Reforma.
Como se sabe, en el año 1823, Boyer debió sofocar
varias conspiraciones de los partidarios de España en la
parte del Este, un motín contra las tropas haitianas que
vigilaban a un grupo de trabajadores que limpiaban el
camino de Santiago a Puerto Plata, y en 1824 debió
reprimir con mano dura, la rebelión de Los Alcarrizos.
Sin embargo, el mayor peligro para el régimen de
Boyer provenía de los militares haitianos que
encontraron motivos de queja en el tratado que reconoció
la independencia de Haití a cambio de una indemnización
de 150 millones de francos, así como en la crisis
económica que afectaba, particularmente, al sector de
bajos ingresos de la población de la isla.
No es sorpresa, pues, que el los dos años más
importantes movimientos contra Boyer ocurrieran en el
mismo año, 1838, aunque por motivos diferentes: la
conspiración para asesinar al presidente Boyer y a su
Secretario General, el ministro Inginac, y la
conspiración dominicana iniciada con la fundación de la
sociedad secreta “La Trinitaria”.
Hubo conspiraciones haitianas también en el 1837,
encabezadas por militares negros del norte, aplacadas
por la cuestión racial, que en Haití también tenía sus
implicaciones.
Se sabe que los dominicanos, activados por la labor
conspirativa de Juan Pablo Duarte, habían iniciado
movimientos aislados de conspiración desde el año 1834,
pero no es sino hasta julio de 1838, cuando el plan toma
forma con la organización de La Trinitaria.
Las desavenencias en el seno del gobierno haitiano
por la labor de algunos diputados desafectos al régimen
y la represión a que fue sometido el cuerpo legislativo
en general, y los diputados opositores en particular,
solo dejaron abierta la vía de la revolución contra el
gobierno de Boyer.
Los opositores al régimen de Boyer en Haití se
organizaron en una “Sociedad de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano”, dirigida por H. Dumesle, que promovía
banquetes con charlas y discursos en los que se
enaltecían las ideas liberales y la necesidad de
reformar el estado haitiano.
El gobierno sabia que detrás de los banquetes había
una actividad conspirativa de primer orden, sobre todo
en los pueblos del Norte como Los Cayos y Jeremie, pero
no pudo actuar contra ellos, porque el terremoto del 7
de mayo de 1842 consumió todas las energías del régimen
que ahora tenia que luchar también contra los elementos
y el pillaje desatado en las ciudades destruidas,
principalmente en Cabo Haitiano y Santiago
En septiembre de 1842, la Sociedad lanzó un
manifiesto en el que atacaban el absolutismo de Boyer y
en el interím se designo al general Charles Herard como
comandante del movimiento.
Finalmente, el golpe fue dado el 27 de enero de 1843,
en Praslin, en la finca de Herard y apoyado por la
juventud de Santo Domingo en marzo de ese año. El
gobierno de Boyer cayó el 14 de marzo y con él
finalizaron veinticinco años de dictadura en Haití, de
los cuales, la parte del Este tuvo que sufrir 21 largos
años.
El triunfo del movimiento haitiano desataría las
fuerzas contenidas de los dominicanos, ya organizados
desde 1838, como veremos en la próxima entrega de El
Diario de la Independencia.
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Sociedad La Trinitaria, el más importante movimiento
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S.d. La Sociedad Secreta “La Trinitaria”,
considerado el más importante movimiento de los que
persiguen la desaparición de la dominación haitiana, fue
fundada hace unos seis años.
La sociedad fue fundada por Juan Pablo Duarte en la
mañana del día 16 de julio de 1838, día de Nuestra
Señora del Carmen en la residencia de la señora Chepita
Pérez de la Paz, ubicada en la calle de los Nichos,
frente a la Iglesia del Carmen de esta ciudad. El
propósito primordial de esta agrupación era lograr la
independencia de la Parte del Este de la isla de Santo
Domingo.
Por lo que hemos sabido, los miembros fundadores de
la sociedad fueron el joven comerciante Duarte, y sus
amigos Pedro A. Pina, Jacinto de la Concha, José Maria
Serra, Juan N. Ravelo, Felipe Alfau, Félix Mª Ruiz,
Benito González y Juan Isidro Pérez.
Se cuenta que los iniciados hicieron un juramento de
independizar la patria o morir y que sellaron este
juramento con su sangre, como señal de compromiso
ineludible. Cada uno de ellos se comprometió a difundir
el ideal de la independencia entre sus amigos y
relacionados y a obtener nuevos adeptos a la causa.
Todos los integrantes de la sociedad son jóvenes
pertenecientes a la sociedad de Santo Domingo, con
edades que fluctúan entre los 27 años de edad de
González y los 17 de Pina. Duarte tenía 25 años de edad,
al momento de la fundación de la sociedad.
La agrupación estaba organizada en forma muy similar
a la existente en organizaciones conspirativas europeas
y latinoamericanas, como la de los Soles de América, de
la que se ha dicho es una copia casi exacta.
La característica de esta organización es que inicia
los adeptos en células revolucionarias sin que se sepa
el nombre del líder de la revuelta. Cada célula
revolucionaria está compuesta de tres miembros y cada
miembro está en la obligación de conseguir dos miembros
más, para así seguir ampliando la cadena revolucionaria.
Al cabo de unos pocos años después de su fundación,
la mecha encendida por Duarte era un incendio
revolucionario de grandes proporciones.
Cuando se planea en Haití derrocar al gobierno de
Boyer, los dominicanos escondieron el verdadero móvil de
sus actos, pues era estratégicamente correcto contribuir
a la debilidad del enemigo para dar el golpe de la
separación.
Es por ello que conocedores del movimiento del
general Hérard para derrocar a Boyer, los trinitarios se
movilizan y envían emisarios a Haití a lograr la
combinación para el golpe. El segundo emisario, que
hemos sabido fue el señor Matías Ramón Mella, logró
hacer el contacto y obtener la participación dominicana
en la revuelta.
El golpe se concretó el pasado 24 de marzo de 1843, y
en la confesión que siguió, algunos exaltados
dominicanos gritaron “viva la independencia”.
La conspiración de La Reforma fue la más exitosa de
todas las intentadas contra el gobierno de Boyer y la
misma permitió a los dominicanos participar activamente
en las labores revolucionarias que se habían trazado
desde la fundación de la sociedad secreta La Trinitaria
en 1838.
La proclamación de La Reforma en Santo Domingo costó
sangre de ambos lados. Por lo menos cinco muertos y un
número indeterminado de heridos, fue el resultado de la
confusión que resultó al abrir fuego las tropas y
responder algunos de los amotinados. Por lo menos,
cuatro soldados haitianos, incluyendo un oficial,
aparecen entre las bajas, así como un joven venezolano,
de nombre Toribio, de parte de los revolucionarios.
Detallan organización
Los detalles de la forma en que estaba organizada la
sociedad secreta “La Trinitaria” están saliendo a flote,
y de Duarte, el líder del movimiento y cerebro de la
independencia.
“Imitación exacta de la célebre conspiración de los
Soles de América, dice Félix María del Monte, estaba
materializada por un círculo cuyo centro ocupaba el
corifeo. El nombre de éste, conocido únicamente por los
iniciadores principales, no podía ser descubierto por
los otros”. Y afirma que tenía de especial este modo de
proceder que los que daban principio a las iniciaciones
de nuevos miembros estando aisladas y misteriosamente en
inmediata relación con el centro.
Añade el joven revolucionario que el centro
comunicaba privadamente con los primeros iniciadores,
los cuales sólo conocían a dos de los iniciados y estos
dos no conocían más que a otros dos que iniciaban entre
personas de su confianza, normalmente parientes y amigos
íntimos, y cuyos sentimientos conocían profundamente. De
este modo, afirma el señor Del Monte, se precavía el
caso de una denuncia y se designaba una sola víctima,
pues “dos hombres viles no podían convencer de
conspiración a otros más que su iniciador, continuando
así la ocupación del radio sin solución de continuidad
sensible, sin remoto peligro de la disolución”.
La Trinitaria estaba organizada en células
revolucionarias compuestas por tres personas: el
iniciador y dos iniciados. Cada uno de éstos, tenía la
obligación de iniciar a dos más y así, formar una nueva
traída revolucionaria.
Los mecanismos de defensa utilizados por los primeros
iniciados incluían códigos de señales, alfabeto
criptográfico, seudónimos, insignias y colores.
Todos usaban un seudónimo para sus comunicaciones
secretas. El seudónimo de Duarte era Arístides,
Temístocles el de Ravelo, Leonidas el de Benito González,
Simón, el de Alfau, entre otros.
Duarte escogió el color azul, color del cielo. Según
se ha confiado a El Diario de la Independencia, pidió la
amarilla, pero Juan Isidro Pérez le dijo “esa es la mía,
significa política... La tuya es azul celeste, que
significa gloria, y es la que te pertenece. Sánchez
adoptó el color verde, que significa esperanza y la de
Pina fue la roja, símbolo del “fuego sagrado que ardía
en su corazón”. Estos colores eran usados para sumar el
número de los nuevos afiliados al credo independentista.
Así, cuando Duarte daba cuentas de los nuevos
“conmilitones” como los llama Rosa Duarte, la hermana
del prócer, afirmaba: tantos verdes, tantos rojos, etc.
Todos los trinitarios debían prestar un juramento de
fidelidad a la patria y al credo revolucionario. La
sociedad adoptó un lema uno y trino y sus labores fueron
puestas bajo la égida de la Cruz de Cristo.
Es evidente que una organización de este tipo, en una
ciudad tan pequeña como la de Santo Domingo, tenía una
vida útil muy breve, pues en muy corto tiempo se podrían
iniciar todas las personas que se consideraran
confiables y necesarias para el éxito del movimiento. Es
por ello, que en corto tiempo, el joven Duarte debió
idear la creación de otras sociedades, ya de
presentaciones teatrales para promover la idea de la
independencia, ya para allegar fondos a la causa de la
separación. Esas nuevas sociedades, se llamarán “La
Dramática” y “La Filantrópica”.
La labor desarrollada por el adalid de la revolución
ha sido el resultado del trabajo paciente y minucioso de
un verdadero constructor de nacionalidades. A Duarte se
debe, todo lo que se ha logrado hasta el día de hoy, en
que parece estar tan cerca la independencia.
El Juramento de los Trinitarios
A continuación el juramento que debían prestar los
trinitarios al ser iniciados en el movimiento, tal como
lo recordó uno de los primeros miembros muchos años
después de la independencia. Esta versión ha pasado a
la posteridad como la verdadera.
“En el nombre de la santísima, augustísima e
indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo,
por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro
presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona,
vida y bienes, a la Separación definitiva del gobierno
haitiano y a establecer una República libre, soberana e
independiente de toda la dominación extranjera, la cual
tendrá su pabellón tricolor, en cuartos encarnados y
azules, atravesados por una cruz blanca. Mientras tanto
seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras
sacramentales: Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo
ante Dios y el mundo: Si lo hago, Dios me proteja, y de
no, me lo tome en cuenta, y mis consorcios me castiguen
el perjurio y la traición, si lo vendo”. |
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Informe de Hérard confirma
nacionalidad |
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La entrada de Hérard a
Santo Domingo, "fue
triste". |
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Santo Domingo . El informe rendido por el
presidente haitiano, general Charles Hérard Rivière (ainé),
viene a confirmar la individualidad nacional de los
dominicanos y su disposición de separarse del yugo
haitiano.
En su informe, el Presidente Hérard describe los
detalles de su visita a la parte del Este, de las
medidas que tomó para frenar la revolución dominicana y
la actitud que encontró en todos los lugares visitados.
La individualidad de los dominicanos, y el fracaso de
la dominación haitiana se ponen de manifiesto en el
mismo primer párrafo del informe cuando el presidente
haitiano afirma que “en Dajabón, primer pueblo del
nordeste, he encontrado un pueblo distinto, de otras
costumbres, de otras inclinaciones; con un idioma
diferente al nuestro, y me he visto obligado, la primera
vez, a buscar intérprete para mis comunicaciones del
pueblo”.
El propio presidente de la República describe su
entrada a la ciudad de Santo Domingo, como “triste.
Todas las puertas de los ciudadanos de origen español
estaban cerradas; solamente estaban abiertas las de los
ciudadanos de origen francés”.
En su informe, Hérard describe las detenciones que
ordenó en los diferentes pueblos del país visitados por
él y detalla algunas costumbres locales, como distintas
de las habituales del pueblo haitiano.
Es interesante destacar que, como parte del informe,
se detalla el descubrimiento de algunas prácticas
corruptas entre funcionarios haitianos, particularmente
en la ciudad de Puerto Plata donde el administrador de
la ciudad y el de las aduanas del puerto se estaban
enriqueciendo a expensas de los ciudadanos y del fisco.
En Macorís, cuenta Hérard, la bandera de la
revolución haitiana “La Reforma”, “había sido arrastrada
por el lodo” y destituídos todos los funcionarios de
origen francés y cuenta del arresto de Matías Ramón
Mella.
Lo más grave de todo el informe, sin embargo, es la
descripción del estado de abandono en que había dejado
el gobierno de Boyer a la parte del Este, pues en todos
los lugares descritos por el presidente Hérard faltan
elementos indispensables y en casi todos debió designar
personajes dominicanos en los principales puestos
públicos ante la impericia o ineptitud de los
funcionarios haitianos.
Como es sabido, el presidente Hérard ocupa la
presidencia de Haití desde el pasado mes de marzo de
1843, a consecuencia del triunfo de la revolución de La
Reforma que derrocó el gobierno de Juan Pedro Boyer. El
presidente Hérard nació en Port Salut, el 16 de febrero
de 1789, y era considerado hasta su ascención a la
presidencia haitiana como el caudillo militar del norte.
A consecuencia de su oposición al régimen, se vió
envuelto en la conspiración que estalló en Praslin y
culminó con el triunfo de los liberales haitianos.
Los dominicanos apoyaron este movimiento y en marzo
pasado se pronunciaron en la ciudad de Santo Domingo,
encabezados por el joven comerciante Juan Pablo Duarte.
Como resultado del alzamiento las actividades
revolucionarias de los dominicanos se intensificaron, lo
que motivó la visita de Hérard.
A consecuencia de estas persecuciones, los líderes
del movimiento independentista debieron exiliarse, como
es el caso de Duarte, entre otros, y algunos, como
Sánchez, esconderse y fingir su muerte para evitar las
presiones de los haitianos.
Este documento viene a subrayar la certeza de las
pretenciones dominicanas y el fracaso del gobierno
absolutista de Boyer en lograr la unificación de las dos
partes de la isla, cuya individualidad y destinos
separados parece ser un hecho que sólo espera la
confirmación de una proclamación formal.
Narran degüellos de Moca y Santiago
Los degüellos de Moca y Santiago han sido narrados
por testigos de las ocurrencias y los mismos, pasados de
tradición en tradición, han servido para ir creando un
sentimiento antihaitiano que las medidas tomadas por el
presidente Boyer, primero y por su sucesor Hérard
después, no han hecho nada por superar.
En Santiago, el degüello ocurrió cuando las tropas se
dirigían hacia Santo Domingo, a consecuencia de la
resistencia que encontraron los haitianos. El de Moca,
fue una consecuencia de la táctica de “tierra arrasada”
cuando ya el ejército haitiano regresaba del sitio de
Santo Domingo a defender sus posiciones en la parte del
Oeste
Un testigo de los acontecimientos, el señor Gaspar de
Arredondo y Pichardo, vecino de Santiago y uno de los
pocos que escapó al degüello, narra los hechos de la
siguiente manera:
... Los negros entraron en la ciudad como unas
furias, degollando, atropellando y haciendo correr la
sangre por todas partes. La consternación fue general.
La honestidad, el pudor, la decencia, todo estaba en la
calles y en las plazas a la diez del día, y aun en los
templos a merced de la brutal conscupiscencia que
estremecía la naturaleza...
El que escapó en el templo murió en la calle al
salir. Corrían los perseguidos a buscar asilo en las
casas de los sacerdotes y éstos fueron también mártires
de su furor. Este lamentable estado vino a calmar
después que ya no habían quedado vivos más que los
eclesiásticos y tal cual que por empeño de Campos
Tavárez, se reservó como prisionero. Solo escaparon de
la refriega, estando en ella don José Minuesa, don
Carlos Mejías, don Simón de Rojas y el autor.
Varios paisanos viéndolos todo perdido se refugiaron
en Moca y para ganar tiempo formaron de pronto una
diputación que presidiera el cura Fray Pedro Gómez y
Geraldino y se le presentare a Cristóbal a nombre del
pueblo a rendirle pleito homenaje, lo que bastó por
entonces para que esta jurisdicción gozare unos días de
indulto. Cristóbal les ofreció protección autorizando al
cura a continuar su ministerio...
En efecto se acercaron y nos informaron de que en
Moca el 3 de abril de 1805, habían los negros pasado a
chuchillo aquella mañana a todo viviente, para cuyo fin,
el comandante Joubert había llegado allí con tropa,
dando la orden de que las mujeres de todas clases y
edades se reunieran en la iglesia y los hombres en la
plaza... Todos obedecieron creyendo que se iba a
proclamar algún indulto o gracia a favor de ellos, y el
indulto fue degollarlos a todos luego que se verificó la
reunión prevenida, como a ovejas encorraladas. Que los
negros luego que consumaron el sacrificio espantoso,
sacrílego y bárbaro, abandonaron el pueblo: El padre
Geraldino no se sabía de él; después se supo que los
negros se lo llevaron al retirarse del sitio que
pusieron a la capital”.
Los Partidos de la Independencia
A partir de la edición del lunes, El Diario de la
Independencia comenzará a publicar una serie de trabajos
acerca de los diferentes partidos que buscan terminar
con la dominación haitiana. Como es sabido, por lo menos
cuatro grupos se disputan la supremacía del movimiento
para dar el golpe de la independencia, pero no todos
persiguen los mismos objetivos posteriores. Por una
parte, están los grupos conservadores divididos en
varios grupos menores, que buscan la independencia a
través de un protectorado de potencia extranjera. Entre
ellos los hay pro-franceses, pro-españoles y pro-ingleses,
por lo menos. Otro grupo conservador, que encabeza don
Tomás Bobadilla y Briones, no está definido a favor de
cuál potencia se inclina, aunque parece favorable a
Francia. Por el otro lado, están los Duartistas, o de la
independencia “pura y simple”, que entienden que los
dominicanos tienen suficiente capacidad para dar el
golpe de la emancipación sin necesidad del apoyo de
potencia extranjera alguna. |
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Informan propósitos Grupo Pro-francés
Santo Domingo. Febrero 10, 1844 .- Uno de los grupos con más poder de
convocatoria y con más simpatías en el país lo constituye el
grupo pro-francés que encabeza un grupo de diputados a la
Asamblea Constituyente haitiana.
Este grupo está en tratativas desde finales del pasado año
1843, con los funcionarios consulares franceses, tanto en Puerto
Príncipe como en Santo Domingo, señores A. M. Levasseur y
Eustache J. de Saint Denys, respectivamente.
Los cabecillas de esta facción son los señores Buenaventura
Báez, próspero hacendado de Azua, Manuel María Valverde,
sacerdote, José Caminero, médico y traductor de los tribunales
de la República y el abogado y comerciante Manuel Joaquín
Delmonte, entre otros.
Estos funcionarios firmaron el pasado 15 de diciembre en
Puerto Príncipe, el llamado Plan Levasseur, en el que solicitan
la protección del gobierno francés para sostener la
independencia del nuevo país.
Con tal motivo, el 1 de enero de 1844, los “afrancesados”,
como es llamado el grupo, lanzaron un manifiesto al país en el
que anuncian sus propósitos. El manifiesto fue puesto a
circular en Azua.
Reporteros de El Diario de la Independencia se han enterado
de que los grupos trinitarios fueron cogidos con la guardia baja
pues pensaban que el grupo afrancesado se había debilitado de
tal modo “que sólo los Alfau y los Delgados” permanecen en él,
pero la realidad de los hechos era que los pro-franceses estaban
laborando secretamente en Puerto Príncipe, donde se asentaba el
cónsul francés Lavasseur, avanzando sus planes de protectorado.
Según hemos sabido de fuentes que nos merecen entero crédito,
el golpe de independencia de los afrancesados, para luego
solicitar el protectorado de Francia a cambio de la cesión de la
península de Samaná, será dado el 25 de abril de este año,
aprovechando la cercanía de una flota francesa, despachada a tal
efecto, que apoyaría inmediatamente los planes de este grupo.
Por esta razón, los grupos duartistas han estado buscando
adelantar el golpe y por eso mismo lanzaron su Manifestación del
16 de enero pasado en la que se anuncian la inminencia de la
asonada emancipadora.
Es evidente que, salga triunfante o no este grupo emancipador
en sus pretenciones, tendrá un peso muy importante en los
acontecimientos que se avecinan pues reúne un extraordinario
poder económico y una alta capacidad de negociación. Son todos
políticos muy duchos, personas muy conocidas y queridas en el
pueblo, con una alta capacidad para reunir entre amigos
familiares y relacionados, importantes fuentes de recursos tanto
humanos como financieros.
El proyecto de los afrancesados es visto con simpatías por
los sectores poderosos porque garantiza las propiedades de éstos
en caso de una represalia haitiana contra la independencia,
aparte de los beneficios económicos que daría una estrecha
relación con Francia.
Los duartistas, por su parte, sostienen que el país cuenta
con los medios para lograr su independencia y sostenerla en caso
de una invasión haitiana. Es obvio, sin embargo, que al final de
cuentas, ambos grupos tendrán que pactar, porque si el golpe lo
dan los duartistas, las represalias las sufrirá todo el mundo y
si el golpe de emancipación es dado por los afrancesados, será
necesario el concurso de los jóvenes duartianos para formar el
núcleo del ejército y motivar a la juventud frente al nuevo
estado de cosas.
Los acontecimientos dirán quién tendrá la razón en esta pugna
entre el interés económico y el ideal revolucionario…
Exposición del grupo Pro-francés
(Fragmento)
... El día 9 de Febrero siguiente hizo Boyer su entrada
pacífica en Santo Domingo... empleando los medios siguientes
para arruinar la bella parte española;
1º Se empezó por declarar la libertad general de los
esclavos, agotándose con este golpe la riquesa general, y
arruinando el pays;
2º Se formaron nuevos regimientos, y para ello se reclutaron
los jóvenes más distinguidos de la ciudad, principalmente los
alumnos de la Universidad, que con este golpe se destruyó. Las
familias huyeron despavoridas ... y la emigración privó esta
parte de más de Diez mil habitantes.
3º Como la mayor parte de estos emigrados no podían realizar
sus bienes raíces, se vieron en la necesidad de constituir
apoderados; pero esto fue inútil, porque el Estado se apoderó de
todos los bienes de los ausentes.
4º Se sancionó el 8 de julio de 1824 una ley tiránica, cuyos
fines eran, 1º Despojar a la parte del Este de la mayor parte de
sus propiedades, sobre todo rurales, atropellando el sistema de
comunidad que abrazaba casi la totalidad de dichos bienes. 2º
Despojar las Iglesias, comunidades religiosas, Hospitales &å de
todos los bienes de que eran propietarios.
5º Se substituyó a la moneda fuerte por una moneda nacional
que no solo disminuyó la riqueza pública en razón de su ínfimo
valor; sino que introdujo una parálisis en las operaciones
comerciales.
6º Después de la promesa formal hecha por el Jefe de Haití,
en su proclama de 1822, de conservar los usos, costumbres, &å de
la parte del Este, dio órdenes reiteradas para que todos los
actos públicos se hicieran en francés, lo que equivalía a decir
que casi ningún habitante del Este fuese empleado.
7º Consecuente a este sistema exclusivo, en veinte y un años
transcurridos desde la reunión de la República, hasta enero de
1843, ni un solo Español fue elevado al grado de general de
Brigada...
8º La Religión Católica, Apostólica, Romana, ... fue
vilipendiada, y perseguida no obstante la protección consagrada
por la Constitución.
9º Insensiblemente introdujeron los nuevos huéspedes sus
costumbres viciosas en una población que no solo veneraba la
moral pública, sino que era excesivamente escrupulosa, en la
moral privada.
Tales son los puntos esenciales que han operado el desagrado
general de la parte española, y aunque es verdad que, al romper
la Revolución de 1843, se entrevió un rayo de esperanza..., los
hechos han desengañado a los hombres sensatos, capaces de
pensar.
PARA EVITAR SEMEJANTE SITUACIÓN ES QUE LOS HABITANTES DE LA
ANTIGUA PARTE ESPAÑOLA INVOCAN EN SU AUXILIO LA ALTA PROTECCIÓN
DE LA FRANCIA,
Bajo las siguientes estipulaciones:
1º La parte oriental de la isla de Santo Domingo conocida
como española, tomará el nombre de República Dominicana, libre e
independiente y se administrará por sí misma;
2° La Francia se obliga a ayudar a su emancipación, a
suministrarle todo lo que fuere necesario para establecer y
consolidar su gobierno como también a darle los subsidios
necesarios para las necesidades urgentes de la administración;
3° Armas, municiones de guerra y de boca serán dadas por
Francia en cantidad suficiente para armar la parte activa de la
población que será llamada bajo las banderas de la
independencia;
4º El gobierno francés nombrará un gobernador encargado del
poder ejecutivo cuyas funciones durarán diez años. Sin embargo,
Francia se compromete a no retirar este gobernador si el Senado
de la República decreta la continuación de sus funciones;
5º Los puertos de la República se abrirán a los emigrantes de
todas las naciones;
6º En reconocimiento de la alta protección de Francia la
nueva República hará el abandono de la península de Samaná y la
cederá a Francia.
Puerto Republicano, Diciembre de 1843
Firmados: Buenaventura Báez- M. M. Valencia- José Díaz de
Peña-Nepomuceno Texera- Francisco X. Abreu- M. A. Roxas- Remigio
de Castillo. |
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GRUPO BOYERISTA (ANTIHAITIANOS)
PODRIA SER LA CLAVE PARA LA INDEPENDENCIA NACIONAL
Bobadilla. Lo encabeza el
veterano político Tomás Bobadilla y Briones, reconocido por su capacidad
para hacer amarres políticos
Santo Domingo, 23 de febrero de 1844.- Aunque no tiene el
poder económico de los afrancesados ni la capacidad de
convocatoria y el idealismo de los trinitarios del grupo
duartista, los burócratas y políticos avezados que forman el
denominado grupo "boyerista", pudieran tener la clave en el
movimiento que busca la proclamación de la independencia
nacional.
Esto así, según los observadores, porque este grupo puede
actuar como un comodín entre los demás grupos que tienen
posiciones aparentemente irreconciliables.
Los boyeristas o "antihaitianos" son encabezados por don
Tomás Bobadilla y Briones, veterano político y uno de los
hombres con más capacidad para realizar combinaciones políticas
del país.
El señor Bobadilla y Briones, abogado de unos sesenta años,
nacido en Neyba, es reconocido como un hombre de éxito y aunque
un sector de la juventud lo recela por sus conocidos vínculos
con el régimen de Boyer, todos le reconocen su extraordinaria
capacidad y los aportes que puede hacer al movimiento,
despertando confianza entre los sectores poderosos y trayendo
experiencia de estado a los jóvenes de La Trinitaria.
Como es sabido, uno de los problemas que tiene el movimiento
independentista es que las ideas de los trinitarios encuentran
cierta resistencia entre las clases pudientes del país, que
temen la represalia haitiana y que no encuentran entre los
líderes del movimiento, una persona de confianza, a la cual
puedan plantear, en confidencia, sus preocupaciones sobre el
futuro del país.
La llegada de Bobadilla al grupo trinitario le facilita ese
hombre, y a través de él, el puente necesario para sumar otros
personajes sociales de valía que den sustancia económica, y, por
tanto, viabilidad al esquema diseñado por Juan Pablo Duarte,
ahora exiliado en Curaçao.
Se sabe que Bobadilla es partidario de que se incluya en
cualquier combinación al señor Pedro Santana, prestante
propietario de hatos de El Seybo, y quien desde hace algún
tiempo está ligado a las protestas contra la dominación
haitiana, al extremo de que el presidente Hérard ordenó su
prisión.
Es evidente que la presencia de Santana permitiría a la causa
de la independencia contar con un hombre capaz de liderear el
ejército y en condiciones de aportar también numerosos efectivos
entre sus relacionados de la región Este, donde se asienta gran
parte del ganado del país.
El mérito de haber reclutado al señor Bobadilla para el
movimiento independentista corresponde al señor Matías Ramón
Mella, quien además lo encargó para que redactara la
Manifestación de los pueblos de la Parte del Este, lanzada el 26
de enero pasado, en la que se enumeran las causas de la
independencia, el nombre del nuevo estado, el gobierno
provisional que lo regirá y otras disposiciones de tipo
administrativo.
Bobadilla es una persona muy conocedora del medio y a través
de la cual, los demás grupos pueden establecer puentes de
comunicación tan importantes para el éxito de la lucha.
Se sabe, que el señor Bobadilla, en caso de que triunfe el
movimiento emancipador, será una de las principales figuras del
nuevo orden.
Los hechos, como de costumbre, tendrán la última
palabra.
Con esta crónica termina la serie de los Partidos de la
Independencia que publicó El Diario de la Independencia como una
forma de ilustrar a los amigos lectores acerca de las
interioridades del movimiento.
Recuerdan fundación del Colegio de Gorjón
Un Comentario
El Colegio de Gorjón, segunda institución de estudios
superiores fundado, un día como hoy, en la isla Española, no
pudo rendir sus frutos por el egoísmo de los hombres.
Hoy se recuerda el intento del caballero Hernando de Gorjón
de fundar una cátedra con los fondos generados por su ingenio de
azúcar y sus correspondientes esclavos, pero las altas deudas
que dejó al morir, y la avaricia de sus acreedores fueron un
obstáculo insalvable a sus pretensiones de perpetuar su nombre a
través de las letras y de la enseñanza.
En el año 1558, este caballero, por testamento, afirmó su
intención de crear este colegio para enseñar latinidad,
matemáticas, física, los clásicos estudios medievales. Su
fundación fue aprobada por Real Decreto y las clases se
iniciaron bajo los mejores augurios. Pero apenas en diez años,
la voracidad de los acreedores del señor Gorjón, obligó a
reducir sus ofrecimientos a una mera escuela de primeras letras
hasta desaparecer por completo.
Recuérdese que veinte años antes, en 1538, se había fundado
en esta ciudad, la Universidad de Santo Tomás, o de Santo
Domingo, primada de América, que irradió luz y saber por todo el
Continente. En estos días de 1844 permanece cerrada, a pesar de
las necesidades de la juventud dominicana por ilustrarse y
enfrentarse armada de conocimientos al porvenir.
Tanto en un caso, como en el otro, la escasa visión de los
hombres intenta frenar el desarrollo de las potencialidades de
la juventud. Pero a la larga, ésta siempre se impone. |
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La
Independencia Efímera
Sin el interés de España fuimos anexados
nuevamente por la guerra de La Reconquista y el resultado de esa guerra sumió a
la posesión española en la más profunda miseria y desorganización, cuando Haití
amenazaba con invadir la parte oriental que permanecía siendo esclavista y por
tanto un peligro para su República.
Dice Frank Moya Pons en su Manual de Historia Pág. 213 lo siguiente: “En ese
entonces ya Sánchez Ramírez había muerto y gobernaban la colonia interinamente
el Coronel Manuel Caballero y el Lic. José Núñez de Cáceres, este último con el
cargo de Teniente de Gobernador e Intendente Político”. Traemos este pasaje a
colación para documentar que Núñez de Cáceres era parte del gobierno colonial y
que cuando el 1 de Diciembre de 1821 declara la independencia del Haití Español,
como le llamaron, (hoy le hubiéramos denominado un autogolpe) era con la clara
intención de colocándose bajo el protectorado de La Gran Colombia, mantenerse en
el poder sin cambios radicales en el orden social.
Nos dice el historiador Lic. Franklin Franco en su trabajo titulado “La Sociedad
Dominicana de los Tiempos de la Independencia” y recogido por la Universidad
INTEC en su libro “ Duarte y La Independencia Nacional” :Pág. 18 y refiriéndose
a las motivaciones de la declaración de la Independencia Efímera: “La
aristocracia colonial, estrechamente vinculada a la administración burocrática,
moldeada en el vilipendio, el privilegio, la holgazanería, racista hasta la
médula, se inclinaba fervorosamente por el mantenimiento de la situación
imperante. Naturalmente, rechazando de plano cualquier modificación sustantiva
que, como en el caso de la Constitución de Cádiz, pudiera afectar sus
intereses.”
Como podemos ver, en ambos casos de las independencias, el país continuaba
gobernado por sus gobernantes tradicionales su mentalidad e idiosincrasia, hasta
llegar a nuestros días donde se repiten las mismas actitudes y estilos.
La ideología de nuestros Conquistadores continúa siendo la ideología dominante y
su escala de valores norman las conductas de nuestros pueblos y gobernantes sin
importar las siglas y declaraciones de principios que lleven a éstos últimos al
poder.
Hasta que no se retome el espíritu de nuestra independencia y con la visión de
nuestros próceres completemos nuestros procesos independentistas, hoy festinados
y traicionados, no acabaremos con la corrupción y la represión propia de los que
no aman sus tierras sino que las usan para el enriquecimiento fácil como única
meta de vida.
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Junta Central Gubernativa
Constituyó el primer gobierno que tuvo el
país en condiciones de vida independiente y republicana. La J.C.G. organizó y
dirigió las primeras acciones políticas y militares que consolidaron la
independencia nacional. Esta junta comenzó a estructurarse a raíz de la
proclamación de la República. (27-2-1844). Bobadilla, Sánchez, José Joaquín
Puello, Remigio del Castillo, Wenceslao de la Concha, Mariano Echavarría y Pedro
de Castro y Castro, y Mella formaron parte de ella. El segundo la presidió por
primera oportunidad, poco después la presidió Bobadilla. Siempre estuvo sacudida
por las contradicciones entre dos bandos: Liberales duartistas y conservadores
ligados a planes proteccionistas. Fue varias veces reconformada con otros
miembros.
A la J.C.G. sucedió el primer gobierno de Santana, luego que éste diera un golpe
de fuerza apoyado por militares y por conservadores y de la propia junta,
haciéndose nombrar, primero Presidente de la misma (julio 1844) y luego
Presidente de la República, en noviembre de ese mismo año.
Antes, en agosto de 1844 Santana expulsó del suelo patrio a Duarte, Sánchez y
Mella y otros trinitarios.
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Batalla
de Santiago (30 de Marzo)
(1844) (Santiago). Batalla librada entre las tropas independentistas dominicanas
y las del general Pierrot, quien comandaba una columna del ejército invasor
haitiano de Charles Herard. La acción se produjo a partir de las 3:00 p.m. del
30 de marzo de 1844. La plaza de Santiago estuvo defendida por tropas
dominicanas bajo la dirección de José María Imbert, Francisco Antonio Salcedo,
Fernando Valerio y otros oficiales. El numeroso ejército de Pierrot fue
derrotado por los dominicanos. Pierrot tras enterarse de la falsa noticia que
daba por muerto a Herard, se retiró dejando más de 600 bajas. A continuación el
informe del General Imbert sobre dicha acción:
Relación de la Batalla del 30 de marzo, Dios, Patria y Libertad, República
Dominicana, Santiago y Abril 5 de 1844 y 1º de la Patria. José Martí Imbert,
General Comandante del Distrito y las operaciones de Santiago.
A los miembros de la Junta Central Gubernativa.
El mando provisional del Distrito y de las operaciones de Santiago me fue
confiado el 27 de marzo próximo pasado, día de mi nombramiento; desde este día
tomé todas las medidas necesarias para activar los trabajos de tres baterías, a
las cuales se trabajaba desde algunos días antes con mucha lentitud. Di orden de
montar sin dilación los cañones, a saber, una pieza de a 8 en la batería
derecha, una de a 4 en la del centro y una de a 2 en la izquierda del lado del
río Yaque, lo que se ha efectuado en mi presencia.
Por combate de Talanquera entre nuestras tropas avanzadas y las del enemigo que
se había presentado con fuerzas superiores, supe luego que mis precauciones no
eran inútiles. Nuestras tropas en número muy inferior, se vieron en la precisa
necesidad de retirarse a esta ciudad, sin embargo de haber obtenido ventaja en
este combate en el cual el enemigo ha experimentado algunas pérdidas.
El enemigo, disimulando con mucho cuidado su marcha, se dirigió con precaución
sobre esta ciudad, no dejando a la vista sino algunos cien maroteros, pillando,
incendiando y devastando los lugares. El 29 ordené al Coronel Pelletier, antiguo
militar y guerrero en Europa, de salir a la cabeza de 400 hombres de infantería
que debían al instante ser reforzados por 100 de caballería del Macorís. El 30,
luego que el coronel iba a marchar con su tropa, fui prevenido que el enemigo
avanzaba sobre Santiago y que no dilataría en presentarse. Juzgué conveniente
dar el mando de todas las tropas que estaban en la sabana al dicho coronel, en
el cual tenía entera confianza.
El Coronel escogió inmediatamente para su ayudante al comandante de ingeniería
Archille Michell, dirigiéndole a la izquierda. Al instante rompióse el ataque.
Se había formado el enemigo sobre dos columnas de cerca de dos mil hombres cada
una. La primera se dirigió rápidamente en buen orden a las armas al hombro
procedida de un cuerpo de caballería hacia nuestra izquierda que era nuestro
punto de defensa el más débil. El Coronel Pelletier por mi orden, y según el
informe del Comandante Archille Michell que nuestra izquierda necesitaba ser
reforzada, hizo transportar al paso de carrera, la mitad de nuestros hombres del
centro, a la cabeza de los cuales se puso el Comandante Archille Michell; y fue
tal el entusiasmo de los nuestros que los hombres que custodiaban la batería del
centro, viendo a sus compañeros que iban a la izquierda, se precipitaron
también, dejando esta batería casi sola. Al instante ordené al Coronel Pelletier
que inmediatamente los hiciera reemplazar por otro destacamento. Seguidamente
los nuestros vinieron a las manos con el enemigo, principió una fusilería
bastante viva; el enemigo se atemorizó y retrocedió,quedando algunos de ellos
muertos por nuestras lanzas y machetes.Volvió, sin embargo, con mucha
intrepidez, principió el fuego de nuestras piezas y la mortandad del enemigo los
hizo detener un instante en su marcha: su caballería fugó y no apareció más en
toda la acción; pero poco después recobrando ánimo el enemigo, volvió de nuevo
al ataque a paso de carga y en columna cerrada. Con el mismo vigor fue recibido
por los nuestros y nuestra artillería le mató tanta gente, que renunció a nuevos
esfuerzos de ese lado y se retiró para juntarse con la otra columna. El enemigo
habiendo así reunido todas sus fuerzas, atacó entonces nuestra derecha tan
furioso, que una docena de ellos vinieron a expirar al pie de nuestra batería de
derecha, muertos por nuestros fusileros. Esta pieza hizo sufrir grandes pérdidas
al enemigo; pero aunque rechazado, se presentó varias veces en buen orden. Por
última vez se presentó en columna cerrada y nuestra artillería dejándose avanzar
de frente, la pieza de la derecha tiró con metralla sobre esta masa e hizo al
centro un claro espantoso, la pieza de izquierda ejecutó lo mismo y ocasionó al
enemigo igual destrucción, de modo que la cabeza de la columna hasta su centro
fue reducida como a veinte hombres, que nuestros soldados de la batería de
derecha acabaron a tiro fusil.
Entonces el enemigo perdió enteramente el ánimo y cesó toda tentativa de ataque.
El combate había principiado a las 12 y siguió hasta las 5 de la tarde. El
enemigo mandó un parlamentario, y el nuestro salió a su encuentro al medio de la
sabana a distancia entre los dos ejércitos.
Parece que el enemigo no tenía sino un conocimiento confuso de los
acontecimientos de Azua en el día 19; pero después que nuestro parlamentario le
hubo dado informes, no dio a entender que la parte del Norte, de Haití cansada
del yugo de la del Sud, no estaba lejos de apartarse y de tratar con la
República Dominicana.
Como era ya tarde y que se aproximaba en la noche, se terminaron las
conferencias de este día después de una convención de parte y de otra de
suspender toda hostilidad durante la noche y hasta el éxito de las conferencias
que fueron transferidas para el día siguiente al amanecer.
El 31 por la mañana, después de varias conferencias, el General Pierrot,
comandante en jefe del ejército haitiano del Norte, me escribió que se iba a
retirar, pidiéndome la seguridad de poderlo hacer sin ser inquietado de mi
parte. Le he respondido por la carta que va aquí adjunta; pero él aun no la
esperó. Cuando se la demandé por nuestro parlamentario, ya se había retirado en
el mayor desorden, abandonando sus calderos, tambores y una infinidad de otros
objetos, y además víveres que le serán ciertamente de la más grande necesidad; y
esto fue por un rumor que se esparció entre ellos de que el General Villanueva,
de Puerto Plata, y el Teniente Coronel Francisco Caba, de la Sierra, venían por
detrás a atacarlos.
El enemigo fue en su retirada atacado en varios puntos por los nuestros de la
Sierra, y en todas partes le han muerto soldados. Tal es el éxito del ataque del
ejército haitiano de que se nos amenazaba tan altaneramente.
El enemigo no dejó en el campo de batalla menos de 600 muertos, y según el
efecto que produjo la metralla, el número de sus heridos ha de ser mucho mayor,
el camino que sigue en su retirada no es sino un vasto cementerio.
Por una protección manifiesta de la Divina Providencia, el enemigo ha sufrido
semejante pérdida sin que nosotros hayamos tenido que sentir la muerte de un
sólo hombre, ni tampoco haber tenido un sólo herido. Cosa milagrosa que sólo se
debe al Señor de los ejércitos y a la justa causa!
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Batalla de Palo
Hincado
Antecedentes (Tratado
de Basilea)
J. Marcano
Al tiempo que en la colonia
francesa de Saint Domingue ocurrían cambios provocados por la rebelión de los
esclavos, en Francia sucedían cambios políticos de primera importancia. El
gobierno burgués de los girondinos fue derrocado por los radicales jacobinos
quienes inmediatamente declararon la guerra a Inglaterra, Holanda y España,
potencias enemigas de la Revolución Francesa.
España fue a la guerra por
defenderse contra el republicanismo francés, pero la perdió y a mediados de 1795
se vio obligada a poner fin a la lucha firmando un tratado de paz en la ciudad
de Basilea, el 22 de julio de ese año. Con este tratado España logró recuperar
sus posiciones perdidas en manos de los franceses, a cambio de entregarles a
éstos la parte oriental de la isla de Santo Domingo.
Sin embargo, los españoles
continuaron ocupando y gobernando Santo Domingo hasta el 1801, cuando Toussaint
L'Ouverture, erigido por sí mismo en ejecutor del Tratado de Basilea, ocupó todo
el territorio oriental, hasta que fue desalojado en 1802 por los franceses
comandados por el general Leclerc, cuñado de Napoleón Bonaparte.
Gobierno francés
Durante la era francesa en
Santo Domingo, a partir de 1802 y sobre todo desde 1804, hubo sin duda
convencidos francófilos entre los dominicanos. El brillo de la Francia
napoleónica se percibió y surtió sus efectos en el país. Una vez rechazada la
invasión de los vecinos haitianos, se advirtió que se iniciaba una
administración competente y progresista; se advirtió que el gobernador francés,
general Louis Marie Ferrand, era hombre capacitado y bien intencionado.
Durante su gobierno, los
franceses se ocuparon de las labores de reconstrucción y consolidación de la
Colonia. Ferrand lanzó proclamas en el extranjero llamando a los franceses a
vivir en Santo Domingo; muchos acudieron al llamado lo mismo que algunas
familias españolas, y así continuaron las cosas mejorando increíblemente después
de tantas vicisitudes. En Samaná, por ejemplo, que hasta entonces había sido una
aldea pobre y olvidada, el Gobierno fomentó la plantación de cafetales que ya en
1808 prometían dar nueva vida a esta región, cuya población francesa creció
tanto que Ferrand llegó incluso a hacer preparar los planos de una moderna
ciudad que llevaría como nombre “Puerto Napoleón”. Los bosques de madera, que
hasta entonces habían sido explotados muy esporádicamente, fueron objeto de una
explotación regular, pues la caoba de la Isla por su belleza tenía gran demanda
en Estados Unidos y en Europa. Los impuestos fueron rebajados hasta el mínimo a
fin de ayudar a los habitantes de la Colonia a recuperar sus fortunas.
Ferrand estableció un gobierno
paternal, amparado en un decreto de Napoleón del año 1803 por medio del cual
ordenaba respetar los usos y costumbres españolas, especialmente en lo que a la
organización jurídica tocaba. Lo cierto fue que hubo colaboración entre la
población y las autoridades, aunque Ferrand, convencido de que los sentimientos
hispánicos seguían vivos entre la gran mayoría de la población, evitaba tanto
como era posible, las ocasiones de hacerles sentir su poder.
Toda esta tranquilidad vino a
quebrarse con motivo de dos acontecimientos que tuvieron lugar, uno en la
Colonia y el otro en Europa. El primero fue la orden de Ferrand a los habitantes
de la Colonia para que suspendieran todo trato comercial, en especial las ventas
de ganado, a la parte occidental de la Isla gobernada por los haitianos.
El otro acontecimiento que vino
a turbar la existente armonía entre franceses y dominicanos fue la invasión de
España por parte de Napoleón Bonaparte a principios de 1808. Este hecho, y otros
relacionados, se conocieron en detalle en las posesiones españolas casi
inmediatamente y ya en principios de mayo se sabía que Napoleón tenía la
intención de nombrar como Rey de España a su hermano José Bonaparte.
En Santo Domingo,
particularmente, en donde los franceses gobernaban a una población que todavía
seguía considerándose española, la traición de Napoleón contra los monarcas de
España provocó la indignación de los propietarios más importantes que ahora se
consideraban doblemente humillados al saber que también la Madre Patria había
caído bajo el dominio francés y al ver sus negocios lesionados por la
prohibición de vender sus ganados a los haitianos.
Juan Sánchez Ramírez
Algunos de ellos, como fue el
caso de don Juan Sánchez Ramírez, rico propietario de hatos y cortes de caoba en
los alrededores de Cotuí e Higüey, se indignaron en grado extremo y pensaron en
obtener la colaboración del Gobernador de Puerto Rico, y de la población
dominicana que había emigrado a esa isla, para luchar contra los franceses de
Santo Domingo de la misma manera que lucharían los españoles para expulsar a los
invasores de la Península.
Sánchez Ramírez había nacido en
1762 en la región del Cotuí, y en su juventud, al frente de una compañía de
lanceros formada por él con compueblanos, había combatido en los tiempos del
gobernador Joaquín García contra la República Francesa. Emigró a Puerto Rico en
diciembre de 1803, pero se vio en la necesidad de volver a su tierra natal en
1807, cuando comenzó su labor de ganar adeptos para la Reconquista, al tiempo
que se dedicaba a la explotación de cortes de maderas en unas posesiones suyas
situadas en las costas del Este entre Higüey y el Jobero (el actual Miches,
también conocido como Jovero), desde donde las comunicaciones con Puerto Rico
eran más fáciles.

Ubicación de la Sabana de Palo Hincado y otras localidades
J Marcano
Inicios de la Reconquista en
el Este
En 1808, en el suroeste del
país operaban ya, con apoyo haitiano, los cabecillas Ciriaco Ramírez y Cristóbal
Uber Franco, respaldados por el gobernador de Puerto Rico, general Toribio
Montes. Sánchez Ramírez aprovechó la ocasión de una nave española surta en
Samaná para escribir, el 17 de septiembre de ese año, al gobernador Montes. El
28 del mismo mes llegaba a la costa de Macao, procedente de Puerto Rico, la
goleta española “Monserrate” con la noticia de que pronto llegarían los auxilios
solicitados a Montes por Sánchez Ramírez.
Con este aliento redobló el
caudillo sus diligencias al tiempo que el gobernador francés Ferrand, al tanto
de los acontecimientos, se disponía a sofocar la inminente rebelión. Ganadas una
a una para la causa de la Reconquista las autoridades criollas que estaban al
servicio de Francia en la región oriental, le fue fácil a Sánchez Ramírez tomar
posesión de la villa del Seibo el 26 de octubre.
Mientras afianzaba rápidamente
sus posiciones, el 29 llegaban a la cercana boca del río Yuma (Boca de Yuma)
los auxilios enviados por el gobernador Montes desde Puerto Rico, El propio
Sánchez Ramírez montó a caballo y se dirigió a aquel puerto a recibirlos. Los
elementos bélicos habían sido embarcados en un bergantín, una goleta y dos
lanchas cañonera y consistían en cuatrocientos fusiles con sus bayonetas,
doscientos sables, las municiones correspondientes. Además, llegaron doscientos
hombres voluntarios, la mayor parte emigrados. El bergantín y la goleta, que
respectivamente se llamaban “Federico” y “Render”, debían regresar a Puerto Rico
cargados de caoba.
En ese momento se recibió la
noticia de que Ferrand se dirigía personalmente hacia el Seibo con una fuerza
respetable, decidido a dominar la revuelta. El momento era grave para los
revolucionarios. Urgía hacer de Samaná un bastión de la Reconquista porque sin
la posesión de esta plaza fuerte portuaria podía fracasar la empresa. Entonces
Sánchez Ramírez aprovechó la presencia de barcos de guerra ingleses en costas
dominicanas y se comunicó con el comandante Dashwood, de la fragata La
Franchise. Este aceptó hacerse cargo de atacar la guarnición francesa de Samaná,
para lo cual le aseguró el caudillo criollo que podía contar con la cooperación
del comandante de armas de Sabana de la Mar, Diego de Lira, ya comprometido para
la causa hispanista.
De los desembarcados en Boca de
Yuma, procedentes de Puerto Rico, el único verdadero militar que se quedó en
tierra dominicana para hacer la campaña fue el teniente de milicias Francisco
Díaz. Se incorporó al contingente de Sánchez Ramírez en calidad de paisano
voluntario. Por ser de los pocos que entre los reconquistadores tenían
conocimiento de las tácticas guerreras, Sánchez Ramírez le encomendó dirigir el
traslado del armamento y bagaje al Seibo. Luego lo encargó de organizar la gente
reunida, del alistamiento de las armas y de la elección de la posición que fuera
más ventajosa para esperar al enemigo que se acercaba. Después de un estudio de
toda la zona, Díaz escogió el paraje de Magarín.
El 3 de noviembre en la
madrugada estaba el caudillo dominicano a la cabeza de sus huestes en Higüey
organizando compañías y distribuyendo armas y municiones. Bien temprano se
reunieron las tropas frente al santuario de Nuestra Señora de la Altagracia y
oyeron misa. Al término de la ceremonia se recibió la noticia de que los
franceses estaban muy cerca del Seibo por lo que Sánchez Ramírez dio la orden de
emprender la marcha hacia el Oeste, al encuentro del enemigo.
El día 5 le amaneció en el
Seibo. Aquí continuó organizando su improvisado ejército e incorporando al mismo
a los voluntarios que llegaban. El acondicionamiento y distribución de armas y
pertrechos estaba a cargo del teniente Díaz. Ya en la noche llegó a manos de
Sánchez Ramírez “una terrible intimación del general francés Ferrand”, en la que
le anunciaba que entraría arrolladoramente en el Seibo el 7.
A la intimación de Ferrand
contestó Sánchez Ramírez haciéndole saber, por la vía del parlamento, que estaba
dispuesto a medir sus fuerzas con las francesas. Al general napoleónico le sonó
aquello como una fanfarronada y no pudo menos que sonreír. Seguro de su
armamento y de la superioridad táctica de sus hombres, ya se veía venciendo
fácilmente a los criollos, impreparados y mal armados. No hizo caso de las
advertencias que indicaban que los guerreros encabezados por Sánchez Ramírez no
eran para menospreciarse, sobre todo por su hábil manejo del arma blanca, y
alegremente se dispuso a darles la batalla.
Batalla de
Palo Hincado
El día 6 de noviembre avanzó el
jefe dominicano hasta Magarín y le pareció que el sitio no había sido bien
escogido por el teniente Francisco Díaz. Además, un recio temporal le dañaba las
pocas armas de fuego y municiones de que disponía. Apreciando que el paraje de
Palo Hincado, a media legua al oeste de la población del Seibo, reunía mejores
condiciones, llevó allí su gente y dictó sus órdenes para esperar a pie firme al
enemigo.
No confiando momentáneamente en
Díaz, resolvió tomar él solo todas las disposiciones en la noche del 6, víspera
de la fecha anunciada por Ferrand para su entrada en el Seibo. La lluvia no
cesaba, con todas sus adversas consecuencias. En la madrugada del 7 les escampó
en el hato de la Candelaria y Sánchez Ramírez hizo secar al fuego los fusiles,
amunicionar la tropa y proveer de lanzas a los de a caballo, presto a combatir
“el furor y la rabia de los Napoleones que infestaban la Primada de las Indias
por la infamia de un español desnaturalizado”.
Los reconquistadores llegaron a
Palo Hincado entre las nueve y las diez de la mañana. El brigadier puso a
Francisco Díaz en una posición de confianza en lo más alto del terreno, al
frente de los casi trescientos combatientes que portaban fusiles. En el mismo
lugar se instaló Sánchez Ramírez con su estado mayor, impartiendo órdenes para
distribuir convenientemente sus tropas.
Entre muchas otras
disposiciones tomó la de ordenar al puertorriqueño José de la Rosa emboscarse
con treinta fusileros a retaguardia del enemigo para distraerle la atención
después que rompiese el fuego en el frente. De la Rosa había sido uno de los
llegados a Boca de Yuma el 29 de octubre, procedentes de Puerto Rico.
Situado en el centro de su
ejército, en la eminencia mencionada, el brigadier colocó a su derecha a Manuel
Carvajal y a su izquierda a Pedro Vásquez. Miguel Febles le servía de ayudante
mayor.
Pena de la vida al que volviere la cara
atras, pena de la vida al tambor que tocare retirada, y pena de la vida al
oficial que lo mandare aunque sea yo mismo"
Juan Sánchez Ramírez
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Desde aquel lugar arengó a la
tropa. Le advirtió que la acción iba a ser decisiva, puesto que viniendo al
frente de la expedición enemiga el propio gobernador, con lo más granado de las
fuerzas de que disponía, su derrota significaría el triunfo de la campaña.
Recomendó asaltar al arma blanca después de la primera descarga, para evitar el
efecto de la mejor fusilería y táctica de los franceses. Terminó la arenga
anunciando que aplicaría la pena de muerte al soldado que volviera atrás la cara;
al tambor que tocara retirada y al oficial que la ordenara, aunque fuera él
mismo. En esta forma obligó a todos, incluso él, a pensar que era mejor morir
peleando que deshonrosamente fusilado. Su exclamación final fue un viva a
Fernando VII, el príncipe que en aquellos momentos personificaba las mejores
esperanzas españolas.
A la arenga del caudillo
siguieron tensos momentos de silencio y atención. Los franceses avanzaron y
rompieron el fuego cerca del medio día. Una caballería gala se avalanzó para
cortar la izquierda hispano-criolla. Los jinetes dirigidos por el capitán
Antonio Sosa no perdieron tiempo y corrieron al encuentro de ella, obligando a
los atacantes a tirar de las bridas. Este primer choque cuerpo a cuerpo fue
sangriento. Sánchez Ramírez impartió a la caballería de su ala derecha,
encabezada por el capitán Vicente Mercedes, la orden de avanzar, operación que
se ejecutó con gran rapidez, arrollando al enemigo. Diez minutos de pelea
bastaron para que el campo quedara cubierto de cadáveres franceses.
La táctica de los
hispanos-criollos consistió, como lo consigna el Diario de Sánchez Ramírez, en
convertir rápidamente el duelo a balazos a distancia en combate cuerpo a cuerpo,
en que eran duchos los aguerridos dominicanos. La ejecutaron con tal presteza y
osadía que de la parte de ellos sólo hubo siete muertos. Entre éstos,
significativamente, los jefes de los dos cuerpos de caballería, los capitanes
Antonio Sosa y Vicente Mercedes.
Viendo deshechos sus batallones,
el general Ferrando dispuso el retorno precipitado a Santo Domingo con un grupo
de oficiales supervivientes. Los persiguió un escuadrón capitaneado por el
coronel Pedro Santana, padre del homónimo futuro caudillo de la República. Los
fugitivos ganaron distancia al aventurarse a cruzar un torrente que no se
arriesgaron a salvar los perseguidores, lo que les permitió detenerse a
descansar en la cañada de Guaiquía. En este paraje el infeliz Ferrand, dominado
por el abatimiento, se quitó la vida de un pistoletazo en la cabeza.
En esta forma se libró la
célebre batalla de Palo Hincado el 7 de noviembre de 1808. Fue "el tercero de
los grandes acontecimientos bélicos en que cobró fuerza triunfante la secular
voluntad dominicana de seguir hablando en español. Los anteriores habían sido la
victoria sobre los ingleses en 1655 y la batalla de la Sabana Real el 21 de
enero de 1691".
Referencias
- Delafosse, Lemonier. Segunda Campaña de Santo Domingo (Guerra
Domínico-Francesa de 1808 (traducción de C. Armando Rodríguez). Editorial
El Diario, Santiago (R.D.). 1946.
- Guillermin, Gilbert. Diario Histórico de la revolución de la
parte española de Santo Domingo (traducción de C. Armando Rodríguez de la
edición de Imp. P.V. Lafourcade, Filadelfia, EE.UU. 1810). Academia Dominicana
de Historia.
- Sánchez Ramírez, Juan. Diario de la Reconquista. Editora
Montalvo, Santo Domingo (R.D.). 1957.
- Troncoso Sánchez, Pedro. El drama de la idea nacional en Santo
Domingo y su relación con Puerto Rico.. Academia de Ciencias de la
República Dominicana. 1977.
Batalla de Palo Incado -resumen-
Combate librado entre fuerzas dominicanas y tropas francesas en el sitio del
mismo nombre, al Oeste del Seibo. El encuentro tuvo lugar el 10 de noviembre de
1808. Los dominicanos estuvieron comandados por don Juan Sánchez Ramírez y las
tropas francesas estuvieron dirigidas por el general Ferrand. Fue un encuentro
decisivo en la guerra de reconquista, que permitió a España recuperar la antigua
parte española de la Isla. Los criollos; en esta guerra, contaron con el apoyo
de Inglaterra, los de los gobiernos haitianos de Petión Peetion y Cristóbal y
del gobierno colonial de Puerto Rico. Vencido Ferrand por los patriotas
criollos, decidió suicidarse en la cañada de Guaiquia.
A continuación la relación del combate elaborada por Toribio Montes, entonces
gobernador de Puerto Rico.
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Combate de la
Herreradura
(24 de Febrero de 1805). Combate librado entre tropas haitianas de Jacobo
Dessalines y tropas dominicanas comandadas por Serapio Reynoso. Tuvo lugar en
lugar del mismo nombre, a orillas del Yaque del Norte. Los dominicanos
incluyendo a Serapio Reynoso, fueron eliminados y Dessalines ocupó la ciudad de
Santiago.
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Batalla de Las
Carreras
Uno de los grandes combates de la guerra dominico-haitiana, tras la invasión de
Soulouque (1845). Fue librada en lugar del mismo nombre entre el 19 y 22 de
abril de 1845. Las armas dominicanas estuvieron comandadas por Pedro Santana
quien obtuvo la victoria luego de tres días de combate. El lugar del combate fue
el paso de Las Carreras, cercano a la margen oriental del río Ocoa, lugar no
distante de la bahía del mismo nombre.
Se distinguieron en el combate, los generales, Antonio Duvergé, Antonio Abad
Alfau, Marcos Evangelista, el comandante, Aniceto Martínez, y los capitanes,
Bruno Aquino y Bruno del Rosario.
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Combate de Cachimán
Enfrentamiento bélico en el cual las fuerzas patrióticas encabezadas por el
general Antonio Duvergé, derrotaron a las fuerzas invasoras haitianas, ocurrido
el 17 de abril de 1845.
El periodista e investigador José Rafael Vargas, describe así lo sucedido:
“Oeste de Elías Piña y al Este del poblado haitiano de Veladero se encontraba un
estratégico fuerte ocupado por los haitianos, por lo que el General Antonio
Duvergé, jefe del Ejército Expedicionario Sur, estando en Comendador decidió
atacar el fuerte, “que estaba bien atrincherado y protegido por dos fortines
llamándose uno de ellos La Estrella”.
Siendo aproximadamente las seis de la mañana, salió hacia su objetivo dividiendo
sus tropas en tres columnas: la primera que debía cortar la retirada al enemigo
con un movimiento envolvente por el Sur, al mando del mencionado General Alfau,
quien partió primero al punto ya que su recorrido era mayor; la segunda que
debía atacarlo de frente, al mando del Coronel Francisco Pimentel, con una pieza
de artillería y la tercera que debía acometerlo por la derecha y que se la
reservó a Duvergé a comandar en persona.
Según dice el parte oficial de esta acción”como a las ocho hizo alto esta última
columna en frente del enemigo y formó en batalla esperando que la columna que
debía obrar a retaguardia del enemigo, siendo la que más debía dilatar sus
operaciones, hiciese la señal de estar a punto de acción, lo cual se verificó a
las diez, siendo esta la señal de acometida general atacando frontalmente las
cuatro trincheras que sucedían al punto. Después de dos horas de combates, las
tropas del General Duvergé, “cargaron a la bayoneta sobre el enemigo y vencieron
la vigorosa resistencia haitiana ganando las tres columnas la ascensión de la
cima del fuerte; fue plantado el pabellón de la cruz”.
El enemigo abandonó la posición de manera desesperada, siendo perseguido
tenazmente en su retirada hacia los montes. El alcance del fuego dominicano fue
sangriento, lo que aumentó el número de los muertos, también se capturaron doce
prisioneros de guerra, cuatro oficiales, un médico, tres militares y un cabo del
regimiento 32, un oficial y un cabo del regimiento 12 y dos oficiales de la
Guardia Nacional de Puerto Príncipe.
Desde el cuartel general del Cachimán, siendo las ocho de la noche, el general
Antonio Duvergé envía al general Pedro Santana, Presidente de la República, el
parte oficial de la toma de Cachimán”.
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Batalla de
Cambronal
Encuentro bélico ocurrido el 22 de diciembre de 1855, entre las tropas haitianas
que invadieron el país por órdenes de Soulouque, y dominicanos al mando del
general Sosa. La acción decisiva tuvo lugar el día 22, en las estrechuras de
Cambronal, próximo a Neyba, pero desde el día 18 del mismo mes, la fuerza
haitiana al mando del general Garat, Duque de Leogave, cruzaron la frontera por
Jimaní, registrándose en su avance algunos encuentros menores, por las cercanías
del lago Enriquillo.
En el encuentro más importante, ocurrido en Cambronal, y de ahí el nombre de la
batalla, el ejército haitiano fue derrotado muriendo el propio general Garat, y
el general Monsogne. Ese día, según los cronistas, de un ejército cercano a los
tres mil hombres, los haitianos dejaron más de cuatrocientos muertos en su
retirada. Además de las tropas de Neyba, al mando del general Sosa, también
participaron en la acción, un batallón de seibanos, al mando del coronel Eugenio
Miches, otro de Azua, al mando del Comandante Blas Jiménez, y otro de llaneros,
comandado por Elías Flores. También se distinguió el coronel de Sena.
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María Trinidad Sánchez
(1794-1845). Hermana del padre de Francisco del Rosario Sánchez, por tanto tía
del patricio. Ayudó a la causa independentista, y ella misma confeccionó la
primera bandera dominicana. Después de la independencia, participó, junto a un
grupo de febreristas en una conspiración para derrocar a Santana, pero fueron
descubiertos. María Trinidad fue una de las primeras personas arrestadas y fue
condenada a muerte por haberse negado a decir los nombres de sus compañeros. Fue
fusilada el 27 de Febrero de 1845, aniversario de la independencia, junto a su
sobrino, Andrés Sánchez.
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Batalla de Beller
Uno de los principales combates de la Guerra de independencia nacional. Tuvo
lugar en la sabana de este nombre situado en la zona fronteriza el 27 de octubre
de 1845, donde los haitianos habían construido un fortín llamado “el
invencible”, el cual fue tomado finalmente por tropas dominicanas, comandadas
por Francisco A. Salcedo.
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Batalla del 19
de Marzo
Fue uno de los primeros grandes combates que libró el ejército libertador en
1844, frente a las tropas haitianas del general Riviere Herard. Su nombre
proviene de la fecha en que se produjo este enfrentamiento en Azua, ganado por
el general Pedro Santana. La acción duró 3 horas, aproximadamente. Santana
dudando poder sostener la plaza, se retiró después a Sabana Buey y luego a Baní.
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La Batalla de Santomé
Francisco Cabrera
La Batalla de Santomé fue uno de los últimos episodios importantes de la guerra
entre la República Dominicana y Haití.
“ Santomé” es el nombre de una histórica sabana ubicada en las afueras de la
ciudad de San Juan de la Maguana, específicamente en la salida hacia el
municipio de Las Matas de Farfán.
En ese punto, identificado por una hermosa plaza dedicada al general José María
Cabral, se libró, el 22 de diciembre de 1855, hace 145 años, la famosa Batalla
de Santomé, donde 3 mil dominicanos propinaron una derrota aplastante a 30 mil
haitianos.
El fiero combate se produjo en el marco de la última incursión importante
realizada por los haitianos en territorio dominicano con el propósito de
recuperar el control de la parte Este de la isla.
La invasión de 1855 fue dispuesta por el emperador haitiano Faustino Soulouque,
bajo el pretexto de impedir que la parte Este fuera anexionada a los Estados
Unidos, una nación esclavista, como pretendía el general Pedro Santana, a la
sazón presidente de la naciente República Dominicana.
Así las cosas, mientras los haitianos actuaban bajo el pretexto de impedir el
restablecimiento de la esclavitud en las islas, los dominicanos luchaban por
consolidarla independencia nacional que había sido proclamada once años atrás,
el 27 de Febrero de 1844.
En el marco de su política hacia la parte Este, heredada de su antecesor Charles
Herard Ainé, el emperador Soulouque había dirigido una primera invasión de la
parte Este el 6 de marzo de 1849, con 15 mil hombres, siendo derrotados en todos
los combates librados tanto en el Sur como en el Norte.
Las tropas Dominicana que pelearon en Santomé eran comandadas por el general
Cabral, en tanto que las Huestes haitianas las dirigía el coronel Antonio
Pierrot, a quien el emperador Soulouque había investido con el título noble de
“Duque de Tiburón”.
Algunos historadores afirman que el combate de Santomé estuvo a punto de
terminar en un desastre para el destino dominicano, puesto que el general
Valentín Alcántara, comandante de una de las alas del ejército criollo, fue
obligado por el fuego de los cañones haitianos a retroceder con toda la
caballería bajo su mando.
Pos suerte, un sargento de nombre Juan Vélez, que tenía a su cargo los tambores,
desobedeció la orden de tocar retirada y siguió combatiendo junto a otros tantos
valientes, hasta que la situación se tornó más favorable para los defensores de
la soberanía nacional.
“La posibilidad de un desastre acabó de conjurarse en aquella hora crítica
cuando el coronel Juan Ciriaco Fafá, a la cabeza del primer regimiento, yendo a
incorporarse al ejército trabado en lucha, hizo devolver a los que se
retiraban”, señala Ramón Marrero Aristy, en su libro “ La República Dominicana”.
Agrega, sin embargo, que el enorme número de los invasores parecía absorber por
momentos a las tropas por momentos a las tropas dominicanas, por lo que el
general Cabral ordenó a sus hombres pasar a la ofensiva y acto seguido los
pajones de la sabana comenzaron a arder y el viento empujó las llamas sobre los
haitianos, mientras los abanderados cruzaban por entre la humedad y las rojas
flamas y clavaban sus enseñas casi dentro de las líneas haitianas.
“Cabral y los demás generales y coroneles se arrojaron entonces a la cabeza de
sus tropas cargando sobre el enemigo el arma blanca; los sables y las lanzas
comenzaron a hacer estragos y los dominicanos lograron imponerse a los invasores
en un feroz cuerpo a cuerpo que destrozó la ofensiva haitiana”, indica Marrero
Aristy.
Con el ejército haitiano en desbandada, emprendió la persecución del enemigo y
fue así como se encontró frente a frente con Pierrot, el duque de Tiburón, con
quien de inmediato intercambió algunos disparos y luego combatió cuerpo a
cuerpo. El coronel cayó herido de muerte, siendo rematado por Cabral de un
culatazo en la cabeza.
Se dice que en ese combate resulto gravemente herido el general Valentín
Alcántara, uno del los héroes de la Batalla de Estrelleta, quien, en acto de
traición, había hecho un pacto secreto con Soulouque.
Con la aplastante derrota sufrida en Santomé, hecho que afincó aún más la
solidez de la posición dominicana en la defensa e integridad del territorio
nacional, los haitianos prácticamente optaron por abandonar sus pretensiones de
reconquistar la parte Este de la isla
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Talanquera
Encuentro armado entre fuerzas del Ejercito Nacional comandado por los
comandantes Francisco Caba y Bartolo Mejía, y el ejército en retirada de
Haití, que había participado en la Batalla del 30 de Marzo de 1844 en
Santiago. El hecho ocurrió a principios del mes de abril, en el lugar del
mismo nombre.
El parte oficial de la Junta Central Gubernativa, que tiene fecha 1 l de abril
del mismo ano, nos indica el día exacto del combate, y dice así
"Persuadida de la satisfacción general que debe producir el conocimiento de
los acontecimientos posteriores al 30 del pasado, en que el ejército
expedicionario de la parte Norte Español ha sellado y coronado el completo
triunfo de nuestras armas, se apresura en traer publicar el parte oficial
acaba de recibir el Corregidor del Macorís, cuyo tenor es el siguiente:
Macorís, S de abril da 1344 y 1ro. de la Patria. El Corregidor de la Común de
Macorís a los miembros que componen la Junta Central Gubernativa en Santo
Domingo.
Respetables compatriotas.
Acabo de recibir la plausible noticia, por el General provisional de Santiago,
J. M. Imbert, que el resto del
ejército haitiano que había jugado en el ataque del 30 pasado en Santiago, ha
perecido entre Guayubín y Talanquera, y con él los general es Carrie y Cadet
Antoine. Esta victoria se le debe a los valientes patriotas mandados por los
comandantes Francisco Caba y Bartolo Mejía, que estaban a la cabeza de la
división emboscada.
Gloria al Dios de los ejércitos:
Dios guarde a ustedes muchos años. (Firmado) Justo Zegarra
Imprimase, publíquese y circúlese.
El presidente de la Junta, Bobadilla. Caminero. Echevarría. J. Tomás Medrano.
Delorve. Carlos Moreno. Felix Mercenario. M.M. Valverde. El Secretario de la
Junta, S. Pujols."
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