Patria, Minerva y María Teresa
Mirabal fueron tres mujeres de Ojo de Agua, paraje perteneciente a
una pequeña provincia de la República Dominicana llamada Salcedo.
Estas mujeres tuvieron la
valentía de luchar por la libertad política de su país, oponiéndose
firmemente contra una de las tiranías más férreas que ha tenido
Latinoamérica, la de Rafael Leonidas Trujillo. Actitud por la que
fueron perseguidas, encarceladas varias veces y finalmente
brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960.
En honor a estas valientes
hermanas, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de
la No Violencia Contra la Mujer. Esto fue establecido en el Primer
Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en
Bogotá, Colombia en el año 1981.
Las hermanas Mirabal son
también conocidas y representadas como las "Mariposas", por
ser este el nombre secreto de Minerva en sus actividades políticas
clandestinas en contra de la tiranía Trujillista. Años más tarde,
Pedro Mir (poeta nacional dominicano) utilizó este nombre en su
poema "Amén de Mariposas" donde expresa la tragedia que fue el
asesinato de las tres heroínas. En esta década, la destacada
escritora Dominico-Americana Julia Alvarez titula su novela basada
en la vida de las hermanas Mirabal, En el tiempo de las mariposas.
Publicación que establece todavía más la representación de las
hermanas Mirabal como las Mariposas.
Cristian Vásquez
Minerva Maria
Teresa Patria
Heroínas de la lucha antitrujillista. Hijas de Mercedes Reyes Camilo
(alias Chea) y Enrique Mirabal, comerciante y hacendado. Nacieron en
Ojo de Agua, en Salcedo, en ese momento común de la Provincia
Espaillat. La primera en nacer fue Patria Mercedes, el 27 de febrero
de 1924, poco antes de que abandonaran nuestro país las tropas
interventoras de Estados Unidos, la segunda fue bautizada con los
nombres de María Argentina Minerva, nació el 13 de marzo de 1926, y
la tercera, Antonia María Teresa, vino al mundo el 15 de octubre de
1935.
En Ojo de Agua realizaron sus primeros estudios. Más tarde, en 1938,
Patria, Minerva y otra hermana suya que aún vive, Bélgica Adela,
alias Dedé (2 de marzo de 1925) fueron enviados a estudiar al
colegio Inmaculada Concepción, en La Vega. María Teresa permaneció
en el hogar por cuestiones de edad: apenas tenía tres años.
De las cuatro hermanas, Minerva, según atestiguan quienes le
conocieron desde su infancia, demostró que vino al mundo con una
inteligencia prodigiosa y con una notoria sensibilidad espiritual,
factores estos que la convirtieron en una persona sumamente
atractiva; y en una devoradora de libros sobre literatura y poesía.
En sus ratos libres, Minerva además se ejercitaba en la pintura.
Todas las hijas del matrimonio Mirabal Reyes, eran hermosas, pero la
belleza de Minerva fue legendaria. En el colegio donde estudió en La
Vega, y donde se graduó de bachiller con excelentes notas en 1946,
participó como actriz de varias obras teatrales, y en otras
actividades culturales donde actuó como declamadora.
En junio de 1949, Minerva y sus padres, invitados por las máximas
autoridades de su provincia, asistieron a una fiesta ofrecida en
Santiago en el Palacio de la Gobernación en honor al dictador
Trujillo, que marcaría el inicio del rumbo trágico para toda la
familia: Trujillo conoció a Minerva Mirabal y se sintió atraído por
su belleza. Ya en ese momento Minerva había conocido al joven
dirigente comunista Pericles Franco, uno de los fundadores del
Partido Socialista Popular, quien había estado en la cárcel varias
veces, y con quien estableció amistad tan íntima, que mucho
sospechaban que sostenían relaciones románticas.
A los pocos días después que Trujillo fijó sus ojos en Minerva, de
nuevo la familia Mirabal recibió, a mediados de agosto, otra
invitación del gobierno, esta vez para que asistieran a la fiesta de
inauguración del Hotel Montaña, en Jarabacoa. En esa oportunidad el
dictador y su hijo Ramfis bailaron con Minerva. Trujillo aprovechó
la ocasión para demostrar con galanterías su atracción hacia ella,
conducta que no fue del agrado de la joven y por tal motivo dejó de
bailar.
El 12 de octubre de
ese mismo año, día del descubrimiento de América, con el supuesto
propósito de homenajear a la sociedad de la provincia Espaillat,
Trujillo organizó una nueva fiesta a la que invitó a la familia
Mirabal, la cual fue efectuada en “Villa Borinquen”, lugar de
descanso del tirano situado en las cercanías de San Cristóbal. La
invitación la llevaron personalmente a la residencia de la familia
de la heroína, el Gobernador de Moca, Antonio De La Maza y el
Senador de la provincia, Juan B. Rojas, clara señal del notable
interés que tenía Trujillo de encontrarse de nuevo con Minerva.
Cuando esta tercera invitación fue recibida por la familia Mirabal,
su madre se opuso a que Minerva asistiera a la fiesta, pero luego de
examinar las implicaciones políticas que tendría tal negativa,
decidieron enviar a la misma a una representación integrada por el
padre, y además Patria, Minerva, y Dede, los respectivos esposos de
la primera y la tercera, Pedro González y Jaime Fernández.
En esta oportunidad el tirano dominicano tan pronto llegó al lugar,
reinició con mayor brio su intento de atraer a la joven Mirabal.
Bailó en varias oportunidades con ella, conversó largamente en medio
del salón con la pretendida y de nuevo fue rechazado.
Según su biógrafo William Galván, la inteligente y bella muchacha no
sólo desairó a Trujillo, sino que solicitó al dictador que “dejara
tranquilo a ese joven tan inteligente y preparado que era Pericles
Franco”, solicitud que molestó profundamente al dictador.
Y lo que fue peor: después de enterarse la familia de la
conversación entre Trujillo y Minerva, todos llenos de temores, sin
avisar previamente, se retiraron de la fiesta, desatando la cólera
del sátrapa que vio en esa actitud una irreverencia hacia su
persona.
Apenas pocos días después de la fiesta, Enrique Mirabal, quien
incluso por “consejos” del gobernador de Moca había enviado un
telegrama al tirano excusándose del retiro de su familia del acto
por “motivos de salud”, fue detenido y conducido a la cárcel. Poco
más tarde, su hija, deseada por Trujillo, también fue apresada, y
casi concomitantemente varias de sus amigas: Enma Rodríguez, Violeta
Martínez y Brunilda Soñé. Todas las prisioneras fueron investigadas
sobre las supuestas relaciones de Minerva con miembros del Partido
Socialista Popular, y particularmente, con el dirigente comunista
Pericles Franco. Duraron en prisión varias semanas.
Pero a partir de este momento, fue montado sobre la familia Mirabal,
y sobre todo, a Minerva y sus relacionados, un riguroso espionaje, y
Trujillo en persona —(y el gobernador de Moca)— era informado
permanentemente sobre todas sus actividades.
Y el padre, particularmente fue sometido a graves humillaciones y a
otras varias prisiones que terminaron enfermándole espiritual y
físicamente. Murió el 14 de diciembre de 1953
En 1954,
encontrándose de vacaciones en Jarabacoa, Minerva conoció allí a
Manuel Aurelio Tavares Justo (alias Manolo), también estudiante de
derecho, con quien estableció relaciones que la llevarían al
matrimonio en noviembre del año siguiente. El mismo año que conoció
a Manolo, su hermana María Teresa, se inscribió en la misma
universidad a estudiar arquitectura, carrera que no terminó, pues
solo alcanzó el grado de técnica en Agrimensura. Durante ese período
ambas hermanas vivieron juntas en una pensión de la ciudad capital.
Poco después María Teresa conocería a Leandro Guzmán, con quien
contrajo matrimonio.
Al igual que Minerva, Manolo Tavares tenía una elevada sensibilidad
por los problemas sociales y políticas y ya para ese momento, aunque
secretamente, era un fervoroso opositor al régimen de Trujillo. Y
por ello sus amistades eran cuidadosamente seleccionadas en función
de la unidad de criterios respecto a la trágica situación imperante
en el país.
Los últimos años de la década de los cincuenta fueron de inquietud
social en toda América Latina, pues la caída, primero, del dictador
colombiano Rojas Pinalla, más tarde, la del venezolano Pérez Jiménez
y en 1959 la huida de Cuba del dictador Batista, tras el triunfo
revolucionario de las fuerzas rebeldes de Fidel Castro, no sólo
abrieron las compuertas de la democracia en esos países, sino que
levantaron la esperanza de cambios profundos en todo el continente.
Nuestro país no escapó a esa realidad. Y con ello no es casual que
en enero de 1959 en una reunión familiar efectuada en la residencia
de Guido D’Alessandro, sobrino de Manolo, donde se encontraban
Minerva, Manolo, María Teresa, Leandro Guzmán y otras personas,
donde se pasó revista a la situación política creada en el Caribe, y
muy particularmente a la cubana después del triunfo de Castro, la
heroína examinó por primera vez la posibilidad de organizar un
movimiento para el derrocamiento de Trujillo.
Las ideas de Minerva prendieron en todos los asistentes y fue
acordado ese día iniciar los contactos con amigos y relacionados en
todo el país.
Por otra parte, la expedición armada del 14 de junio, procedente de
Cuba, si bien fue aplastada por la dictadura, también influyó en la
conciencia de la juventud dominicana, y esa es la razón que explica,
que el nuevo movimiento político antitrujillista que comenzó a
construirse y que efectuó su primera asamblea constitutiva en Mao el
10 de enero de 1960, en la Hacienda de Conrado Bogaert, adoptara
como nombre el de la fecha de esa expedición.
En esa asamblea clandestina a la que asistieron delegados de todo el
país, en la cual sólo estaban presentes dos mujeres (Minerva y Dulce
María Tejada Gómez), la deidad de Ojo de Agua, tuvo una
participación muy importante, interviniendo en varias oportunidades.
Para presidir la Agrupación 14 de junio (véase) fue elegido Manolo
Tavares Justo, Presidente, Pipe Faxas, Secretario General y el
ingeniero Leandro Guzmán, como tesorero y los demás, vocales.
Pero a los pocos días de la exitosa Asamblea de Mao, una delación
llevó a los servicios secretos de la tiranía informes no sólo con
los nombres de los principales conjurados, sino con muchos detalles
sobre la importancia de la misma. La acción de los agentes
represivos fue inmediata. El primero en ser detenido en su
residencia en Montecristi lo fue Manolo Tavares, a mediados de
enero. Días más tardes, Minerva, luego su hermana María Teresa, y su
esposo Leandro Guzmán y también Pedro González. Al final de ese
mismo mes, más de un centenar de miembros del 14 de junio habían
caído presos. Todos pasaron por la cárcel de la cuarenta donde
fueron sometidos a increíbles torturas. No pocos perdieron la vida.
Simultáneamente junto a Minerva, fueron apresadas otras mujeres:
Ing. Tomasina Cabral, Dra. Fe Violeta Ortega, Miriam Morales y la
Dra. Asela Morel.
Es importante apuntar que la prisión de tantas personas, en su
mayoría muy jóvenes procedentes de la clase media alta, algunos
cuyos padres tenían vínculos muy estrechos con el tirano, creó un
clima de tensión nacional sumamente adverso al gobierno. Y a ello se
agregó la denuncia hecha por la iglesia católica por medio de una
carta pastoral condenando la acción.
Tal situación obligó a Trujillo, al parecer, a poner en libertad a
las mujeres detenidas, el 7 de febrero de 1960, y al mes siguiente y
subsiguiente, a decenas de jóvenes varones presos por simples
sospechas. Sin embargo, el Dr. Tavares Justo, Leandro Guzmán, Pedro
González, y los demás dirigentes de importancia del movimiento,
quedaron detenidos. Meses después, encontrándose la dictadura en una
fase represiva general que bordeaba la locura —(en estos días
Trujillo ordenó el asesinato de Rómulo Betancourt, Presidente de
Venezuela) el 18 de mayo, Minerva y María Teresa, fueron de nuevo
apresadas, y sometidas a la justicia por “atentar contra la
seguridad del Estado” y condenadas a cinco años de prisión.
Para tal ocasión
contrataron un jeep, un vehículo fuerte, pues la carretera elegida,
la que conduce a Puerto Plata por la vía de Tamboril, era difícil, y
además, se encontraba en mal estado. Le acompañaba como chofer,
Rufino de la Cruz Disla.
En la visita que hicieron a Manolo y Leandro, las hermanas Mirabal
comentaron a sus maridos los rumores que circulaban en Salcedo sobre
la posibilidad que sufrieran un “accidente”, estilo clásico que
utilizó la satrapía cuando ordenaba la desaparición de un opositor
importante, con la supuesta intención de ocultar el crimen.
El informe preocupó enormemente a los dirigentes del 14 de junio, y
Manolo sugirió que cesaran los viajes, y que se mudaran a Puerto
Plata, para evitar transitar por carretera. La recomendación llegó
tarde. La orden de asesinar a las hermanas Mirabal ya había sido
cursada, y en Puerto Plata se encontraban ya los ejecutores: Ciríaco
de la Rosa, Ramón Emilio Rojas Lora, Alfonso Cruz Valerio, y Emilio
Estraba Malleta, todos miembros de Servicio de Inteligencia Militar.
El último, de origen cubano, había prestado esos mismos servicios a
la dictadura de Fulgencio Batista.
Cuando las hermanas Mirabal abandonaban a Puerto Plata rumbo a su
hogar, fueron detenidas aparatosamente por un vehículo que
interceptó el jeep que los conducía. Introducidas a empujones al
carro de los matones, y llevadas a un lugar previamente escogido en
la carretera bordeaba por un precipicio, y allí fueron muertas
brutalmente asesinadas a garrotazos y luego de puestos los cadáveres
en el jeep, los sicarios, lo precipitaron hacia el abismo.
He aquí la fría narración de uno de sus autores: “Después de
apresarlas —narra Ciríaco de la Rosa— las condujimos al sitio cerca
del abismo, donde ordené a Rojas Lora que cogiera palos y se llevara
a una de las muchachas. Cumplió la orden en el acto y se llevó a una
de ellas, la de las trenzas largas (María Teresa). Alfonso Cruz
Valerio eligió a la más alta (Minerva), yo elegí a la más bajita y
gordita (Patria) y Malleta, al chofer, Rufino de La Cruz. Ordené a
cada uno que se internara en un cañaveral a orillas de la carretera,
separadas todas para que las víctimas no presenciaran la ejecución
de cada una de ellas. Ordené a Pérez Terrero que permaneciera en la
carretera a ver si se acercaba algún vehículo o alguien que pudiera
enterarse del caso. Esa es la verdad del caso. Yo no quiero engañar
a la justicia ni al pueblo. Traté de evitar el desastre, pero no
pude, porque de lo contrario, nos hubieran liquidado a todos”.
Rufino de la Cruz (1923-1960). Campesino, conductor y héroe.
Nació en Salcedo en 1923, en cuyos campos se dedicó al cultivo de la
tierra de sus familiares. Simpatizante de la causa antitrujillista,
en 1960 acompañó como chofer, a las Hermanas Mirabal, durante el
viaje semanal que efectuaban a la cárcel pública de Puerto Plata,
con el propósito de visitar allí a sus esposos. Murió asesinado,
junto a las heroínas, en La Cumbre, lugar cercano a dicha ciudad.
Las Hermanas Mirabal - The Mirabal Sisters
Museo Hermanas Mirabal, Conuco, Salcedo
Las Hermanas Mirabal--The
Mirabal sisters: Patria, Dedé, Minerva and Maria Teresa are
Dominican heroines who made the ultimate sacrifice for their
country. They gave up a privileged life to fight against the
abuses of a powerful and corrupt Dominican dictator: Rafael Leonidas Trujillo Molina. Trujillo had trampled the
constitution, abolished basic human rights, and terrorized
his opposition with torture, imprisonment, and death. The Mirabal sisters took up the struggle to bring down
Trujillo's regime. On November 25, 1960, Patria, Minerva,
Maria Teresa, and their driver, Rufino de la Cruz, were
murdered on the outskirts of Puerto Plata. They lost their
lives struggling to restore democracy and the rule of law to
their beloved Dominican Republic. Their legacy will live
forever in our hearts and the lessons they thought us cannot
be forgotten. Six months after the Mirabals' death, the
Trujillo regime came crumbling down when he was
killed on the night of May 30, 1961.
--Historical facts and vintage photos by Miguel Aquino
Garcia, "Tres Heroinas y un Tirano" 6ta. Edicion
La escritora Julia
Álvarez, autora de En el Tiermpo de las
Mariposas
JULIA
ÁLVAREZ (Santo
Domingo, 1950) Poeta, novelista,
ensayista y educadora. Desde los diez
años reside en los Estados Unidos.
Inició sus estudios universitarios en
Connecticut College y los concluyó en
Middlebury College donde se licenció en
Artes (1971). Tiene una maestría en
Escritura Creativa de Syracuse
University (1975). Ha enseñado inglés y
literatura en California State College
(1977)), Phillips Andover Academy
(1979-1981), University of Vermont
(1981-1983) y en University of Illinois
(1985-1988). Fue escritora residente en
la Mary Williams Elementary School
(1978) y en George Washington University
(1984-1985). Parte de su producción
poética y narrativa aparece en numerosas
revistas de los Esta-dos Unidos,
Latinoamérica, Europa y el Caribe. Sus
novelas han sido elogiadas por los más
impor-tantes medios de comunicación de
los Estados Unidos y Latinoamérica,
entre ellos The New York Times. Su
primera novela How the Garcia Girls Lost
their Accent (¿Cómo las García perdieron
su acento?) fue declarada libro del año
1991 por New York Times Book Review y
por el Library Journal. En 1994 In The
Time of the Butterflies, (En el tiempo
de las mariposas), su segunda novela,
fue nominada el mejor libro del año por
el National Book Critics y elegida el
mejor libro de 1994 por la American
Library Association. Escribe en inglés y
reside en Vermont, donde se desempeña
como profesora de inglés en Middlebury
College desde 1988.
Era
mi responsabilidad contar la historia de las
hermanas Mirabal.
Así lo expresa la escritora Julia Álvarez,
autora de En el Tiermpo de las Mariposas,
donde narra la historia y el trágico
desenlace de Minerva, María Teresa y Patria
Mirabal a manos del dictador dominicano
Rafael Leonidas Trujillo. La familia de
Julia Álvarez consiguió escapar de la
dictadura y exiliarse a Estados Unidos.
Desde allí, años después, sintió la
necesidad de retratar, de dar voz, a estas
tres dominicanas, luchadoras por la libertad,
cuyo asesinato, el 25 de noviembre de 1960,
se ha convertido en el símbolo de la lucha
internacional para la eliminación de la
violencia contra la mujer.
¿Quiénes fueron
las hermanas Mirabal?
Las hermanas Mirabal
fueron tres mujeres dominicanas que, junto a sus
esposos, fueron parte activa del movimiento
clandestino contra la dictadura de Trujillo.
Perdieron sus vidas luchando por la libertad. Su
muerte, ordenada por Trujillo, fue uno de los
factores que provocó el asesinato del dictador, al
que los dominicanos se refieren como ‘ajusticiamiento’.
Tras el asesinato de las hermanas Mirabal, el
movimiento opositor fue fortalecido y la dictadura
llegó a su fin. Algo importante que hay recordar de
las hermanas Mirabal es que no fueron “heroínas
automáticas”, más valientes de lo que podemos ser
nosotros. En realidad, eran como nosotros, gente
común. Pero en la medida en la que el régimen se iba
convirtiendo en más inmoral e ilegal, no pudieron
permanecer en silencio por más tiempo.
¿Qué representan
las hermanas Mirabal para el mundo entero?
Como ya he mencionado
antes, las hermanas Mirabal representan la capacidad
de las personas, de las mujeres, que no son
necesariamente heroínas, de cambiar las cosas. Ellas
eran gente “común”, esposas, madres, hijas, amigas.
Ellas se comprometieron por la libertad y la
justicia, no necesariamente porque su educación,
sino porque la historia las puso en una situación
determinada y tomaron ese desafío. Deberíamos
sentirnos desafiados por su ejemplo para considerar
formas en las que podemos defender la libertad y la
justicia. Me viene a la mente un famoso poema:
"Primero vinieron por los judíos
y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los comunistas
y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los sindicalistas
y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por mí
pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera
nada".
¿Qué significa
para usted que la vida y muerte de las hermanas
Mirabal se haya convertido en el símbolo
internacional de la lucha para la eliminación de
la violencia contra las mujeres?
Es maravilloso. Hace
unos 25 ó 30 años, cuando hablaba de las hermanas
Mirabal a mis amigos de Estados Unidos, nunca había
oído hablar de ellas o del régimen represivo de
Trujillo. Muchos incluso no sabían ni dónde estaba
República Dominicana! Y, entonces, estas tres
mujeres de un pequeño país se han convertido en
símbolo internacional de la lucha contra la
dictadura y la opresión. Son un ejemplo para la
población dominicana y para las mujeres de todo el
mundo. Ellas hicieron un gran sacrificio, perdiendo
sus vidas por garantizar nuestra libertad.
¿Escribir En
el Tiempo de las Mariposas fue un homenaje
personal a las hermanas Mirabal?
Mi propia familia fue
afectada de la dictadura de Trujillo. Mi tío, Manuel
Tavares, estuvo en prisión por ayudar a los
conspiradoras del ajusticiamiento de Trujillo. MI
padre también participó en el movimiento
antitrujillista. Pero, a diferencia de las hermanas
Mirabal, mis hermanas, mis padres y yo conseguimos
escapar de la dictadura a Estados Unidos. Fuimos
afortunados. Las tres hermanas Mirabal no tuvieron
tanta suerte, terminaron siendo víctimas, dando sus
vidas. Cuando tú eres la afortunada, sientes una
especie de responsabilidad de evidenciar, de contar
la historia. Como he mencionado antes, muchos de mis
amigos de Estados Unidos nunca antes habían oído
hablar de las hermanas Mirabal. Ahora, bien a través
del correo electrónico, internet, la CNN, mucha
gente sabe lo que está pasando en todo el mundo.
Pero en aquel momento, no era así. Se pueden
preguntar por qué no simplemente escribí un relato
no ficticio. En realidad, comencé pensando que era
esto lo que iba a hacer. Pero mientras me iba
implicando más en la investigación, me di cuenta de
que estaba más interesada en los personajes que en
un informe. Y las novelas tratan sobre personajes.
Decidí que contar una historia de ficción sería
incluso más impactante que un simple informe de los
hechos.
¿Hasta qué punto ha contribuido
su novela y después la adaptación fílmica a
concienciar sobre temas como la opresión
dictatorial o la violencia contra las mujeres?
Aquí hay un ejemplo:
cada año, en Chicago, la ciudad elige un libro para
que toda la comunidad lo lea. El programa se llama
‘UN LIBRO, UN CHICAGO’ (‘ONE BOOK, ONE CHICAGO’).
Para el otoño 2004, eligieron En el Tiempo de
las Mariposas. Se puede visitar en la página
web de la Biblioteca Pública de Chicago:
http://www.chipublib.org/003cpl/oboc/butterfly/butterfly.html.
Alrededor de toda la ciudad de Chicago, en
bibliotecas, colegios y tiendas de libros, los
lectores discutían temas planteados en la novela.
Oportunidades como ésta contribuyen a descubrir más
cosas sobre las hermanas Mirabal, sobre la historia
de República Dominicana y para tratar temas como la
identidad, la resistencia política, la violencia y
la libertad. Si bien esta novela está basada en la
historia de República Dominicana, esa historia de
dictaduras, represión, estados policiales, se ha
repetido en toda América en el último siglo. Muchos
de estos países han tenido sus propias hermanas
Mirabal y han sufrido sus propias luchas
sangrientas, en las cuales murieron personas
valientes. Muchos de estos países, incluida
República Dominicana, todavía se están recuperando
de su pasado opresivo.
Con mucha frecuencia, el papel de
heroínas o de mujeres que han participado en
movimientos de liberación, la resistencia o la
guerra ha sido invisibilizado en la historia de
sus países. ¿Qué opina al respecto?
Tantas mujeres han
sido heroínas invisibles de muchas luchas por la
libertad y la justicia. En República Dominicana, por
ejemplo, tenemos el caso de Salomé Ureña, que fue la
poeta que inspiró la nueva visión de la emergente
nación de República Dominicana. Los jóvenes
fundadores de la República se inspiraron en su
poesía. La propia Salomé Ureña dejó de escribir para
abrir la primera escuela para mujeres del país.
¡Nuestra libertad y nuestra historia se deben a
tantas mujeres invisibles! Incluso mujeres que no
estaban involucradas en política propiamente dicha
eran las madres y hermanas de los futuros políticos,
conformando su visión, participando entre bastidores
en sus luchas. De forma anónima, ellas hicieron un
papel importante. Ahora, nuestras mujeres lideresas
tienden a estar más en la opinión pública. Pero
entonces, ese liderazgo era, como muchos movimientos
de liberación, “clandestino”, pero, no obstante,
extremadamente importante y, en última instancia,
liberador.
¿Era un compromiso personal, como
dominicana, hacer pública la historia de las
hermanas Mirabal?
Para mí, el narrador
cuenta una historia que es para todos nosotros y
sobre todos nosotros, no sólo para dominicanos,
latinos, mujeres... Es mágico cuando te metes en un
libro y te conviertes en otra persona. Mi trabajo es
contar historias que yo puedo contar por la
combinación específica de mi historia, pasado,
habilidades... Pero hay otras tantas historias ahí
fuera, y es importante dejarles ser escuchadas. Los
regímenes represivos sólo quieren “una historia
oficial”. Estos regímenes son conscientes de que una
historia es una herramienta poderosa. Es una forma
de comunicar verdades que no deben morir ni ser
olvidadas por la humanidad. Predicando, las
polémicas no pueden sustentar estos valores de la
misma manera inolvidable; las historias penetran en
nuestra imaginación y cambian levemente la manera en
la que vemos el mundo. Ese es un inmenso poder y una
responsabilidad para el escritor. Yo elijo las
historias que estimulan mi alma y mi imaginación.
Mis raíces son dominicanas, y muchas de mis
historias emanan de mis raíces, desde muy dentro de
mí. La historia de las hermanas Mirabal fue,
definitivamente, una semilla plantada muy hondamente
en mi interior que floreció, años después, en la
novela En el Tiempo de las Mariposas.
El trujillato como trauma
histórico Y trama literaria
El trujillato, como se denomina el período de
treinta y un años de dictadura de Rafael Leonidas
Trujillo en la República Dominicana, se ha
convertido, para una gran parte de los dominicanos y
las dominicanas, en un trauma histórico a causa del
terror, las torturas, los asesinatos y la represión
generalizada de la población civil a manos del
Servivio de Inteligencia Militar (SIM).1 La
narrativa dominicana de la segunda mitad de este
siglo repite incesantemente este trauma histórico. Y
lo hace a través de dos tipos de aproximaciones:
una, lo que en Latinoamérica se ha llamado la Novela
del Dictador; y otra, aquellas novelas en las cuales
Trujillo o el trujillato son tratados
tangencialmente.2
En su artículo "¿Cómo narrar el trujillato?", Neil
Larsen plantea la imposibilidad por parte de los
escritores dominicanos de ofrecerle al trujillato
una "forma adecuada" como materia narrativa. Según
Larsen, en la literatura dominicana no existe un
"definitivo y bien desarrollado relato narrativo y
artístico de la época de Trujillo" (90). A pesar de
reconocer la recurrencia de este tema en la
literatura dominicana a partir de 1961, Larsen
plantea el problema equivocadamente. La
representación de la totalidad de una época, o
"dimensión integral", como Larsen mismo la llama, es
imposible. Es en ese sentido que Pierre Macherey
expresa que lo que el artista o el escritor
"refleja" es un "miroir brisé" (espejo roto), los
fragmentos de un período histórico:
Il est bien engagé [l´écrivain] dans le mouvement de
son époque, mais engagé de façon telle qu´il ne peut
nous en donner une vue complète. Il ne le peut: s´il
le
faisait, il ne serait plus un écrivain, mais se
définirait par une nouveau rapport au savoir et a
l´histoire. L´écrivain n´est pas là pour dégager la
structure complète d´un époque: il doit nous en
donner
une image, un aperçu privilégié, qui, en droit,
n´est
pas remplaçable par un autre. (134, itálicas en el
original)
Como sugiere Macherey, si la intención por parte del
escritor fuera la de representar la totalidad de un
período histórico, entonces ya no sería escritor de
ficción sino historiador o sociólogo. De manera tal,
que no existen cosas como unas "formas adecuadas" o
un "definitivo y bien desarrollado retrato
artístico" del trujillato. Lo que los escritores
dominicanos nos ofrecen de este período histórico es
una "imagen" fragmentada o un aperçu privilégié de
la realidad: un breve retrato del dictador, una
situación política determinada, un asesinato, el
sufrimiento, el hambre o el terror, en definitiva,
el trauma histórico del trujillato como trama
literaria.
La narrativa del trujillato ha sido por lo general
un arte machista. Tradicionalmente han sido los
escritores -no las escritoras- quienes se han dado a
la tarea de narrar desde una visión masculina los
avatares de la dictadura trujillista. En dichas
narraciones, se encuentra elaborada una cierta épica
a través de la cual los escritores magnifican una
gesta que en la mayoría de los casos sólo se llevó a
cabo en su imaginario narrativo. Además, Trujillo,
como superpatriarca, simbolizaba una castración para
los individuos de su mismo sexo. Pero a pesar de
esto, Trujillo era el padre que los dominicanos
debían matar, como muy bien señala Cruz-Malavé en su
artículo "La historia y el bolero en Sólo cenizas
hallarás" (66-67). La actitud de estos escritores es
ambivalente: por un lado, odian a ese padre severo y
castrante, pero por otro lado, tampoco pueden
escapar a la fascinación fantasmagórica que ese
patriarca todavía ejerce, entre una gran parte de
los dominicanos, a casi cuarenta años del
parricidio.3
¿Cómo se inserta, desde esta perspectiva, la novela
En el tiempo de las mariposas de Julia Alvarez?
Bueno, primero habría que decir que es la primera
vez que una escritora dominicana aborda este tema
con el aliento y la extensión del caso en cuestión.
Segundo, Julia Alvarez sustituye la epicidad
masculina, a la que me refería anteriormente, por
una genealogía femenina, con el propósito de
rescatar las voces de aquellas mujeres que
padecieron bajo el régimen patriarcal y que tambiém
lucharon contra la opresión social. En lo
subsiguiente, trataré de explorar las imágenes a
través de las cuales Julia Alvarez reescribe la
historia, socavando la narrativa maestra masculina
del trujillato, que representa el cuerpo femenino
sojuzgado por el tirano como alegoría de la nación
dominicana.
Trujillo como superpatriarca
En su novela En el tiempo de las mariposas, Julia
Alvarez narra la vida de la familia Mirabal durante
la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo.4 Patria,
Minerva y Teresa, tres de las hermanas Mirabal,
asumen un compromiso político para tratar de
derrocar el régimen dictatorial.5 Las hermanas son
acosadas, perseguidas por los esbirros trujillistas
y, finalmente, encarceladas junto con otros tantos
opositores a la dictadura. La familia Mirabal sufre
en carne viva la desgracia de las tres hermanas a
causa del acoso y las represalias por parte del
Servivio de Inteligencia. La novela llega a su
climax con el asesinato de las tres hermanas
Mirabal, ocurrido el 25 de noviembre de 1960,
faltando sólo unos meses para el derrocamiento de
Trujillo.
El asesinato de las hermanas Mirabal, en el contexto
de la dictadura de Trujillo como trauma histórico,
constituye una trama ideal para una novela
feminista. Y esto así porque Trujillo constituye la
máxima expresión del patriarcado. Si don Enrique, el
padre de las Mirabal, representa al típico macho que
tiene una familia paralela con cuatro hijas, como si
fuera un simulacra de las hermanas Mirabal, Trujillo
representa el superpatriarca por excelencia. El
patriarcado se reproduce en todos los niveles y
jerarquías de la sociedad dominicana. El lema de
Trujillo, "Dios y Trujillo", define ya muy
claramente estas jerarquías. Además, Trujillo era el
"Padre de la Patria Nueva", el "Benefactor de la
Patria", "Primer Maestro" y otros tantos títulos
rimbombantes que evidencian la megalomanía y el
primado de este superpatriarca.6 Pero a pesar de la
importancia que tiene Trujillo en la discusión
acerca del patriarcado, como personaje, éste se
encuentra relegado a un segundo plano con respecto a
las Hermanas Mirabal.
Minerva Mirabal, quien ocupa el papel protagónico,
por ser la más comprometida políticamente, al
principio establece con Trujillo una relación
ambivalente, que luego se define como odio atroz, en
la medida en que ésta adquiere más conciencia
política. El romance entre Trujillo y Lina Lovatón,
una de las compañeras de Minerva en el internado del
colegio, y que luego sería la amante de Trujillo,
actúa como modelizador de las relaciones con la
figura paterna. La relación padre/hija entre
Trujillo y Lina se pone de manifiesto por la obvia
diferencia de edad y por el carácter infantil de
Lina: "Lo que más le gustaba [a Trujillo] era que
ella jugara con las medallas sobre su pecho, que las
sacara y las volviera a poner" (35). Pero el odio de
Minerva por Trujillo se manifiesta abiertamente
cuando ésta, ya adulta, se ve obligada a ir a una
fiesta en honor al Jefe. Minerva recuerda la fama de
Trujillo: "Hemos oído las historias. Jóvenes
drogadas, luego violadas por El Jefe" (102).
En la fiesta, Minerva abofetea a Trujillo por
propasarse con ella. Minerva repite un gesto
alegórico presente en la fundación de la nación
dominicana: el de Mencía, la esposa de Enriquillo,
que rechaza a Valenzuela, el conquistador español. O
también como la leyenda de la mujer dominicana que
abofetea a un soldado haitiano durante la ocupación
de 1821 a 1844. Doris Sommer ha señalado en algunas
de las novelas dominicanas maestras el uso del
cuerpo femenino como alegoría de la nación
dominicana frente al usurpador extranjero, sobre
todo en la novela Enriquillo de Manuel de Jesús
Galván.7 En la novela de Alvarez, se puede inferir
que es el odio contra la figura patriarcal de
Trujillo lo que lleva a Minerva a politizar -y no a
prostituir- su cuerpo. Del esencialismo que condena
el cuerpo de Minerva a una alegoría nacional, Julia
Alvarez insiste en devolverle a Minerva y las demás
hermanas un cuerpo político.
De la
alegoría nacional al cuerpo/escritura política de
las Mirabal
Julia Alvarez reescribe el cuerpo de las hermanas
Mirabal, un cuerpo hecho de mitos y leyendas, un
cuerpo sacralizado por la cultura patriarcal.8 La
escritora se propone, entre otras cosas,
desacralizar a dichas hermanas y encontrar a "las
Mirabal de mi creación, inventadas pero, espero,
fieles al espíritu de las verdaderas hermanas" (316)
para devolverles el carácter de sujetos históricos.
Julia Alvarez, además de inscribirse ella misma,
logra restituir el cuerpo político escamoteado por
la leyenda y el mito.
En la novela de Julia Alvarez, el cuerpo de las
Mirabal puede ser considerado como lo que Fredric
Jameson ha denominado "alegoría de la nación". Pero
Alvarez va más allá de esta noción al tratar de
devolverles a las Mirabal el estatus de sujetos
históricos. La noción de "alegoría nacional"
planteada por Fredric Jameson, aunque interesante,
es problemática. En su artículo, Jameson expresa
que:
All third-world texts are necessarily, I want to
argue,
allegorical, and in a very specific way: they are to
be
read as what I will call national allegories, even
when, or perhaps I should say, particularly when
their
forms develop out of predominantly western
machineries
of representation, such as the novel . . .
Third-world
texts, even those which are seemingly private and
invested with a properly libidinal dynamic
-necessarily
project a political dimension in the form of
national
allegory: the story of the private individual
destiny
is always an allegory of the embattled situation of
the public third-world culture and society. (69,
énfasis en el original)
En su artículo "Jameson´s Rhetoric of Otherness and
the ´National Allegory´", Aijaz Ahmad le refuta a
Jameson la noción de "Tercer Mundo". Para Ahmad,
"There is no such thing as a ´Third World
Literature´ which can be constructed as an
internally coherent object of theoretical knowledge"
(77). Además, el planteamiento de que "todos" los
textos producidos en dichos países son "necesariamente"
alegóricos constituye una falsa premisa que tiene
como resultado una conclusión no menos falsa. De
donde se desprende que los textos que no sean
alegóricos, aunque hayan sido producidos en dichos
países, entonces no pertenecen a estos países.9
Tanto Ahmad como Sommer coinciden en que la noción
de alegoría debe ser reformulada a partir de otros
fundamentos epistemológicos. Para Ahmad, el proceso
de alegorización no debe tomarse en el sentido
nacionalista sino en el de la relación entre lo
privado y lo público, y entre lo personal y lo
colectivo (82). Por su parte, Sommer considera la
alegoría como una estructura narrativa en la cual
los dos sistemas de significación se encuentran
entrelazados (Foundational Fictions 42).
Es en ese sentido que la novela de Alvarez propone
una alegoría política de la República Dominicana
durante la dictadura de Trujillo. El cuerpo de las
Mirabal se convierte en texto político gracias a la
inscripción de lo público en lo privado y de lo
político en lo poético. Y esta es una de las
diferencias fundamentales cuanto a la representación
de una época. A diferencia de los textos de historia
o de análisis socio-políticos, la novela de Alvarez
inserta la política y la historia en la vida privada
de la familia Mirabal.
La dimensión alegórica del cuerpo de las Mirabal
como cuerpo político se manifiesta en diferentes
momentos de la novela. En el capítulo Dos, Minerva
Mirabal, la mayor de las tres hermanas asesinadas,
adquiere su conciencia política durante su internado
en el colegio Inmaculada Concepción a través de
Sinita Perozo, quien se convertiría en su mejor
amiga, y quien se encarga de contarle el secreto de
Trujillo. El secreto consiste en que Trujillo es el
responsable de todos los crímenes políticos
cometidos en el país. Esa misma noche, Minerva tiene
su primera menstruación. De esa manera, el acceso a
la conciencia política coincide con la
transformación de su cuerpo. La sangre de la
menstruación de Minerva queda vinculada no sólo con
la violación sino también con la violencia como
crítica feminista al patriarcado trujillista.
La menstruación de las mujeres encarceladas es
también una menstruación política en tanto alegoría
de la situación política del movimiento clandestino.
En la prisión en que se encuentran recluídas las
tres hermanas, "casi todas (las prisioneras) han
dejado de menstruar" (237), es decir, que la
actividad política de las miembros del movimiento ha
cesado a causa del encarcelamiento. Luego, en la
visita a la ginecóloga, Minerva convierte su cuerpo
en una alegoría de la situación política:
-Vinimos por nuestra menstruación- empecé a decir,
mirando la pared para detectar el micrófono. De
todos
modos, el SIM se enteró de todos nuestros problemas
femeninos. Delia se tranquilizó, pensando que ésa
era
la verdadera razón de nuestra visita. Hasta que
pregunté, en forma nada metafórica:
-¿Habrá quedado alguna actividad en nuestras viejas
células?
Delia me fijó con la mirada. -Las células de tu
organismo se han atrofiado, y están todas muertas-
respondió.
Debo de haber parecido muy apenada, porque Delia se
ablandó.
-Quedan unas pocas vivas, claro. Pero lo más
importante es que están surgiendo otras nuevas.
Deben
dar un descanso a su cuerpo. Verán que la actividad
menstrual vuelve a comenzar el año próximo. (265)
Obviamente, las "células" y el "organismo" a los
cuales se refiere la ginecóloga son los cuadros del
movimiento clandestino Catorce de Junio fundado por
Minerva. Pero el cuerpo de Minerva no permanece como
alegoría. Como sujeto histórico, Minerva no sólo
funda el movimiento sino que también coordina y
participa activamente en el mismo con el objetivo de
derrocar a Trujillo. En el Catorce de Junio
participaban también sus dos hermanas, patria y
Teresa, y su esposo, Manolo Tavares Justo.10
El doble y la
inscripción de la voz
Como sugiere Jaume Martí-Olivella con respecto a
Rodoreda, Julia Alvarez postula "una doble
articulación que contiene al mismo tiempo lo
simbólico o masculino y lo semiótico o femenino"
(162). Por un lado, reproduce las alegorías de las
narrativas maestras masculinas del trujillato, y por
otro lado, las socava al inscribir las voces de las
Mirabal en la política del período histórico en
cuestión. Esta "doble articulación" se manifiesta en
la estructura narrativa de la novela, a través de la
"gringa entrevistadora" como un "doble
esquizofrénico" de Julia Alvarez.
Según Gilbert y Gubar, esta "esquizofrenia de la
autoría" fue un recurso muy corriente en las novelas
escritas por mujeres en el siglo XIX. Continúan las
autoras explicando que:
Por lo general la doble de la autora [es], en cierto
sentido, una imagen de su ansiedad y su rabia. De
hecho, gran parte de la poesía y de la novela
escrita
por mujeres evoca a esta criatura loca para que las
autoras puedan afrontar su sentimiento de
fragmentación
propio y único de las mujeres, su propia conciencia
de
las discrepancias que existen entre lo que son y lo
que
deberían ser. (Moi 70, énfasis en el original)
A diferencia de las novelas a las que se refieren
Gilbert y Gubar, en la de Julia Alvarez no aparece
ninguna loca. Pero la "gringa dominicana" como doble
de Julia Alvarez, le permite a esta última articular
los problemas de "ansiedad" y "fragmentación"
causados por la esquizofrenia cultural del exilio.
El primer capítulo de la novela abre con la llegada
de la entrevistadora al museo de las tres heroínas
para entrevistar a Dedé, la hermana sobreviviente:
¡Jamás una gringa dominicana en un auto alquilado,
con
un mapa de carreteras, preguntando los nombres de
las
calles! Dedé había recibido la llamada en el pequeño
museo esa mañana.
¿Podía ir a hablar con Dedé acerca de las hermanas
Mirabal?
Ella es de aquí, originariamente, pero ha
vivido muchos años en los Estados Unidos, por lo
que,
lamentablemente, no habla muy bien el español. (17)
Desde estos dos primeros párrafos se manifiesta la
ambivalencia acerca de la entrevistadora. Por un
lado se le denomina como "gringa dominicana" pero
por otro lado, se afirma que "es de aquí" para
después agregar "originariamente". También, el hecho
de que no hablar bien el español se presenta como la
conclusión, falsa, por supuesto, de un premisa
igualmente falsa, ya que muchos latinos crecidos en
los Estados Unidos hablan "bien" el español.
El calificativo de "gringa dominicana" como doble
sitúa a Julia Alvarez como híbrido cultural, desde
donde parte la narración. Parafraseando un poco a
Homi Bhabha, Julia Alvarez, como híbrido "gringa
dominicana", participa de la ambivalencia de no ser
"ni gringa ni dominicana" pero también "gringa y
dominicana" a la vez (Bhabha 10). Julia Alvarez se
encuentra exiliada no sólo de la cultura dominicana
sino también del lenguaje patriarcal porque al igual
que su doble, "No habla muy bien el español" (17).
Si se toma en cuenta que la novela fue publicada
originalmente en inglés y en el contexto de la
cultura norteamericana, es precisamente esta
hibridez lo que le permite a Julia Alvarez romper
con una tradición masculina del trujillato y
reescribir este período de la historia dominicana.
De hecho, se podría considerar que Julia Alvarez es
la primera escritora que aborda este tema con el
desenfado y la libertad en cuestión.
Para Julia Alvarez, Dedé Mirabal, la única
sobreviviente de las hermanas Mirabal, se convierte
en una narradora testimonial importante como fuente
de las "pequeñas historias" familiares que no
aparecen ni en tratados ni libros de historia. Sólo
al final de la novela nos enteramos de que a Dedé le
han amputado un seno. La imagen del seno amputado es
crucial para comprender la gestación de esta novela.
Dedé vive la muerte de sus tres hermanas, Patria,
Minerva y Teresa, como una "amputación". La
"ausencia del seno" no sólo simboliza la ausencia de
las hermanas sino también la suya propia: "Y ahora
pienso que falta algo. Y los vuelvo a contar (a
todos) antes de darme cuenta: soy yo, Dedé, la que
sobrevivió para narrar la historia" (314).
El seno amputado hace que Dedé, en vez de decir "yo
soy", se defina ella misma como carencia/ausencia
cuando sugiere: "yo soy la que falta". Pero también
"falta" Julia Alvarez, como "hermanita" de las
Mirabal, "amputada" de la familia y de cultura
dominicana a la edad de diez años cuando sus padres
tuvieron que exiliarse en los Estados Unidos,
faltando sólo tres meses para el asesinato de las
Mirabal. Como niña de diez años, en un medio
cultural extraño (otra cultura, otra lengua), la
autora reescribe el trauma de la amputación, de la
ausencia y del patriarcado trujillista como trama
literaria. Devolviéndole su infancia a las Mirabal,
Julia Alvarez se devuelve, en esta especie de
simulacro, su propia infancia amputada. El "seno
ausente" es, en cierta forma, una imagen de la
"dominicana ausente", tal y como se les denomina a
los dominicanos que viven en el extranjero.
Las hermanas
Mirabal muertas/ausentes pasan a habitar entonces lo
fantasmagórico en el Imaginario de Dedé:
Por lo general, de noche, las oigo cuando me voy
quedando dormida.
A veces estoy en el borde mismo de la inconciencia,
esperando, como si su llegada fuera la señal para
poder dormirme.
El crujido de los pisos de madera, el rumor del
viento en el jazmín,
la profunda fragancia de la tierra, el canto de un
gallo insomne.
Sus suaves pasos de espíritu, tan indefinidos que
podría confundirlos con mi propia respiración.
(313-14)
La voz del imaginario fantasmagórico de Dedé es lo
que posibilita la narración de esas "pequeñas
noticias" de lo privado a través de las cuales se
construye la ficción. Julia Alvarez parece
insertarse en el espacio de la amputación del seno
de Dedé, y escribir desde allí el texto novelístico
como suplemento materno, en sentido derrideano, es
decir, como "ausencia que está siempre presente y
que condiciona todos los procesos narrativos"
(Martí-Olivella 160).
La novela
de Alvarez y el realismo trujillista en la República
Dominicana
La inserción de Julia Alvarez en el espacio del seno
amputado tiene su paralelo en la inscripción de esta
escritora en la narrativa nacional dominicana.
Alvarez no sólo hace una "doble" lectura del
trujillato sino que también pretende utilizar el
mismo realismo literario usado por la narrativa del
trujillato. A diferencia de la escritora francesa
Hélène Cixous, que plantea la preminencia de lo
Imaginario sobre lo Simbólico, Julia Alvarez parece
prestigiar el arte realista decimonónico en su
escritura.
El arte masculino del trujillato es un arte realista
por excelencia. La afición por el realismo entre los
escritores y lectores dominicanos se pone en
evidencia en las múltiples obras escritas sobre el
trujillato. Julia Alvarez se apropia del realismo
para decantar el trujillato, intento que se puede
considerar como un arrebato del coto cerrado de los
escritores dominicanos. Para la construccióm de este
realismo se vale del testimonio de Dedé, la hermana
sobreviviente, así como de otras fuentes en sus
diferentes viajes a Santo Domingo. La entrevistadora
"gringa dominicana", como doble de Julia Alvarez, se
apropia de la voz de Dedé para intentar inscribir la
novela en lo que Moi denomina el Signo de la Voz, es
decir, aquella novela en la que "La mujer que habla
es enteramente su voz", la novela en la que "La
mujer . . . está presente total y físicamente en su
voz -y su obra escrita no es más que una extensión
del acto de hablar, reflejo de su propia identidad
(Moi 123). Es por lo que Alvarez comparte con Dedé
no sólo la ansiedad por la ausencia de las hermanas
sino también la rabia del crimen perpetrado por el
dictador. Julia Alvarez también se pregunta, en la
"Postdata" de la novela, de dónde habían sacado las
hermanas Mirabal ese coraje, remedando un poco a
Minerva, que se pregunta lo mismo con respecto a su
madre.
Alvarez no sólo aprovecha la tradición realista en
la literatura dominicana del trujillato para
intentar insertarse en su formación discursiva sino
que también, dentro de la tradición feminista,
parece seguir a Elaine Showalter para quien el
realismo lukacsiano es el más adecuado para la
representación no sólo de la Historia sino también
de la mujer en su dimensión privada/pública (Moi
18). Es en este sentido que Lukács considera que el
realismo logra "representar la vida humana en su
contexto social, revelando así la verdad fundamental
de la Historia: la evolución positiva e
ininterrumpida de la humanidad" (Moi 18).
Para un arte machista como lo es la narración del
trujillato, la aparición de una intrusa resulta algo
inadmisible. Cuando se publica la novela de Alvarez,
ya existían dos libros sobre las hermanas Mirabal
escritos por hombres.11 La novela de Alvarez provocó
un año después la publicación del libro Tres
heroínas y un tirano: La historia verídica de las
Hermanas Mirabal y su asesinato por Rafael Leonidas
Trujillo de Miguel Aquino García. Este libro, como
el de Alvarez, también esta dedicado a Dedé Mirabal.
Según Aquino-García, el propósito de su libro
consiste en:
recoger la esencia de los hechos verídicos que
dieron
forma a esta extraordinaria historia, a este
inigualable ejemplo de patriotismo de las hermanas
Mirabal Reyes. Esto así porque la excepcionalidad de
esta increíble historia ha sido fuente de mitos,
leyendas y ficciones que han venido a llenar el
vacío
provocado por la falta de una fuente de información
fidedigna de los hechos tal como en verdad
acontecieron. (x, el énfasis es mío)
La insistencia en las palabras hechos, verdad,
fidedigna pone de manifiesto la intención del autor
por reestablecer una "verdad" o esencia que él
considera escamoteada por la ficción de la novela de
Alvarez. Para lograr sus objetivos, Aquino recurre a
la biografía, a la Historia e incluye una gran
cantidad de fotos que den fe de los "hechos". Para
el autor, existe una esencia de la historia que no
se puede hallar en la ficción, el mito y la leyenda,
ya que estos, al compartir la misma jerarquía, se
oponen a la verdad. Aquino, que, al igual que
Alvarez, vive en el exilio de los Estados Unidos,
recorre la vía contraria al escribir en español y
traducir al inglés su libro. Aunque los géneros
literarios (novela o biografía) y las estrategias
difieran, el objetivo es el mismo: la inserción en
la formación discursiva dominicana desde el
exilio.12
Conclusión
En su novela En el tiempo de las mariposas, Julia
Alvarez logra reescribir un período de la historia
dominicana anulando la epicidad masculina y
sustituyéndola por una genealogía femenina. El caso
de las hermanas Mirabal, como un ejemplo del
compromiso político y la participación de la mujer
en la lucha contra la dictadura, es aprovechado
plenamente por esta escritora para denunciar la
explotación de la mujer bajo un regimen patriarcal,
y restituirle su estatuto de sujeto histórico.
La condición de hibrido cultural le permite a Julia
Alvarez, en inglés y desde su exilio en los Estados
Unidos, una "doble articulación" como forma de
insertarse en la formación discursiva y la cultura
dominicanas. Dicho intento, fallido de alguna forma,
de acuerdo con algunos escritores dominicanos, se
manifiesta en la publicación de tres libros más
sobre las hermanas Mirabal escritos por hombres, y
en el rechazo por parte de ciertos lectores de la
intrusión de la voz femenina, de la ruptura de la
división entre lo privado y lo público, y por tanto,
la representación de la sexualidad femenina,
escamoteada por la sacralización del cuerpo de las
tres hermanas Mirabal en la leyenda y el mito de la
cultura patriarcal. Además, no existe en la
República Dominicana la tradición de un movimiento
feminista como el que existe en los Estados Unidos,
que avale una obra de esta naturaleza.13 La
narración del trujillato constituyó durante mucho
tiempo un coto cerrado para los escritores
dominicanos, y la aparición de una escritora,
"gringa-dominicana", plantea una seria amenaza no
sólo para la masculinidad del arte trujillista sino
también para la narrativa maestra nacional.
Notas
Quiero agradecerle a mi colega Jaume Martí-Olivella
sus comentarios y sugerencias acerca de este
manuscrito. Una versión de este ensayo fue leída en
el XXI Annual Colloquium on Modern Literature and
Film, celebrado en West Virginia University,
Morgantown, en octubre de 1996.
1 Friedrich W. Doucet define la noción de trauma
como "lesiones anímicas". En ese sentido, traumático
se refiere a las "perturbaciones originadas a causa
de una lesión anímica" (213). Una de las
características de la lesión traumática es que deja
huellas para toda la vida y se repite
inesperadamente a través de diferentes instancias.
De la misma manera, Kaja Silverman plantea que el
trauma puede ser entendido como "la ruptura de un
orden que aspira a la clausura y al equilibrio
sistemático a través de una fuerza dirigida contra
la disrupción y la desintegración" (116, la
traducción es mía). Como consecuencia del trauma
histórico del trujillato, el siquiatra dominicano
Antonio Zaglul ha señalado un cierto perfil
paranoide en el comportamiento de los dominicanos
como producto del acecho, la persecución, los
asesinatos y el espionaje a que fueron sometidos
durante los treinta y un años de la dictadura
trujillista (27-30). La presencia en el poder del
neotrujillista Joaquín Balaguer, durante los
períodos de 1966-1978 y 1986-1996, ha mantenido vivo
el trauma histórico del trujillato como la sal en la
herida.
2 Entre las novelas del dictador en la República
Dominicana se encuentran las de Andrés Requena,
Camino de fuego (1941) y Cementerio sin cruces
(1949). Marcio Veloz Maggiolo publicó La biografía
difusa de Sombra Castañeda (1980). Entre los autores
que han tratado tangencialmente el tema de la
dictadura trujillista se encuentran el mismo Marcio
Veloz Maggiolo en Ritos de cabaret, Pedro Vergés en
Sólo cenizas hallarás (Bolero), y Manuel Salvador
Gautier en Toda la vida.
3 Una ojeada a la bibliografía dominicana
contemporánea evidencia el vivo interés que aún
despierta todo lo que se escribe sobre Trujillo, ya
sea historia, sociología, biografía, memorias o
novela. En otras palabras, se escribe sobre el
trujillato porque el público lo demanda y el público
lo demanda porque le fascina ese trauma necesario.
4 A partir de este momento sólo citaré el número de
página de la edición en español de En el tiempo de
las mariposas de Julia Alvarez.
5 Resultan paradójico, en el contexto de la cultura
patriarcal, los nombres de por lo menos dos de las
tres hermanas Mirabal. Especialmente el de Patria,
que significa "tierra del padre". También,
simbólicamente, el nombre de Minerva, la más
comprometida políticamente, remite a la Diosa
grecorromana de la sabiduría.
6 Continuando con la paradoja de la nota anterior,
el título "Padre de la Patria", alude simbólicamente
a Trujillo como el padre de Patria Mirabal. Dicho
título resulta en una redundancia ya que, como
expresé anteriormente, la palabra "patria" significa
"tierra del padre". Sin embargo, es interesante
hacer notar que con este título, Trujillo vendría a
ser "el padre de la tierra del padre", es decir, el
Superpatriarca.
7 La novela de Julia Alvarez remite a un cierto tipo
de ideología populista de algunas novelas
dominicanas, planteada por Doris Sommer, en la cual,
la esposa representa la tierra y el usurpador o
adúltero al invasor o al dictador: "This brings us
to the role of Ursurper or adulterer, played by the
imperialist, the ´oligarchy´ or other unpopular
local ruler, who exploits the Woman selfishly" (One
Master for Another 11). En la novela Enriquillo, el
invasor español es representado como un usurpador o
un adúltero. Es también el caso del invasor haitiano
abofeteado por la "dama" dominicana en la leyenda
histórica. Trujillo vendría a ser el dictador infame
que subyuga a la mujer. Pero la novela de Julia
Alvarez se aparta de este tipo de novela porque las
hermanas Mirabal no constituyen el tipo de mujer
"inerte o caótica" que espera la "fecunda o
civilizante intervención del Hombre (11, la
traducción es mía).
8 A pesar de que fueron tres las hermanas
asesinadas, siempre se habla de ellas como las
Hermanas Mirabal, como si fueran una sola persona.
Es por lo que me refiero a "el cuerpo de las
hermanas Mirabal".
9 Doris Sommer expresa que "Jameson both affirms too
much by it (since clearly some ´third-world´ texts
are not ´national allegories´) and too little (since
´national allegories´ are still written in the First
World, by say Pynchon and Grass among others)"
(Foundational Fictions 42). Si queremos extender el
juego entimemático, se podría decir que En el tiempo
de las mariposas es una novela escrita por una mujer
a horcajadas entre Dos Mundos.
10 Aquí la novela remite a la mujer como imagen de
la tierra, no es casual que el seudónimo guerrillero
de Manolo Tavares Justo en las guerrillas de 1963
haya sido precisamente Enriquillo, como
representante del poder legítimo del esposo sobre la
mujer, que el tirano quería arrebatarle.
11 Los dos libros anteriores son las biografías
Minerva Mirabal de William Galván, y Las Mirabal de
Ramón Alberto Ferreras. También el "Poeta Nacional"
Pedro Mir habla de las Mirabal en su poema "Amén de
mariposas", de donde toma Alvarez parte del título
para su novela. Es significativo y paradójico a la
vez que Julia Alvarez, al incluir a estos tres
autores en sus agradecimientos, recurra a la
"autoridad" de estos tres "autores" patriarcales.
Tal vez esto pueda ser explicado a través de la
"doble articulación" entre lo masculino y lo
femenino a la cual se abscribe la autora.
12 A la ceremonia de puesta en circulación del libro
de Aquino García, celebrada en Santo Domingo, acudió
el actual Vice Presidente de la República
Dominicana, el Dr. Jaime David Fernández Mirabal,
hijo de Dedé Mirabal, la hermana sobreviviente.
Paradójicamente, el Partido de la Liberación
Dominicana (PLD), partido político que llevó a
Fernández Mirabal a la Vice presidencia, ganó en una
coalisión con Joaquín Balaguer, quien fungía como
Presidente del país, durante la dictadura de
Trujillo, el año en que fueron asesinadas las tres
hermanas Mirabal.
13 En los Estados Unidos, la novela de Alvarez, que
recibió el premio Notable Book of the Year en 1995,
ha tenido una amplia aceptación por parte de los
lectores. La primera edición en español la publicó
la editorial Atlántida en Argentina.
Concomitantemente, en Santo Domingo, la editora
Taller publicó una versión dominicana de la novela,
depurada de argentinismos.
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Atanay.com.-Conferencia de Ángel
Garrido dictada en la sede de la Organización Panamericana de la
Salud (OPS) en Washington, DC, y auspiciada por COPODO en
conmemoración del cuadragésimo cuarto aniversario del asesinato de
las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal.
Washington, D.C. (www.Atanay.com) En
el curso de mi vida he reflexionado en innúmeras ocasiones acerca
del significado patrio --y humano en general-- del ingente
sacrificio puesto por obra en mi país por las hermanas Patria,
Minerva y María Teresa Mirabal: “Mi madre no fue la guerrillera
obstinada que aparece en la película. Mi madre diseñó y cultivó el
jardín de nuestra casa. Mi madre confeccionaba ropita y zapatitos de
niños para nosotros”, le he oído decir de Minerva Mirabal a su hija
Minou Tavárez.
Con las primeras luces del alba de
aquel fatídico 25 de noviembre de 1960 las tres hermanas Mirabal se
despedían de sus hijitos y demás familiares en el jardín diseñado
por Minerva. Al volante del vehículo todoterreno que las llevaría
hasta la cárcel de Puerto Plata iba un héroe y mártir dominicano
llamado Rufino de la Cruz. Varias personas de la comunidad habían
evadido el altísimo riesgo que en esa época comportaba conducir el
vehículo en el cual se transportaran las hermanas Mirabal: “Las
muchachas no encontraron quien las acompañara aquel día porque todo
el mundo tenía temor por la tiranía”, había de rememorar muchos años
después Miledys de la Cruz, hija de Rufino, “ellas lo buscaron, y mi
papá no se negó en ningún momento”, le diría Miledys en 1998 a la
cineasta chilena Cecilia Domeyko.
Mata la vergüenza, que no el miedo; y
por vergüenza había consentido Rufino de la Cruz en acompañar a las
hermanas Mirabal a la cárcel de Puerto Plata: “…ellas lo buscaron, y
mi papá no se negó en ningún momento”. Los maridos de Minerva y
María Teresa Mirabal, luchadores contra la tiranía de Rafael L.
Trujillo, habían sido trasladados desde una cárcel próxima a la
capital dominicana hasta la de Puerto Plata, en la costa norte del
país. Es caprichoso el azar, si le asiste razón a Joan Manuel Serrat:
Patria Mirabal había solicitado aquel día el asiento del Land Rover
de cuatro pasajeros que en buena lid le habría correspondido a doña
Fefita, la suegra de María Teresa Mirabal.
La carta que a la familia Mirabal le
había cambiado a última hora el azar apareció envuelta en un
razonamiento exento de toda ponderación: Patria había esgrimido el
argumento inapelable ante la muerte de que hacía mucho tiempo que no
veía a sus cuñados encarcelados. Si de evocar a Descartes se tratara,
tendríamos que admitir que el corazón de Patria Mirabal tenía
razones que la razón no entendía: quería sin duda correrse la misma
suerte de sus hermanas, y si le hubieran fallado las razones del
corazón, tal vez la tendríamos hoy sentada a nuestro lado mientras
charlamos con ustedes acerca de la heroicidad y el martirio de sus
hermanas.
José Ortega y Gasset ha postulado que
en todo hecho humano, además de una razón física matemática, hay
también lo que el filósofo español define como razón narrativa del
hecho humano que nos ocupe. Para entender el hecho humano que
comporta la heroicidad y el martirio de las hermanas Mirabal habría
que narrarlo.
Para intentar esa narración han
organizado COPODO y la OPS la charla que intentamos materializar
esta tarde de domingo. La vida de las tres heroínas y mártires se
desarrolla dentro del marco que delimitan las fuerzas sociales y
polícas que se mueven en el seno de la sociedad dominicana de
mediados del siglo XX, pero el aporte de ellas tres a la lucha por
la libertad de nuestros pueblos trasciende en sentido espiritual el
sacrificio de las hermanas Mirabal de la misma manera que en sentido
material la gran muralla china trasciende a Chin Sin Huang que la
construyó.
Aquel ominoso 25 de noviembre de
1960, en la curva de Marapicada junto al puente en que fueron
detenidas y próximo al cañaveral en que serían a renglón seguido
asesinadas, se jalonó un hito histórico que seis meses después había
de dar al traste con la horrorosa tiranía que durante más de tres
decenios había padecido el pueblo dominicano. Sobre el sicario
Ciriaco de la Rosa había caído la bochornosa responsabilidad de
asignarle un asesino a cada víctima, y el azar –de nuevo caprichoso
tantas veces como ganas le de-- había convertido a Silvio Núñez en
el único testigo invaluntario del crimen más atroz y abominable de
la tiranía trujillista.
Silvio conducía un camión al servicio
del correos dominicano y presenció sin remedio el momento en que
Rufino y las tres héroes restantes eran arrastrados hacia el
cañaveral en el cual se ejecutaría el aberrante crimen. Como los
cuatro mártires habían sido asesinados a garrotazos crueles, los
esbirros del régimen intentaron sin éxito simular un inverosímil
accidente automovilístico que llevaba en su seno la evidencia
incontrastable de su propia imposibilidad: los cuatro mártires
habían sido desnucados a garrotazos fieros y la casualidad no podía
ser tan selectiva como para reservarles a todos el mismo golpe en la
nuca de haber muerto los cuatro de resultas de un accidente
automovilístico.
La burda pretensión de los esbirros
había de ser desenmascarada en el acto por el fiscal Luciano
Ambriorix que desde Santiago vino. La maquinaria apabullante del
terror trujillista le impuso el silencio.
En medio de la lucha con los sicarios
que les habían detenido, Patria Mirabal alcanzó a gritarle al
camionero Sílvio Núñez: “Dígale a la familia Mirabal en Salcedo que
los calieses nos han detenido y que nos van a matar”. (Calié es un
dominicanismo que significa agente secreto y cuyo origen se ha
buscado en el término francés “cahier” que significa cuaderno o
libreta de apuntes: el espía toma nota.)
El hecho de que Sílvio Núñez
recibiera tamaña encomienda de labios de la propia Patria Mirabal ha
llevado a su hijo Leonidas Núñez a sustentar que toda historia de
las hermanas Mirabal estará siempre incompleta sin el testimonio de
su padre. Leonidas tiene razón.
Por desventura, y por previsible
temor genético a la tiranía, no han entendido el compromiso patrio
que tal testimonio echa sobre sus hombros, y no lo han ofrecido
nunca. Cecilia Domeyko, productora de un encomiable documental sobre
la espantosa tragedia dominicana, ha hecho todo lo posible por
obtener el testimonio de Sílvio Núñez. No lo ha logrado, y el país
se corre el altísimo riesgo de que Sílvio se lleve consigo su
testimonio a la tumba.
Sin embargo, el testimonio que sí
aparece con lujo de detalles documentado en la historia reciente del
país dominicano es el papel jugado por Minerva Mirabal y sus
hermanas en la formación del Movimiento Revolucionario 14 de Junio
(1J4) que honró con su nombre la fecha del desembarco guerrillero
del año 1959 contra la tiranía trujillista, y que estremeció con sus
acciones los cimientos de la misma: “Sólo tengo dos enemigos
importantes: la Iglesia (católica, apostólica y romana) y las
hermanas Mirabal”, había dicho un año antes de morir el propio
dictador. Se trataba de un tropo, de una metonimia: Trujillo había
aludido al todo por una de sus partes. Se refería el tirano a la
Iglesia y al 1J4, que ya lideraba Manuel Aurelio Manolo Tavárez
Justo, esposo de Minerva Mirabal.
Era al movimiento revolucionario a
quien temía en verdad el dictador, y desde luego no sería exagerado
en modo alguno decir que Minerva Mirabal, junto a su esposo Manuel
Aurelio, era sin duda el ser que le insuflaba aliento a dicho
movimiento. Y el movimiento 1J4, ya lo hemos dicho, le rendía con su
nombre tributo al importante aunque malogrado desembarco guerrillero
del año 1959, tal y como lo testimonia el himno que popularizara
dicha organización política: Llegaron llenos de patriotismo/
enamorados de un puro ideal/ y con su sangre noble prendieron/ la
llama augusta de la libertad/ Su sacrificio, que Dios bendijo/ la
patria entera glorificará/ como homenaje a los valientes que allí
cayeron por la libertad/ Catorce de Junio, gloriosa gesta nacional/
sus mártires están en el alma poular/ Hermanas Mirabal, heroínas sin
igual/ un grito vibrante es el grito de la Raza Inmortal.
Ahí, señoras y señores, donde mismo
las dejó el himno del 1J4; es decir, prendidas en el alma popular,
ahí están las hermanas Mirabal; y esa circunstancia explica que
nosotros estemos reunidos hoy en este salón de actos de la OPS para
conmemorar un nuevo aniversario de una fecha que ya fue declarada en
una reunión de mujeres latinoamericanas celebrada en Colombia en
1981 como el “Día de la No-Violencia contra la Mujer”. Un día que ha
de adquirir cada vez mayor importancia en el mundo.
Desde luego que los que hemos nacido
y nos hemos criado al calor de una lengua romance, acostumbrados
como estamos a valernos de la antonimia como recurso expresivo,
habríamos preferido un antónimo de violencia para calificar dicho
día. Lo podemos hacer con holgura sin recurrir a la fórmula de
negación no-violencia que nos acerca más a la lengua inglesa que a
la nuestra. Bien podríamos decir: “El Día Internacional de la
Concordia hacia la Mujer”, o “El Día Internacional de la Dulzura
hacia la Mujer”, o “El Día Internacional de la Equidad, de la
Ecuanimidad hacia la Mujer”. Comoquiera se vale, y a las Mirabal se
lo debemos.
Ya ven ustedes cómo se proyecta en el
ámbito internacional el significativo aporte que a la libertad de su
pueblo hicieron estas heroínas de la provincia de Salcedo, en la
región dominicana de El Cibao, quienes en la clandestinidad
antitrujillista eran conocidas por el delicado nombre de Mariposas.
Cuesta creerle al cantautor Sílvio Rodríguez que él no interpreta la
indescriptible nostalgia de Manuel Aurelio Tavárez Justo cuando en
sus versos musicalizados y vocaliz